lunes, 6 de febrero de 2017

El secreto (3)

El secreto (3)
Implicaciones eclesiásticas del secreto mesiánico
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 170
Principio del evangelio de la Iglesia, la comunidad mesiánica, la hija de Dios. La comunidad mesiánica empieza hundiendo sus raíces en las esperanzas de cambio que Israel había tejido en el pasado; especialmente en la época del exilio Babilónico. Para ese entonces los soñadores, los constructores de utopía, idearon un mundo mejor, un mundo según Dios, en donde la justicia sería la ama y señora, esta a su vez sería impartida por el encargado divino, su siervo, el mesías. Años después los sueños se hicieron realidad, el mesías vino y encarnó el proyecto de Dios para la humanidad, no obstante su forma de hacerlo, desde el servicio y la entrega, no desde el poder y la imposición, desanimó a muchos que siguieron posponiendo sus sueños y esperanzas. A los imperios, políticos y religiosos, los incomodó tanto hasta tal punto de que lo llevaron a la cruz. Así, desde ese mensaje de entrega y servicio hasta la cruz fundó la comunidad mesiánica, comunidad a la que le encomendó seguir sus pasos y modelo sino quería pervertir la misión y el mensaje.
            Sucedió que un día la “comunidad mesiánica” (de aquí en adelante la “CM”) iba por un camino y de repente se encontró con un enfermo, la CM se acercó y le preguntó ¿Qué puedo hacer por ti?, el enfermo le dijo: “quiero ser sanado”, entonces la “CM” oró por él, y lo puso en contacto con un medico amigo quien le hizo recomendaciones y le mandó una formula. Al cabo de un tiempo el enfermo sanó y quiso hacer de la sanidad un show publicitario, pero la “CM” le dijo: “no se lo digas a nadie”. La “CM” seguía su camino, iba por las calles, llegaba a las universidades, se sentaba en la plaza publica y hablaba con los que allí se congregaban por diversas razones, escuchaba sus angustias, sus preguntas, sus incertidumbres; uno filosofo le decía: “la incertidumbre es la nueva normalidad de estos días”. Un político dijo: “la corrupción empieza por casa, en los pequeños permisos morales”. Un hombre le comentó: “de niño fui violado, mi identidad sexual se dañó, mi único referente ha sido lo homo”. Un habitante de calle le gritó: “el mundo se acaba cuando dejamos de amar”. Un niño le preguntó: “¿Por qué mi papá ya no está en casa?”. Un docente viejo y gastado le dijo: “ya nadie enseña por vocación sino por la paga”. Así, la “CM” realizaba su misión: escuchando, sirviendo, caminando con los demás, yendo a las periferias existenciales.
            Un día, la “CM” se encontraba en un lugar de reunión (que llaman iglesia) y allí se levantó un hombre que tenía un espíritu inmundo: la corrupción ministerial le había ganado la batalla y estaba poseído por ese espíritu, había hecho de la fe un negocio y del ministerio una burocracia. Cuando este hombre vio a la “CM” y escuchó su mensaje se sintió amenazado, sintió que su zona de confort tambaleaba y que sus adeptos se apartarían de él. Y entonces grito: “¡Qué haces aquí “CM”! “¿¡Por qué te entrometes en mi ministerio!?”. La “CM” lo miro a los ojos y le dijo: “no está bien lo que haces, se libre del espíritu de corrupción”. Después de un proceso el hombre fue libre y quiso hacer de su testimonio un evento noticioso, publicarlo por Facebook, también se ideo un libro. Pero la “CM” dijo: no lo hagas así, no le digas a nadie, vive tu nueva vida”. Así, la “CM” propiciaba espacios para la sanidad, la liberación, el estudio, la promoción de la condición humana, la comunicación de un mensaje liberador; pero, nunca se ufanaba de ello, no usaba eso como plataforma para manipular, sacar provecho para sí o como trampolín para el éxito. Siempre advertía a las personas a que no dijeran nada, que no publicaran nada por redes sociales y que se dedicaran a construir, desde la fe, un mundo mejor. Un día un politiquero le dijo: “tengo muchas cosas para darte si me ayudas a ganar unos votos; te daré un terreno, un equipo de sonio e instrumentos”, la “CM” le dijo: “gracias, pero yo no funciono con esa clase de poder”.
            Un día cualquiera se generó en el país de la “CM” una discusión álgida sobre matrimonio GAY y derechos de la comunidad LGBTI. Para nadie es un secreto que una de las banderas del laicismo es “propender” por los derechos de la comunidad ya mencionada, ella ha pasado, por intereses políticos, económicos e ideológicos, de la marginación al centro. La discusión estaba ampliamente viciada y la "CM" como realidad situada quiso tener inferencia y opinar al respecto. El criterio conceptual de la “CM” en la discusión fue que hay un diseño original, que el ser humano fue hecho hombre-mujer para tener un encuentro, de ese encuentro da testimonio la biología, la anatomía y la psicología. Además alegaba que puede ser que haya excepciones que no violan la regla sino que la confirman. El género es tanto una asignación biológica y natural como una construcción cultural, decía la “CM”. Los rasgos físicos y anatómicos del hombre y la mujer son evidentes, ahora, que haya personas que, por decisión ideológica o psicológica, decidan darle a su sexualidad y genitalidad una dirección distinta a la “hetero”, eso es diferente; así termino la “CM” su intervención. Tal postura no fue recibida por los defensores de la comunidad LGBTI, y algunos de sus miembros se fueron lanza en ristre contra la “CM”. La tildaron de retrograda, de chapada a la antigua; uno fue más allá diciendo que la “CM” era irracional. Otros levantaban sus puños y decían “fuera la “CM”, a otros con ese cuento”. En todo esto la “CM” siempre mantuvo la cordura y nunca profirió maldición o abrigó en su interior sentimientos de venganza o grandeza. Y allí, ese día la “CM” fracasó, perdió, salió por la puerta de atrás (sin triunfalismos ni gigantismos o imposiciones). Y viendo todo y la actitud de la “CM” un miembro de la guerrilla de ese país dijo: “verdaderamente este pueblo, era el pueblo de Dios”. Fin.  

