martes, 19 de junio de 2018

La canción del despojado (1)


La canción del despojado (1)
Cristología para una comunidad en crisis
Fil 2:1:11
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Empiezo compartiendo esta serie bajo la siguiente tesis o afirmación: las declaraciones cristológicas más importantes del NT se expresan a través de himnos[1]. Antes de volverse una disciplina analítica, a veces seca, mirada con sospecha y recelo, la teología nació cantando. Muchos pasajes clásicos de la teología sistemática nacieron como himnos que cantaba la comunidad (Fil 2:5-11; Col 1:15-20). Los primeros credos suelen mostrar una estructura métrica e hímnica (Ro 10:9-10; Col 3:16; 1 Tm 3:16; Tit 3:4-7). El ser humano, que al ser creado recibió el soplo divino, fue hecho para adorar a Dios con todo su ser y proclamar su grandeza. La tarea del teólogo es la de articular para la comunidad las armonías y las melodías de la fe. El himno de Filipenses 2:6-11 es al parecer pre paulino (no original de Pablo pero si con algunos matices paulinos), circulaba y se cantaba en algunas comunidades del primer siglo como declaración cristológica temprana[2]. Aquí se resume el drama de la encarnación y se nos canta de manera profunda el clímax de la historia de la salvación. El texto está estructurado de la siguiente manera: una obertura o introducción, vv. 1-5, la primera estrofa, vv. 6-8 y la segunda estrofa, vv. 9-11. En la obertura, Pablo alaba algunas virtudes y critica algunos vicios en el seno de la comunidad[3]. Recordemos que Pablo escribe a una comunidad en crisis en el seno de sus relaciones, estas estaban marcadas por la competencia (el más fuerte), el orgullo (el ego) y el espíritu individualista (el selfie)[4]. Toda la práctica de la piedad y las relaciones interpersonales estaban transversadas por los vicios mencionados (4:2), aún la tarea evangelistica estaba manchada por el espíritu de competencia (1:15).   
            Pablo empieza a decirles que revisen su forma de “pensar” o de “sentir” (2:2, 5; 4:2) el apóstol quiere ir al fondo del asunto, al sustrato inicial y fundamental de la experiencia humana, quiere empezar por la mente, el pensamiento. Ya lo decía el proverbista, “el hombre es lo que piensa” (Pr 23:7). Y es que, “el diagnóstico de una existencia humana, de un hombre, de un pueblo, de una época, tiene que comenzar filiando el repertorio de sus convicciones. Son éstas el suelo de nuestra vida. Por eso se dice que en ellas el hombre está. Las creencias son lo que verdaderamente constituye el estado del hombre”. Para el diagnóstico de la situación, una comunidad en crisis de relaciones, Pablo no busca a un motivador profesional, les va a proponer un modelo mucho más sugestivo, revolucionario y contradictorio; les va a hablar de Cristo mismo, al que ellos dicen seguir, de quien ellos dicen ser sus discípulos. Les desafía pensar como Cristo pensó, les va proponer una cristología “baja” y relacional. Así, la relación con Cristo no solo arregla un problema vertical, con Dios; sino que también es modelo para los problemas horizontales, con el prójimo. Pablo introduce en su argumento un himno, este resume la confesión de las comunidades primitivas frente a lo que creían y pensaban de Jesús el Señor. Veámoslo.
            Primera estrofa, vv. 6-8. El himno comienza confesando la divinidad de Jesús: siendo imagen, o en forma, de Dios, nos escogió, para reflejar esta imagen, el camino del poder, del honor, o del dominio, sino el de la impotencia, la entrega y el vaciamiento. La estrofa habla de su condición divina: “forma de Dios”; de su condición antropológica: “se volvió hombre”; de su condición social: “posición de siervo” (Is 52:13-53:12); y de su condición misionera y política: “obediente hasta la muerte de cruz”. La cruz estaba reservada para los insurgentes, roma mostraba el control, el poder. Me imagino el golpe bajo de esta visión cristológica para aquellos que experimentaban a Dios desde el poder, la competencia y el orgullo. Así, el himno puede leerse en clave dramática, como si Jesús, el cristo, irrumpiera en la historia humana para mostrar la forma de vida adecuada entre los miembros de la comunidad que dice confesarlo[5]. No es casualidad que el texto declare: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús…” (Fil 2:3-5). Jesús opto por un camino diferente al de Adán, que, creado a “imagen y semejanza de Dios” (Gn 1:26-27), codició el convertirse en dios (Gn 3:5, 22). Mientras que Adán con ese comportamiento no se estaba pareciendo al Dios del que era imagen, Jesús en la cruz lo imitó perfectamente: renunció a la posibilidad de recibir el honor que le correspondía como hijo de Dios, rechazó la posibilidad de “hacerse adorar”, y acepto la impotencia y la muerte para que otros tengan vida. Si, Jesús siendo en forma de Dios, actúa de manera distinta a los gobernantes políticos conocidos por la comunidad de fe en Filipos. Continuará.


