martes, 29 de julio de 2014

Proverbios: teología a través del refrán (2)

Proverbios: teología a través del refrán (2)
¡Escúchanos!
Prov 1:9- 19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 100
Una vez sentado el propósito teológico del libro, el cual es buscar la sabiduría en el marco del temor a Dios, es decir, saber vivir la vida no como parte del culto, sino como un CULTO a Dios, el autor pasa a emitir su primer desafío. Por la forma paternal con la que inicia, “hijo mío”, parece dar a entender que la primera escuela es la familia, la casa. Que el hogar es escenario para la formación, para la pedagogía crítica, esa que desnuda y denuncia la realidad, que abre los ojos del discernimiento, invitando a vivir sin ingenuidades pero construyendo utopía. Esto es parecido a lo que Brueggemann llamó “la imaginación profética”[1]; esa visión clara de realidades negativas que la política y la economía pueden esconder o enmascarar como algo bueno, cuando en realidad representan un sistema destructivo. El texto, hablando en términos estructurales, tiene la siguiente forma: una introducción y una serie de paralelismos así:
Introducción: escucha hijo mío, vv. 8-9.
a.  Hijo mío, v. 10.
b.  Los pecadores: su mensaje, vv. 11-14.
a’. Hijo mío, vv. 15-16.
b’. Los pecadores: su fin, vv. 17-19.
            En la introducción, según la estructura propuesta, se apela al oído, “escucha hijo mío”. Se insta al hijo a que sea escenario del consejo (la torá) maternal y paternal. Padre y madre están involucrados en el proceso de guía, formación y entrenamiento de su hijo. Saben que sus voces están en competencia con otras, que sus mensajes no son la única opción para el hijo que cumple su mayoría de edad y que sale de casa. Pero también están convencidos que la escucha condiciona y direcciona en tiempos en donde se necesita orientación. La razón que los padres esbozan es que esta instrucción, si el hijo la acepta y la hace suya, le otorgará ornamento y dignidad (Dt 21:18-21). Estas instrucciones entonces son las joyas que los padres regalan al hijo, son el mayor legado. Como dice el dicho “lo mejor que le pueden dejar los padres a los hijos es la educación”. Al hijo que va a salir de casa, no se le da posesiones, sino instrucciones. En estas palabras encontramos un eco del llamado de Dios padre a su hijo Israel, “escucha Israel…” (Dt 6:4).
            La instrucción va dirigida hacia un asunto concreto de la vida: qué hacer con la persuasión de los pecadores (a-a’). El propósito del sabio es el de instruir a los jóvenes en la prevención del engaño que se encuentra en el mundo, y es que, “más vale prevenir que lamentar”. El joven no debe transitar por el camino (derek) de los pecadores, es un camino marcado por la violencia y la muerte (expresada en el eufemismo “derramar sangre”). La fascinación por la violencia, característica de los pecadores en este texto, se puede notar hoy en día. Los medios de comunicación en Colombia por ejemplo, no se cansan de describir las diversas formas en las que las personas quitan la vida a sus semejantes. En este sentido, este texto es muy actual: vivimos en usa sociedad violenta, una sociedad que ha optado por el camino del conflicto para arreglar sus cuentas o para maltratar a sus semejantes. Frente a esto, la labor pastoral y el discipulado puede tomar dos vías:1). Mantener a los jóvenes desinfectados del mundo en una burbuja de cristal, 2). Educarlos, advertirles y enviarlos al mundo con una perspectiva crítica de la sociedad en donde interactúan.
            La persuasión o el engaño empieza con un mensaje: “ven y acechemos al inocente… hallaremos riquezas de toda clase” (b-b’). Los pecadores han montado su empresa publicitaria, invitan a robar, a enriquecerse a costa del inocente o el transeúnte desprevenido. Invitan al dinero rápido. El antivalor fundamental que subyace detrás de este mensaje es el de la codicia. Para el adolescente que sale de casa, la violencia puede resultar en una nueva experiencia, una aventura para el ingenuo que es reclutado por la banda. El joven, carente de sentido de riesgos que le impide ponderar consecuencias, puede ser presa fácil de la propaganda de los malhechores. Las cárceles de América Latina se han llenado de jóvenes que han caído en la trampa del dinero rápido y fácil. Las filas de las guerrillas en Colombia están conformadas por un gran número de jóvenes, que sin tener ideología subversiva, están allí por el dinero y el poder que da el fusil sobre sus hombros. El texto cierra diciendo de manera perentoria y definitiva: los poseedores terminaran poseídos, la codicia termina matándolos. Un buen antídoto para el relativismo moral hoy, es el revisionismo moral; es decir, la ponderación de las consecuencias de nuestros actos. El sabio muestra el peligro de aceptar la invitación dada por los pecadores. En el NT el evangelio apela también al oído del creyente para orientarle (Mt 7:24-27; 13:9), esta apelación no tiene un fundamento moralista sino cristológico: para el creyente el Cristo crucificado, sabiduría de Dios (1 Cor 1:22), es el principio de toda sabiduría, la cruz es el anuncio de nuestros más horribles quiebres, pero también anuncia la gracia y la misericordia de Dios padre. En la escucha del Cristo crucificado empezamos a vivir sabiamente en el temor del Señor y su palabra (Rm 10:10), evitando así el mayor desastre de la vida, porque “el que no escucha consejo no llega al cielo”. 


[1] BRUEGGEMANN, Walter. La imaginación profética. Sal Terrae- Salamanca, 2001, p 5. 

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