jueves, 2 de febrero de 2017

El secreto (2)

El secreto (2)
Implicaciones eclesiásticas del secreto mesiánico
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 169
En el centurión tenemos la confesión, como afirma Pronzatto, de uno que llega tarde. No solo es una declaración sobre quién es Jesús; es hijo de Dios (lejos de la definición dogmática de Nicea y Calcedonia) sino que es también una declaración de lo que Dios está haciendo a través de Jesús; permite que un pagano, soldado y miembro de la fuerza opresora “declare su fe en el mesías judío”[1]. Frente a otras declaraciones similares en el recorrido del evangelio hubo un mandato a guardar silencio, ahora no.  Jesús es “hijo de Dios, el mesías”, no en virtud de la imposición de la fuerza, el éxito y el triunfalismo político, él es el mesías en virtud de su entrega y servicio hasta la cruz. Ahora, por la influencia del paradigma alselmiano (referente a Anselmo de Canterbury), los cristianos han visto la cruz como ese lugar de transacción y sustitución en donde se “paga por ellos” al asumir Jesús el lugar que les correspondía. No obstante el evangelio ve el asunto de otra manera: “nos invita a tomar la cruz como modelo de seguimiento”. Tomar la cruz significa vivir la vida de Cristo, su proyecto, con la radicalidad que merece, con el dinamismo que requiere y con la continuidad que demanda[2]. En pocas palabras: Jesús no murió para que nosotros no muriésemos sino para enseñarnos como debemos morir. Entonces, solamente con la muerte en la cruz se comprende realmente la auténtica condición mesiánica de Jesús, su verdadera identidad como hijo de Dios.
            Son evidentes entonces las implicaciones del “secreto mesiánico” para el discipulado, pero qué desafíos plantea el “secreto mesiánico” para la iglesia como comunidad, como cuerpo. En muchos sectores de la iglesia se nota que la misión se hace desde el prestigio, el poder y el éxito. La idea aquí es que, el “secreto mesiánico” no solo fue un hermoso recurso literario y teológico con el que Jesús y el evangelio corrigen la visión de mesías de su tiempo, sino que también se presenta como modelo de la misión de la iglesia, ósea, el “secreto mesiánico” se convierte en “secreto eclesiástico” que debe corregir y reorientar constantemente la misión de la iglesia en la autocrítica permanente de sí misma y la forma en la que la sociedad la ve. Porque si la creación de una comunidad mesiánica era el elemento fundamental de la misión de Jesús[3], esta debe ser reflejo de su creador. Por ejemplo, la “fe se ha vuelto espectáculo o show”. La iglesia, en aras del cumplimiento de la misión, funciona bajos los criterios de lo que Vargas Llosa llamó “la civilización del espectáculo” en donde no es “sorpréndete que la religión se acerque al circo y a veces se confunda con él”[4]. La iglesia monta el show y quiere que los asistentes concluyan diciendo: “esta es la iglesia”. Ella quiere ser reconocida a partir de la pantalla, el éxito y prestigio que pueda conseguir en los mass media. En vez de invitar al silencio reflexivo invita al aplauso y al reconocimiento de su identidad a partir del espectáculo.  
            Por otro lado es evidente el coqueteo de la iglesia hoy con “el fenómeno constantiniano” esa forma de creer que la iglesia es efectiva en su misión a partir del poder político que obtenga. Ha sido muy evidente la forma en la que gran parte del pueblo evangélico en Colombia sacó pecho lleno de orgullo al votar “NO” en la consulta plebiscitaria el año pasado. Artículos importantes se escribieron para decir que la iglesia era la nueva fuerza política y la iglesia complaciente lo aceptó como triunfo a favor de la fe. El caso Norteamericano es también especial, un amplio sector de la Iglesia en USA y en el mundo ve la llegada de TRUMP como un enviado de Dios para "salvar" la tierra. Ahora, cuando la misión de la iglesia degenera en una búsqueda de poder o prestigio en medio de la sociedad,  cae en contradicción flagrante con el modelo del Crucificado.  Cuando hace del "éxito" el summum bonum de su escala de valores y la meta de sus esfuerzos, ha traicionado a su misión en el preciso momento de creer cumplirla.  La iglesia del crucificado no está llamada a ser la "Iglesia gran Señora", rica y poderosa, sino la "Iglesia Sierva", que sigue los pasos de su Maestro, el Señor que se dignó volverse Siervo Sufriente (Fil 2:7).  El “secreto eclesiástico” nos dice que la única forma de conocer a la iglesia es en la cruz, la cruz de la entrega, del servicio, y de la misericordia. No es en la imposición sino en la disposición a servir. Lo expreso continuación en modo narrativo. Continuará.