[2] GOURGUES, Michel. Rezar los himnos del Nuevo Testamento. Verbo Divino-Estella (Navarra), 1998, p. 50. 
[3] La oración condicional que se usa en los veros 1 y 2 es de clase I o de condición real en donde la condición se da por sentada; es decir, está ocurriendo, no está en duda. En este caso, Pablo no está dudando que estas virtudes estén sino que las está dando por sentadas (Cp. Mt 4:3).
[4] En la cárcel Pablo recibe, a través de Epafrodito, la noticia de que la comunidad estaba dividida.
[5] ROSELL NEBREDA, Sergio. La nueva identidad de los cristianos: el himno a cristo en la carta a los Filipenses. Sígueme – Salamanca, 2010, p 82.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Recordar es vivir (3)


Recordar es vivir (3)
Dt 8:1-20
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Tercera indicación temporal: el futuro, vv. 7-20. En esta parte del texto Moisés habla al pueblo de lo que será su futuro como sedentario en la tierra prometida. Habla de las bendiciones pero también de las tentaciones; habla de las bondades pero también de las maldades. La bendición de la tierra traerá consigo sus riesgos, estos  no proceden del dador de la tierra sino del corazón mismo del pueblo. Por ejemplo, sabemos, por los relatos del AT que el sueño de la tierra prometida se convierte en pesadilla. En la sección anterior del texto, “el pasado como peregrinos”, la palabra clave era “recordar”, ahora, frente al futuro, la clave será “no olvidar”. Pero, ¿no olvidar qué?  Veámoslo.
            En primer lugar, no olvidar que la tierra es un don de Dios, vv. 7-10. Aquí, el contraste entre el pasado (desierto) y el futuro (tierra prometida) es evidente. Atrás quedan los años de escases, de estrechez y de penurias. La tierra, muestra concreta del cumplimiento de Dios a sus promesas fundadas en el amor por su pueblo, ya está a la vista.  Como lo cantara Niche: “A lo lejos se ve mi pueblo natal, no veo la santa hora de llegar… ya vamos llegando me estoy acercando
No puedo evitar que los ojos se me agüen”. Es decir, se respira en el ambiente ese sentimiento que se produce cuando se está cerca de lo deseado o a lo soñado. La tierra se describe como un escenario de abundantes acuíferos, con variedad de productos agrícolas y con recursos minerales. La frase inicial “el Señor te introduce” o el “Señor te da” recuerdan que la tierra es más que una conquista… un don de Dios. El don de la tierra y su usufructo tendrá dos propósitos: el disfrute y la alabanza a Dios. Pero con el don vienen también las demandas, con el indicativo… llega el imperativo.
            En segundo lugar, no olvidar que la bendición trae consigo tentaciones o peligros, vv. 11-20. Hay dos peligros evidentes ante la entrada a la tierra: el orgullo y la idolatría. Veamos. El orgullo que, ante la prosperidad, lo hará olvidar de que en los tiempos del desierto Dios los guio (Nos olvidamos de las personas que en los momentos difíciles nos dieron la mano, nos conectaron con alguien o algo o, sencillamente, nos promovieron). El orgullo los hará pensar que ellos mismos son la fuente de sus prosperidades y bendiciones. Ellos dirán: “mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (v. 17). La prosperidad en la tierra, dice el autor, puede desarrollar un falso concepto de autosuficiencia (Prov. 18:12). Por esto, cuando sintamos que Dios nos ha bendecido, ese es el mejor tiempo para buscar al Señor como nunca antes y alabarlo por su fidelidad. El verso 18 llega a pinchar el globo del orgullo y la arrogancia al incluir a Dios en la operación y en el cuadro. Dios no dio a su pueblo la tierra para que este alimentara su orgullo, sino porque estaba decidido a honrar su palabra y el pacto. Dios cumplió, ellos no[1].
            El segundo peligro que trae consigo el don es el de la idolatría. Cuando no se reconoce que Dios es el supremo dador, generoso, solo hay que dar un paso más para buscar en otra parte el origen de los bienes y las bendiciones de la vida (Baal- agricultura). El orgullo y la idolatría terminaron destruyendo al pueblo. Lo que estaba condicionado, v. 20, no era la entrada a la tierra sino la permanencia en esta. El riesgo de perder la memoria llega en el momento en que el pueblo se sacia de los bienes que Dios le da con esta tierra fabulosa. Así, el peligro en tiempos de desierto es la negación de Dios por la amargura y la desesperanza; el peligro en tiempos de la tierra es la negación de Dios por el orgullo y la y la abundancia (idolatría). Era necesaria primero la experiencia del desierto antes del regalo de la tierra para enseñar al pueblo la humildad, la dependencia y el agradecimiento. Lo más grande e importante en la experiencia del pueblo no era “confiar en una tierra de abundante pan”, sino admitir y reconocer que “no solo de pan dependería la existencia”.
            Existe, en el texto, una relación entre abundancia (posesiones) e idolatría. O sea, la abundancia, el dinero y las posiciones son terrenos fértiles para el nacimiento de la idolatría. Qué fácil es cuando todo va sobre ruedas, cuando el éxito corona nuestros esfuerzos, cuando los resultados en cualquier ámbito son positivos, empezar a pensar que somos más eficaces, inteligentes, capaces o incluso espirituales que los demás. Tal vez no sea muy necesario explicar esto demasiado, ya que es una experiencia bastante común de los buenos tiempos. Una vez que olvidamos que Dios es el supremo dador, el más generoso, quien nos ha dado todo para que lo disfrutemos, sólo hay que dar un paso más para buscar en otra parte el origen de los bienes en los buenos tiempos. Y esto es la idolatría. Frecuentemente hablamos aquí del desastre que produce la idolatría, por lo que no vamos a insistir hoy. Pero es un tema fundamental. Seguramente, los dos peligros más importantes de la sociedad del siglo XXI son el orgullo y la idolatría. La confianza constante en Jesús será fundamental para mantenernos a raya. Pablo dice “se vivir en la abundancia”, “se vivir en la escasez”, porque todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza (Fil 4:13).  Confesemos esto constantemente, sí; pero tomemos decisiones a partir de las confesiones pues de nada sirven confesiones bien elaboradas si no van acompañadas de decisiones de vida. El culto y la celebración eucarística mantienen viva la memoria de Cristo en y por nosotros. Fin.  


[1] “Si Israel ha perdido el don del Señor es porque primero ha perdido la memoria y así se ha perdido el mismo… sin la memoria se verá incapaz  de mantener la conciencia de quién es, de la identidad que Dios le reconoce cuando lo hace interlocutor de su alianza”. WENIN, André. No solo de pan. El deseo en la Biblia: de la violencia a la alianza. Sígueme- Estella (Navarra), 2009, p. 215.  