[1] La afirmación del centurión no se reduce a un simple "comentario" hecho después de la muerte de Cristo por uno de los que habían desempeñado en ella un papel de primer orden. Constituye el punto de llegada del evangelio de Mc. Es la tan esperada respuesta al interrogante fundamental que subyace en todo el libro: ¿quién es Jesús? Después de tantas respuestas, equivocadas unas y acertadas otras, pero provenientes de la parte equivocada (los demonios) y otras incompletas, he aquí la respuesta exacta. Y esta respuesta, que es una verdadera profesión de fe, procede de un pagano que descubre la identidad de Jesús precisamente en el momento de la derrota y del fracaso.
[2] Así, la cruz es un símbolo de que comunica la radicalidad del evangelio y el camino de transformación. Jesús NO MURIÓ EN LA CRUZ para evitar que nosotros vayamos allí. La muerte de Jesús EN LA CRUZ ES UN MODELO PARA IMITAR NO UN ASUNTO PARA ADMIRAR. Él nos invita a morir su muerte para que vivamos su vida”. Así, la Biblia nos llama a morir la muerte de Cristo, experimentar su pasión; para vivir la vida de Cristo, experimentar su resurrección (Gal 2:20; Rom 6:1-6).   
[3] DRIVER, Juan. La fe en la periferia de la historia: una historia del pueblo cristiano desde la perspectiva de los movimientos de restauración y reforma radical. SEMILLA-Guatemala, 1996, p. 29.
[4] VARGAS LLOSA, Mario. La civilización del espectáculo. Alfaguara-México, 20013, p. 171. 

lunes, 30 de enero de 2017

El secreto (1)

El secreto (1)
Implicaciones eclesiásticas del secreto mesiánico
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 168
Al leer el evangelio de Marcos nos damos cuenta que una de sus características es la frecuencia con la que Jesús ordena a ciertos personajes (espíritus inmundos, demonios, beneficiados por algún milagro, discípulos…) que guarden silencio y no revelen a nadie su identidad. Es un hecho indiscutible que el evangelio de Marcos, de manera mucho más acentuada que los demás sinópticos (Mateo y Lucas), ha destacado el “secreto” con que Jesús ha querido “encubrir” su mesiazgo durante su ministerio[1]. Mi interés aquí en “el secreto” es que definamos tres asuntos: Qué es el secreto mesiánico, cómo se desarrolla en el evangelio y cuáles son sus implicaciones. Empecemos. ¿Qué es el “secreto mesiánico”? En Marcos es un recurso literario y teológico a través del cual el autor recoge la intencionalidad que Jesús tuvo al corregir la visión que sus auditorios tenían de su mesiazgo, especialmente sus discípulos. En tiempos de Jesús, el concepto de mesías era el de un descendiente de David, guerrero nacionalista, que reconquistaría la libertad para el pueblo judío y restablecería el reino  de Israel[2] (Mrc 8:29-33; 12:35-37; Jn 6:15; Hech 1:6). Usando el recurso teológico literario del “secreto mesiánico” el autor quiere prevenir y advertir a los lectores respecto a ciertas interpretaciones de un esperado mesianismo triunfalista basado en el poder y el éxito. Frente a la figura y el modelo del mesías triunfalista y guerrero, Jesús será el mesías del servicio y la entrega hasta el final[3].
            ¿Cómo se desarrolla el “secreto mesiánico” en el evangelio? En el cuadro siguiente se resume los distintos momentos en los que, en el evangelio de Marcos, Jesús ordena a alguien no divulgar lo que sabe sobre él.
Textos
Detalles de la prohibición
Marc 1:25
En la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo reconoce la verdadera identidad de Jesús, diciendo “Sé quién eres tú, el santo de Dios”. Jesús le ordena que se calle.
Marc 1:34
Jesús expulsa muchos demonios, pero a los demonios no les permitía decir que sabían quién era[4].
Marc 1:43
Jesús cura a un leproso, tras lo que le ordena que no se lo diga a nadie. El leproso no le hace caso y todo el mundo acaba enterándose.
Marc 3:12
Los espíritus inmundos cuando ven a Jesús le dicen “Tu eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les requería a que no le dieran publicidad.
Marc 5:43
Tras resucitar a la hija de Jairo, Jesús advierte a los presentes con insistencia que nadie se entere de lo sucedido.
Marc 7:24
Jesús se aloja en una casa de Tiro, pero no quería que nadie se enterase.
Marc 8:26
Tras curar a un ciego le dice que no entre ni siguiera a la aldea, para que la gente no se entere.
Marc 8:30
Pedro proclama que Jesús es el Mesías. Pero Jesús les encomienda que a nadie dijeran aquello acerca de él.
Marc 9:9
Tras la transfiguración del Señor, cuando ya bajan del monte, Jesús les advirtió que no contasen nada de lo sucedido, hasta que hubiera resucitado.
            El evangelio declara al final, por medio del centurión romano, “verdaderamente este hombre era hijo de Dios” (Mrc 15:39). El centurión no hace la declaración en la trasfiguración sino en la desfiguración, no se hace la declaración en medio de un momento de gloria sino en el lugar de la derrota, no se declara la identidad en medio de aplausos y reconocimientos sino en medio de rechiflas, dudas y cuestionamientos. El centurión descubre que Jesús es “hijo de Dios” en el monte de la desfiguración y no el monte de la transfiguración. En medio de las tinieblas recibe luz. Continuará.

[1] En realidad, el primer autor que de un modo explícito estudió esta cuestión fue W. Wrede, el cual, en el año 1901, publicó una obra titulada “El secreto mesiánico en los evangelios”. Para este autor, el secreto mesiánico no se correspondería con una característica del Jesús histórico, sino que se trataría de una construcción dogmática efectuada por la comunidad pospascual, con la que pretendería armonizar la actuación y vida de Jesús, que según este autor no habría sido mesiánica, y la fe pospascual de la comunidad que si creía en el carácter mesiánico de Jesús. este secreto mesiánico, según Wrede, estaría formado por tres elementos: mandatos de guardar silencio dados a los curados, a los demonios y a los discípulos; observaciones repetidas sobre la incredulidad y falta de comprensión de los discípulos y adoctrinamiento en parábolas. en definitiva, según Wrede, Jesús no habría tenido en absoluto conciencia de ser el mesías, ni habría actuado como tal. Ver, CARSON, Donald. MOO, Douglas. Una introducción al Nuevo Testamento. Clie-Barcelona, 2008, p 344.
[2] CARRILLO ALDAY, Salvador. El evangelio según San Marcos. Verbo Divino – Estella (Navarra), 2008, p. 28.
[3] “Por medio del “secreto mesiánico”, el autor quiere advertir a sus lectores a lo largo de todo el relato: Jesús es “otro” Mesías, no le objeto de les expectativas religiosas, sino diferente: un Mesías crucificado; el camino mesiánico, y por tanto, de los discípulos, es un camino de entrega y de servicio, que implica la cruz”. MARTINEZ LOZANO, Enrique. Sabiduría para despertar: una lectura transpersonal del evangelio de Marcos. Desclee De Brouwer-Bilbao, 2011, p. 69.
[4] La orden de Jesús se dirige, además de a los demonios, a nosotros. Como si dijese: no es este el momento de la proclamación, ya que se da la sospecha legítima de... un clima favorable. El éxito, el entusiasmo popular pueden llevar a engaño, a distorsionar su imagen. Hay que esperar.

miércoles, 25 de enero de 2017

Muchacho al carbón (4)

Muchacho al carbón (4)
Los sacrificios de ayer y los sacrificios de hoy
Gen 22:1-19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 167
En cuarto lugar, nuestros hijos son sacrificados al ídolo de la espiritualidad  light. Hemos ido cayendo, sin darnos cuenta, pero con mucha culpa en el lento pero dañino proceso de la decadencia espiritual, que se ilustra así: “para los abuelos la fe fue una experiencia vital. Para los padres la fe fue una herencia preciosa. Para los hijos la fe era una conveniencia. Para los nietos la fe es un fastidio”[1]. La fe se vuelve fastidio cuando se dicta pero no se vive, cuando se presenta una imagen de Dios distinta al rostro que Cristo presentó (prohíbe pero no propone), cuando se va al culto pero no somos el culto, cuando invitamos a la iglesia pero no somos la iglesia. Una voz del cielo nos grita interrumpiendo el sacrificio. Necesitamos volver a consagrarnos para el Señor, necesitamos volver a las sendas antiguas: oración. El devocional familiar, el ayuno, la vida congregacional. Necesitamos recordar que la fe desinstala… necesitamos a Jesús en el hogar y en la vida, una experiencia de fe que trasverse todo lo que somos y lo que hacemos[2]. Tal como reza la antigua canción:
///En el hogar///
tú necesitas a Jesús.
///En el hogar///
tú necesitas a Jesús.
Mira qué feliz se vive,
mira qué feliz se vive,
con Jesús en el hogar.
//Mira qué feliz se vive,
mira qué feliz se vive,
con Jesús en el hogar//.
///Al trabajar///         
             En esta espiritualidad light la trivialidad se interpreta como una manera de ser inteligente, las personas como simple consumidores, y la vida como un espacio que hay que suministrarle el mayor placer, en el menor tiempo posible, toma forma una adoración que de alguna manera se sintoniza con las necesidades creadas por la misma realidad postmoderna. El culto se vacía de sus contenidos fundantes y fundamentales para que pueda ser asimilado y aceptado fácilmente por los consumidores de religión. Se sustenta y promueve un "cristianismo descafeinado" que se hace evidente en los sermones sin "kerigma", cantos sin teología, testimonios sin vida, ofrendas sin gratitud, adoración sin adoradores, reuniones que no reúnen, espiritualidad sin Espíritu y fe sin Evangelio. El Evangelio se presenta como un producto y tiene que ser ofrecido litúrgicamente en un formato que no espante a la clientela dominical. Debe ser atractivo y llamativo, por lo que debe "vaciarse" de todo aquello que pueda interpretarse como compromiso, sacrificio, esfuerzo, y entrega. Debe ser estético y lucir bien, por lo que tiene que deshacerse de todo lo que carezca de belleza, es decir que no sea "fashion".
No necesitamos saber inglés para percatarnos de que lo "light" es un elemento intrínseco de lo que hoy conocemos como postmodernidad. Este vocablo proveniente del idioma inglés significa, entre otras acepciones, "ligero", "frívolo", "liviano". Lo "light" promociona una vida sin compromisos y sin complicaciones. En conclusión estamos frente a una celebración light de la fe que se vacía de sus contenidos naturales, satisface el hedonismo religioso de los adoradores y se hace cómplice de una teología castrada y "light", que se exhibe en las pulidas vitrinas de las liturgias que presentan un evangelio sin cruz, un discipulado sin costo, resurrección sin crucifixión, espiritualidad sin Espíritu, iglesia sin discípul@s, Biblias sin la imagen del siervo sufriente, discipulado sin seguimiento, predicación sin persecución, reino de Dios sin justicia, y cielo sin esperanza. Como bien lo apuntara Bonhoffer, un evangelio de la "gracia barata". Fin.