martes, 19 de diciembre de 2017

Una navidad sinvergüenza

Una navidad sinvergüenza
Apuntes de un sinvergüenza para una espiritualidad sinvergüenza
Lc 1:5-25
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 194
El texto que nos convoca es un relato de “anunciación”[1]. Nos cuenta la experiencia de un anuncio que tiene un anunciante y un receptor. Tomo la palabra “vergüenza” porque hace parte de la declaración de Elisabet en el v. 25 y marca un patrón que atraviesa todo el relato. Esto es: el relato se construye a partir de la “vergüenza”[2]. Pero, ¿cuál es la vergüenza?, ¿cómo es que Elizabeth y Zacarías llegan a ser una pareja sinvergüenza? Veámoslo. La primera parte del texto, vv. 5-7, vamos a llamarla “la vergüenza declarada”. Aquí, en medio de un contexto político concreto, en los días de Herodes, como queriendo aterrizar la historia y la fe misma, Lucas nos cuenta el drama de una pareja: Zacarías y Elisabet, él, sacerdote y ella de tracción sacerdotal (descendiente de Aarón). Han vivido toda la vida al servicio de Dios, el templo y la fe; son justos. Representan toda una larga tradición religiosa.  Pero… no tienen hijos: ella es estéril y ambos de edad avanzada. Y es que, la esterilidad, con todos sus efectos psicológicos y sociales también visita la casa de los justos. ¿Representará esta pareja la espiritualidad estéril del templo y de la fe en su tiempo? La segunda parte, vv. 8-22, vamos a llamarla “la vergüenza solucionada”. En medio de la normalidad de un día de culto y ministración, Dios se hace presente y Zacarías, cual creyente que vive su ministerio en “piloto automático”, se asombra y se atemoriza. El ángel lo tranquiliza “no temas” y le da un mensaje de consuelo “tus oraciones han sido oídas”. Toda una vida orando y ahora… ¡sorpresa! Justo en el momento menos propicio, la vejez, y en la condición menos probable la esterilidad, Dios visita a estos viejos creyentes con un hijo.
            Zacarías responde con incredulidad, como también lo haríamos nosotros, la obra de Dios en él no está sujeta a su fe sino a la liberalidad divina (para no usar la categoría clásica "soberanía"). La mudez temporal no es castigo divino sino un acto de misericordia y una invitación a reflexionar, desde el silencio y el mutismo, en lo oído y lo prometido. La experiencia de Dios no debe infundir miedos sino que debe, en oración, superarlos. La tercera y última parte del texto, vv. 23-25, la llamaremos “la vergüenza superada”. El culto termina, Zacarías vuelve a casa… ya no habla. Es ahora Elisabet la que toma la palabra y dice que su vergüenza ha sido superada por el don de Dios. Debemos notar que, aunque el anuncio del nacimiento de Juan fue “extraordinario”, no lo fue su concepción. El estigma social se levantó, la que era llamada estéril ahora es llamada fructífera. Ahora es ya una mujer sinvergüenza. Quisiera sugerir cuatro aspectos que fundan nuestra espiritualidad a partir de este relato.
1. La esterilidad. Tomo esta palabra como metáfora de nuestra humanidad y mundanidad. La espiritualidad se vive en el terreno de lo humano no fuera de él. Mucho de nuestras prácticas de fe empiezan diciéndonos lo contrario, intentan sacarnos del terreno de lo humano, lo frágil y lo terrenal. Nos presentan como modelos de fe a hombres y mujeres “súper espirituales”, “hombres de hierro” y “mujeres maravillas”. Una espiritualidad sana empieza por reconocer lo contingente, lo humano y lo vulnerable. Reconocer, en versión paulina, que la gracia se perfecciona en la debilidad.
2. La oración. Si la “esterilidad” es el reconocimiento de lo humano, la oración es el reconocimiento de lo divino y la apertura hacia Dios y lo trascendente. La oración es el escenario en donde los temores se empiezan a superar y se posibilita una vida fructífera. Tendemos a pensar que nuestras oraciones “cambian a Dios” pero no, somos nosotros los que empezamos a cambiar en la oración a Dios. El padre nuestro dice: “que tu voluntad sea hecha en la tierra como se hace en el cielo”.
3. El silencio. Es un silencio propositivo, fecundo, que piensa y razona. Que permite elaborar y procesar lo oído más allá de la tiranía de la inmediatez y lo urgente. Pero también el silencio permite que las “voces oficiales” se callen para poder oír a los “sin voz”. Elisabet terminó hablando y Zacarías terminó callado. Los pastores nos la pasamos hablando todo el tiempo, cuándo fue la última vez que nos callamos para escuchar a los demás y ser realimentados por sus confesiones y testimonios.
4.  La celebración. Es la respuesta a la respuesta. Zacarías estuvo fecundando en su corazón por nueve meses lo que Dios había hecho. Cuando habla, lo hace para cantar, para celebrar. Solo aquel que ha guardado silencio puede después hablar y cantar. Recuperar la dimensión celebrativa de la fe es una urgencia para la misión. La peor publicidad para el evangelio es un creyente aburrido. La alegría es símbolo de la edad mesiánica, de la visitación de Dios. A Zacarías se le dice que la visitación de Dios traerá gozo. ¡Que el Señor te conceda ser un “sinvergüenza”! Fin