[1] MARTINEZ, José Luís. 503 ilustraciones escogidas. Casa Bautista de Publicaciones-El Paso (Texas), 2007, p 20.
[2] También, una oferta cultural y espiritual diversa es signo de los tiempos modernos que vivimos. Lo deseable es que cada persona pueda optar por la que libremente elija, sin impedimentos inapropiados, que manipulan las necesidades más profundas y fundamentales de la persona humana. La cultura light, la cultura superficial, vacía y charlatana, produce personas incapaces de discernir, evaluar y juzgar. En el movimiento del New Age abunda la oferta de productos culturales que intentan satisfacer las necesidades del “hombre light”, sin conseguirlo. Como en muchas otras cosas, el cultivo de las humanidades, la filosofía, la historia, la literatura, la pintura, la música y tantas otras manifestaciones humanas ayuda a formar personas mejor preparadas para optar por vivencias espirituales integrales, que den sentido a su vida y una proyección verdaderamente trascendente.

lunes, 23 de enero de 2017

Muchacho al carbón (3)

Muchacho al carbón (3)
Los sacrificios de ayer y los sacrificios de hoy
Gen 22:1-19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 166
Estudia ingles… para que no seas un desgraciado. No es casualidad que el evangelio nos llame a ser como niños: el adulto no recibe el reino, se defiende de él.  El evangelio nos invita a vivir y a denunciar con esta vida la lógica del mundo adulto con su culto a la eficiencia y la eficacia. Recuerdo  las palabras de Julio Iglesias en su canción “Me olvide de vivir”.
De tanto correr por la vida sin freno
Me olvidé que la vida se vive un momento
De tanto querer ser en todo el primero
Me olvidé de vivir los detalles pequeños.
De tanto jugar con los sentimientos
Viviendo de aplausos envueltos en sueños
De tanto gritar mis canciones al viento
Ya no soy como ayer, ya no sé lo que siento.
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
En segundo lugar, nuestros hijos son sacrificados al ídolo del consumo. Marulanda dice:         “Lo grave es que, gracias al consumismo y a la comercialización de la cultura, los niños de hoy no tienen más guía que sus apetitos porque las artimañas de la publicidad les establecen qué deben tener y soñar, y por eso son estas las que están definiendo cómo serán y actuarán las generaciones del tercer milenio. Si no se toman medidas que controlen la cantidad y calidad de los mensajes publicitarios, si el sistema educativo no lucha por impedir la comercialización de la cultura o los valores y si los padres no rescatamos la moderación como un valor fundamental, la sociedad del mañana tendrá negociantes y consumidores muy exitosos pero ciudadanos espiritual y emocionalmente muy empobrecidos”[1].
El evangelio nos invita a ser libres de Mamón. “Ninguno puede servir a dos señores, porque terminará sirviendo a uno de los dos. Ninguno puede servir a Dios y a Mamón [las riquezas] al mismo tiempo”. Una voz del cielo nos grita: ¡No le hagas daño a tus hijos! Enseñarles lo esencial y fundamental para que mañana nadie las venga a impresionar por la marca de ropa que usa, el carro que tiene, el estrato en donde vive, el apellido que tiene o los estudios realizados (no educación).
            En tercer lugar, nuestros hijos son sacrificados al ídolo de la ética borrosa. Aquí especialmente entra en escena el asunto de los límites que son necesarios para la vida, la libertad y la protección.
“Necesitamos rescatar el valioso adverbio "no", para una generación desbocada y sin límites, que se cree con derecho a hacer cualquier cosa, a la hora que sea y en el lugar más inoportuno; que parece no saber sopesar las consecuencias de lo que hace ni mucho menos las normas mínimas de buen decoro y comportamiento social. Muchos de nuestros chicos son víctimas de un ambiente (familiar y escolar) donde la ausencia de límites, por el pánico de los adultos a la palabra "no", los hizo creer que tienen licencia para comportarse de cualquier manera; y como resultado, tenemos una sociedad donde cada vez los comportamientos inadecuados hacen más difícil vivir juntos. Tenemos que entender que parte de la formación de las nuevas generaciones consiste en enseñarles cómo vivir en comunidad: tienen que tener claro que el mobiliario urbano no se daña ni se raya, que la basura no se arroja a la calle, que los árboles no se cortan; deben saber dónde se puede comer y dónde no; dónde no se puede hablar en voz alta, cuáles son los lugares aptos para las fiestas y bullicios, y a qué horas y dónde no se puede hacer bulla porque hay otros a quienes debemos respetar el silencio, la concentración, el sueño, etc. Pero sin miedo al no. No entiendo ni el pánico a esta palabra ni el miedo a hacerla cumplir. Porque el que está creciendo siempre querrá poner a prueba ese límite. "Vamos a ver si es verdad que esto no se puede hacer". Por eso siempre tiene que haber alguien recordándolo, y en caso final, alguna sanción para quien sobrepase el límite. No es traumático para nadie un "no"; por el contrario: le ayuda a entender hasta dónde se puede mover con libertad, sin atropellar a los otros y sin sufrir consecuencias dolorosas. Tenemos que ser claros y firmes para evitar una ciudad que, además de hacinada, se vuelva invivible porque nadie sabe respetar las zonas comunes. Esta sociedad no solo necesita retomar la senda del comportamiento moral que incluye el cuidado de la vida y a la dignidad del otro; también hace parte del comportamiento moral retomar la buena conducta social, que significa el respeto del espacio común. Esto es lo que nos hace más llevadera la vida en comunidad, ya de por sí difícil. El límite es seguridad para el ser humano. Cuando en una noche de tormenta el borde de la carretera no está bien trazado, el miedo al abismo imprevisto nos paraliza; cuando el límite está bien marcado, avanzamos con firmeza y seguridad”[2].