[1] Estos relatos tienen una estructura literaria característica: 1). Situación de los personajes, 2). Aparición del ángel del Señor, 3). Respuesta en clave de miedo o asombro, 4). Anuncio, 5). Pregunta u objeción, 6). Señal y ejecución, 7). Cierre (Cp. Mt 1:8-25).
[2] Las sociedades antiguas, del mundo mediterráneo, regían sus relaciones bajo el binomio “honor-vergüenza” (nosotros estamos más orientados hacia la culpa). Ellas asumían una fuerte orientación de grupo. La vergüenza era como un puntaje negativo, la comunidad pensaba de forma negativa hacia le “avergonzado” (Rm 1:16). Estar “avergonzado” significaba “estar fracasado”, esto se superaba dando honor.  

martes, 31 de octubre de 2017

Recordar es vivir (2)

Recordar es vivir (2)
Dt 8:1-20
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero193
También hoy nos vemos atraídos por las fuerzas del consumo, por esta cultura de la servilleta, del “úselo y tírelo”; por el criterio de la obsolescencia y la moda. Dijo Galeano: “pueblos y tierras se sacrifican en los altares del mercado internacional… la sociedad de consumo consume fugacidades. Cosas, personas: las cosas fabricadas para no durar, mueren al nacer; y hay cada vez más personas arrojadas a la basura desde que se asoman a la vida”[1]. El tiempo verbal imperativo está presente en toda la publicidades creando cada vez más insatisfacción y acrecentando la vergüenza del no tener: aproveche, lleve, disfrute, usted se lo merece, usted es nuestro cliente estrella. Urge, desde la experiencia de Dios, recordar la sentencia aquella “hoy”: no solo de pan, no solo de cosas, hay que cultivar el espíritu, la trascendencia, aquello que va más allá de lo que vemos y de los brillos de la publicidad y el mercado religioso y económico. Renunciar al simplismo que nos ha querido enseñar la “teología de la prosperidad”: “la escasez es maldición de Dios, la abundancia es bendición divina”, cayendo en la tentación de creer que “se vive solo de pan” e ignorando la fuerza de la prueba capitalizada en la formación y construcción de un carácter maduro. El asunto no es tan fácil. Volvamos al texto.
            3). Acordarse del desierto como escenario para la corrección al experimentar el amor del padre, vv. 4-6. Dios, así como cualquier padre, usa los faltantes, las carencias y la estrechez de la vida para imprimir lecciones al carácter de su pueblo. Recordemos que el desierto es, por definición, un lugar de carencias y limitaciones. Sin caminos, sin carreteras, sin tiendas, sin supermercados, sin centros comerciales, sin cajeros automáticos. De manera intencional Dios padre forma y educa. El desierto fue el salón de clases en donde Dios formó y educó a su pueblo. El mismo desarrollo biológico nos enseña lo que también debe darse a nivel de carácter y formación personal. A medida que crecemos físicamente debemos ir creciendo psicológicamente en la comprensión de la vida y nuestras realidades.  Freire expresó: “Qué equivocados están los padres y las madres o qué mal preparados están para el ejercicio de su paternidad o maternidad cuando, en nombre del respeto a la libertad de sus hijos o hijas, los dejan librados a sí mismos, a sus caprichos, a sus deseos... La educación tiene sentido porque, para ser, las mujeres y los hombres necesitan estar siendo. Si las mujeres y los hombres simplemente fueran, no habría por qué hablar de educación…”[2].
            El llamado en esta primera parte del texto, 8:1-6, es a recordar la forma en la que Dios, como peregrino también, aconteció y sucedió en medio de ellos en los duros momentos de ese pasado llamado desierto. Así, el desierto no solo es un lugar geográfico sino también un lugar teológico. El pueblo es llamado a hacer memoria y a actuar de acuerdo con ese recuerdo. Por ejemplo ¿Cuáles eran las implicaciones prácticas del recuerdo del sábado? ¿Cuáles eran las implicaciones prácticas al recordar que en el pasado el pueblo había sido inmigrante? Pero, ¿Cómo recordaba Israel? Había varios escenarios para refrescar la memoria, pero quisiera resaltar dos que tienen que ver directamente con el tema del desierto: primero estaban las fiestas, que se convertían en una pausa, un alto en el camino para recordar; pero entre estas, la fiesta de los tabernáculos o de las enramadas (Dt16:16). Aquí, la familia dejaba por unos días la comodidad de casa y salían a las afueras y habitaban pequeñas chozas o enramadas, todo esto para recordar el desierto. Lo segundo era la práctica de “la cultura de la solidaridad” (Ex 22:21; Lv 19:34; Dt 10:19). Ponerse y poner a los suyos en contacto con los sufrimientos, los vacíos y los faltantes de otros para recordar el desierto y la vocación constate al servicio. La cultura de la solidaridad no ve al otro como competencia sino como un hermano, como un escenario para el servicio.
            Todo lo expuesto hasta aquí nos permite levantar una pregunta teniendo en cuenta el ayer del texto y el hoy nuestro, ¿Por qué antes éramos tan felices con “tan poco” y ahora somos tan infelices “con tanto”? Creo aproximarme un poco a la respuesta: el nivel de percepción de satisfacción ha ido creciendo con los tiempos. La globalización ha estandarizado el proyecto de felicidad de occidente que predica, desde la profecía del mercado y la publicidad, que somos más felices entre más cosas y cachivaches tengamos. Dentro de todo este espectro globalizante encontramos: la cultura del bienestar (que engorda); el mito de la máquina que nació en la modernidad y se ha acentuado hoy con los últimos aparatos tecnológicos, este mito declara que la maquina nos ordena y sostiene la vida; la poca tolerancia que esta generación tiene al dolor y a la crítica, somos una generación de “hipersensibles”; el individualismo intimista en donde el único referente es el individuo desapareciendo así del horizonte cercano la solidaridad y el servicio.  ¿Qué hacemos? Jesús dijo: “de que le sirve al hombre ganar el mundo y perder su alma” (Mt: 16:26). Hoy, hemos ganado el mundo pero hemos perdido el alma. Hemos ganado el mundo: poder, fama, aceptación, posición. Hemos perdido el alma: trascendencia, espiritualidad, relación, afectividad, lúdica. Será importante recuperar el culto como escenario de identidad, la solidaridad y las privaciones intencionales de cosas (ligeros de equipaje, los “no”). Continuará.

[1] GALEANO, Eduardo. Úselo y tírelo: el mundo visto desde una ecología latinoamericana. Planeta-Argentina, 2004, p.13, 173.
[2] FREIRE, Paulo. Pedagogía de la indignación: cartas pedagógicas en un mundo revuelto.  Siglo XXI Editores-Buenos Aires, 2012, p. 40. 

martes, 24 de octubre de 2017

Recordar es vivir (1)