Aquí una vez más una voz del cielo nos grita interrumpiendo el sacrificio. Continuará.

lunes, 16 de enero de 2017

Muchacho al carbón (2)

Muchacho al carbón (2)
Los sacrificios de ayer y los sacrificios de hoy
Gen 22:1-19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 165
Tercera escena, el clímax o la acción transformadora, vv. 11-12. Mientras levanta la mano pasa por su mente toda la historia cual páginas del álbum familiar: recuerda la promesa, la alegría de Sara, las primeras palabras de Isaac, sus primeros pasos, sus berrinches de niño. Recuerda que lo ponía en sus piernas y le hablaba del Señor y de cómo este lo liberó y lo abrió a la esperanza. Tu eres un regalo de Dios hijo- le decía – tu eres la promesa de un futuro mejor. De repente… la tensión baja, Dios interviene para abortar el sacrificio de Isaac, y con la orden para interrumpir el sacrificio se da el veredicto de la prueba: Abraham es temeroso de Dios, tiene temor porque es capaz de llegar a una situación extrema. Ha adorado. Pero al adorar de esta manera, ha sido también liberado. Liberado de su idea de Dios: Dios no quiere sacrificios humanos. La audacia del relato-dice Beauchamp, consiste en atribuir a Dios mismo una antigua imposición. Como si Dios dijera: eres tú el que ha hecho de mí esta imagen cruel, pero yo he venido a habitarla porque no podía líbrate de ella de otra manera[1]. Yahvé, el Dios que lo había sacado de Ur de los Caldeos y que lo había liberado de la idolatría, lo liberaba ahora de una costumbre inhumana derivada de la idolatría[2].
            La cuarta escena, el desenlace, vv. 13-18. Aquí Isaac es reemplazo por un cordero. Dios provee un cordero para la adoración y Abraham bautiza el monte, el monte ambiguo del inicio de la narración ahora tiene nombre: Yahvé proveerá (YHWH-YIREH). La promesa es reafirmada, no necesita sacrificios humanos para ello. La cuestión es sencilla: donde hay sacrificios humanos la bendición se aborta, se extingue. El Dios de Abraham no reclamaba nada para sí, sino para el hombre, no quería recibir sino que prometía dar (12:7). Los dioses exigían la esclavitud y la sumisión del hombre, y aun su muerte; Yahvé propende por la libertad del hombre y su vida. Yahvé quiere la vida y no la muerte, no necesita la sangre de los hombres, aún más: ordena que vivan[3]. ¡Eres libre Abraham!, comunica el texto[4]. El texto cierra con la quinta y última escena,  v. 19. El cordero se consume, la leña se apaga, el altar se cierra. El texto descarta al Dios cruel y al padre insensible. Abraham e Isaac vuelven a donde sus siervos, para ellos no ha pasado nada extraño.
            Reflexiones. Somos ilusos, nos engañamos a nosotros mismos si creemos que el sacrificio idolátrico de los niños cesó, acabó. Recordemos que la idolatría no es pieza del museo religioso y algo ya superado por esta sociedad “civilizada”. La idolatría no quedó atrás como estadio ya superado, se construye todos los días, se refina, se sofistica. Como lo expresó Sábato en su “resistencia” “¿Qué ha puesto el hombre en lugar de Dios? No se ha liberado de cultos y altares. El altar permanece, pero ya no es el lugar del sacrificio y la abnegación, sino del bienestar, del culto a sí mismo, de la reverencia a los grandes dioses de la pantalla". Hoy, nuestros hijos son sacrificados a los ídolos nacionales, a la voluntad del poder, al deseo de poseer y al poderío del dinero.  En primer lugar, nuestros hijos son sacrificados al ídolo de velocidad. Bajo los criterios del mundo de la empresa y el comercio, los criterios de la eficacia y la eficiencia, hemos matado la niñez de nuestros niños. Hemos castrado la niñez en el altar de la velocidad, de la eficiencia y la eficacia. El niño nace y está inmediatamente allí el registrador y el rector del colegio. Dice Honoré: “Exceso de perfeccionismo y de vanidad en la educación. Se busca llenar la agenda de los escolares hasta límites abusivos de clases extra-escolares, deberes y actividades con prestigio que solo cansan y “machacan” a los niños y que, en muchos casos, refuerzan el ego de los padres que proyectan en ello posibles frustraciones personales”. En un mundo competitivo la escuela, es el campo de batalla en donde lo único que importa es ser el primero en la clase”[5]. Llenamos la agenda de nuestros hijos con tantas actividades para alimentar el mito del “niño genio” y rendir culto a la velocidad. Nos dedicamos a correr y se nos olvida vivir, jugar, descansar… adorar. Continuará.

[1] BEAUCHAMP, Paul. 50 retratos Bíblicos. BAC- Madrid, 2014, p. 21.
[2] En términos retóricos tendríamos aquí la presentación de una relato irónico: La ironía (del griego εἰρωνεία 'eirōneía': disimulo o ignorancia fingida) es una figura literaria mediante la que se da a entender algo muy distinto, o incluso lo contrario de lo que se dice o escribe.
[3] AVILA, Rafael. Biblia y liberación: lectura desde América Latina. Paulinas-Bogotá, 1976, p. 24.
[4] La liberación de esta costumbre inhumana y cruel y la manifestación que hacía Yahvé de sí mismo como liberador de esclavitudes fueron las bases que permitieron más tarde a los sacerdotes hebreos sustituir los sacrificios humanos por sacrificios de animales mediante los cuales se “rescataba” a los primogénitos (Ex 13:11-15). Más tarde profetas como Jeremías y Ezequiel condenaron enfáticamente y sin titubeos semejante costumbre, afirmando que tal cosa no pasó siquiera por el pensamiento del Señor (Jer 7:30; 19:4; 32:35; Ez 16:20; Salm 106:35). Este proceso, esta toma de conciencia, toma fuerza con la promulgación de la ley que ordena lapidar a quien sacrifique un hijo suyo a los ídolos (Lv 20:2). El pueblo hebreo, sin embargo, se liberó difícil y progresivamente de esta costumbre, no faltaron las reincidencias debido a los escrúpulos religiosos de algunos y por esto fueron necesarias las intervenciones enérgicas de los profetas que levantaron sus voces airadas para censurar semejante degradación (Juec 11: 30,31;1 Rey 17:16-18; 2 Rey 3:27; 21:6; 2 Cron 33:5-7). Por otro lado la costumbre de sacrificar seres humanos a los dioses era también común a los “primitivos” habitantes de América, por ejemplo, colocaban en los cimientos de sus edificaciones el cadáver de un niño o lo inmolaban en ocasión de algunas fiestas.
[5] HONORÉ, Carl. Elogio de la lentitud: un movimiento de alcance mundial cuestiona el culto a la velocidad. RBA- Bracelona, 2008, p. 266. 

jueves, 12 de enero de 2017

Muchacho al carbón (1)

Muchacho al carbón (1)
Los sacrificios de ayer y los sacrificios de hoy
Gen 22:1-19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 164
Este texto es complicado, tan así que descresta a los cristianos y merece crítica de los “enemigos de la Biblia”. Algunos del primer grupo optan por la alegorización del texto quitándole a este todo valor histórico, literario y teológico en aras de defender a Dios a la Biblia. Otros, del segundo grupo, sacan el texto fuera de contexto, maldicen a Dios (que no existe) y hacen frente al relato un alegato injusto[1]. Este trabajo pretende, con muchas limitaciones, hacer una lectura del texto desde la historia, la literatura y la teología Bíblicas; terminando con algunas líneas grandes de aplicación o contextualización: el texto finalmente se tratará como “Palabra de Dios” para “el pueblo de Dios”. El texto presenta una estructura quinaria propia de los relatos y narraciones[2]. El lector y los protagonistas son llevados a una complicación en la trama que luego es transformada por el clímax (acción trasformadora), una vez pasa esto, el lector descansa, “baja la guardia”, y el texto, de manera sutil, hace su propuesta[3]. Antes de continuar quisiera sugerir que la lectura y predicación general de este texto, en donde el predicador invita al creyente a “sacrificar su a su Isaac” (esto es, pecados, asuntos no agradables a Dios, etc.), no se ajusta a la intención de la narración: en esta Isaac no es sacrificado sino liberado, rescatado.  Veamos el texto en detalle a partir de cada una de sus partes.
            Primera escena, escenario o exposición, vv. 1-5. Aquí en esta primera parte del texto se nos plantea el problema, lo que va a acontecer en el resto de la narración será el desenvolvimiento de lo que aquí se propone. Nos ubicamos aquí ya en la parte final del ciclo de Abraham (Gen 12-24). El relato parece un anti clímax pues se le llama a Abraham a que mate en sacrificio aquello que le ha dado sentido a toda esta narración: la promesa. Toda una trama bien elaborada, todo un suplicio bien vivido, toda una maraña de relaciones y tensiones para traer a Isaac y ahora, ¡sorpresa!; la promesa debe morir. Esto parece un chiste de mal gusto, una broma pesada. Ha habido a lo largo de la narración muchos eventos y asuntos que “atentan” contra la promesa, Abraham mismo atenta contra ella y Dios protege, enseña y defiende su proyecto en el patriarca, pero ahora, Dios mismo parece estar en contra ella (11: 31; 12:10-20). Al inicio de la experiencia de Abraham con Dios se le invita a renunciar a su pasado “deja tu tierra y tu familia”; ahora, años después, se le está invitando a renunciar a su futuro “sacrifícalo”. Bien. El hecho es que al iniciar el relato, al lector se le informa que Dios someterá a prueba a Abraham. Esta prueba tendrá como objeto medir el grado de entrega de Abraham hacia Dios (Cp. Ex 15:25; Dt 4:34; 6:16; 28:56; 33:8). Se señala el escenario geográfico, un monte en la tierra de Moriah, y la prueba propiamente dicha “ofrecer en holocausto a Isaac”. Hasta aquí, el lector sabe que es una prueba, Abraham sabe que la prueba tiene carácter sacrificial, los siervos e Isaac saben que es un acto de adoración (Gen 18:2; 19:1).
            Segunda escena, nudo o complicación, vv. 6-10. En esta segunda sección se informa sobre los detalles del sacrificio: Isaac carga la leña, no lo sabe, no lo intuye, lleva sobre si aquello sobre lo cual él estará después. Abraham toma el fuego y el cuchillo. Abraham camina, pasa saliva. Mira los montes. Su mirada se pierde, de repente regresa en si al escuchar la voz de Isaac al preguntarle de manera lógica sobre el animal para el sacrificio. Percibiendo la paradoja entre la promesa y la renuncia a ella, Abraham guarda la esperanza de que Dios provea un animal en lugar de su hijo. Tanto Isaac como su padre saben de sacrificios, de cultos y de adoración. Pero Dios guarda silencio, aun la prueba sigue en pie. El altar es arreglado, la leña ya no está sobre Isaac sino este encima de aquella, la tensión sube… al igual que la mano de Abraham blandiendo su cuchillo. Muchos altares había edificado Abraham, tantos sacrificios ofrecidos, pero ninguno con tanta significación como este. La razón por la que no hay resistencia en Abraham, a pesar de la tensión, es que vivía en medio de una cultura religiosa en donde los sacrificios humanos para las divinidades eran comunes (Lv 18:21; Dt 18:10). La tensión sigue. Como ya lo afirmé: al inicio de su caminar con Dios Abraham tuvo que renunciar a su pasado, ahora, años después Abraham renunciará a su futuro. Continuará.

[1] Véase a, RODRIGUEZ, Pepe. Los pésimos ejemplos de Dios según la Biblia. Debate-España, 2008, p. 105.
[2] La estructura quinaria presenta cinco partes así: escenario o exposición, nudo o complicación, clímax o acción transformadora, desenlace y cierre.
[3] También se ha propuesto para el texto una estructura quiástica.
A. Narración introductoria, v. 1a.
     B. Diálogo de Dios con Abraham, vv. 1b-2.
         C. Narración: preparativos para el holocausto, vv. 3-6.
               D. Diálogo de Isaac con su padre, Abraham, vv. 7-8a.
         C’. Narración: preparativos para el holocausto, vv. 8b-10.
    B’. Diálogo de Dios con Abraham, vv. 11-12.
A’. Narración conclusiva, vv. 13-14,19.
GARCÍA LOPEZ, Félix. La Torá: escritos sobre el pentateuco. Verbo Divino-Estella (Navarra), 2012, p. 114.