Recordar es vivir (1)
Dt 8:1-20
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero192
Deuteronomio es el libro de la recapitulación (segunda ley). Moisés ya viejo, gastado y curtido con los años, recapitula la historia, recuerda la historia a la nueva generación de israelitas que están ad portas de “poseer” la tierra prometida. La antigua generación, la que salió de Egipto, murió en el desierto y en su tumba una lápida que decía: “aquí yace la generación que pudo ser y nunca fue” (Num 26: 65). Ahora, lo que fue promesa está a punto de concretarse, lo que estaba lejos se va acercando, lo que fue sueño es realidad. No obstante, es necesario reafirmar la fe, conectar a esta generación con la historia, con su identidad, especialmente con uno de los rasgos distintivos de la experiencia del pueblo y de la teología del Deuteronomio, la elección, esta no es fruto de la conquista humana, sino por pura gracia de Dios[1]. En el capítulo 8 Moisés hace una relectura de la experiencia del desierto. No se deja guiar por la “lectura fatalista de la historia” en donde esta se dirige inexorablemente al fracaso, a la tragedia, porque así lo quiso el destino o Dios. Tampoco hay rasgos de la lectura “satanista de la historia” en donde todo lo que acontece es atribuido al diablo o a satanás. Si las cosas fueran así, entonces los seres humanos serían solamente títeres del destino o de satanás negando libertad y responsabilidad. A través de tres indicaciones temporales (presente, pasado y futuro) el viejo predicador hace la “relectura de los 40 años de desierto” y desafía a su auditorio tomar decisiones. Veámoslo.
            Primera indicación temporal: el hoy, vv. 1,11. El “hoy” más que una referencia de 24 horas es una categoría amplia que comunica presente, actualidad, contemporaneidad. El “hoy” hace que la Palabra de Dios sea vigente al igual que la respuesta o decisión del pueblo ante esa palabra (Cp. Salm 95:7). El presente, “el hoy”, es el escenario temporal en donde se toman las decisiones importantes y vitales evitando la tentación de la postergación y el aplazamiento. En el texto, “el hoy” cargado con el mandamiento a guardar aparece como amarre, como ligazón o bisagra entre el pasado (“la tierra que juré”) y el futuro (“la tierra que poseerás”). Todos estos años la palabra dada a Abraham, “la tierra que te mostraré”, ha sido el garante y el motor que los ha empujado hasta aquí (Gen 12:1-3). No obstante no debemos olvidar que la promesa tenía carácter instrumental, es decir, iba más allá de Abraham o Israel mismo, tenía la intención de “bendecir a las naciones”, sería, una nación para las demás naciones. Esta era la propuesta divina para las reparar el mundo, para componer el desorden narrado en Génesis 4-11.   
            Segunda indicación temporal: el pasado, vv. 2-6. El énfasis en esta parte del texto es la necesidad de que el pueblo “se acuerde” de su pasado como peregrino en el desierto y la forma en la que Dios, peregrino también con su pueblo, le guio. 1). Acordarse del desierto como lugar de la prueba, v.2. Midiendo el grado de entrega (Gen 22), la prueba revelaría lo mejor o lo peor del pueblo, “descubriría el corazón”. La presión constante y sostenida revelaría de que estaban hechos, revelaría sus lealtades (“si iban a guardar los mandamientos o no”), o usando el lenguaje del capítulo 6, la prueba tenía la intención de saber si amaban o no a Dios (Dt 6:4). Y es que tal vez sea fácil confesar a Dios en la claridad y la holgura del día, lo difícil será avanzar en medio de las tinieblas, cuando el camino es largo, cuando el barro aprieta, cuando las situaciones cambian (Cp. Mrc 15:33,39). 2). Acordarse del desierto como lugar de la pedagogía divina, v. 3. La prueba reorienta y enseña, viene a recordarle al pueblo lo esencial, viene a enseñarle la diferencia entre lo fundamental y lo liviano, lo light, lo pasajero y no relevante. Les ayuda a recategorizar los valores: “no solo de pan vivirá el hombre…”. La sentencia no descarta el pan, la materialidad, pero si lo relativiza considerando que existe un horizonte mayor, la Palabra de Dios. En Egipto la provisión estaba en las ollas llenas de carne puestas allí por sus victimarios, por sus verdugos; ahora, el en desierto, la provisión será dada por la Palabra de Dios (Ex 16:13; Nm 11:5). La Palabra reorienta lo material y lo pone en el lugar correcto. Recordemos que en la Biblia la comida es un asunto muy espiritual, trata de la relación con Dios y los demás (Gen 3:1-7).
            Dos tentaciones debemos evitar frente a la realidad anteriormente descrita: por un lado “la tentación materialista”, la que declara que el hombre solo vive de pan, se gasta en el aquí y el ahora, y vive para las cosas. Por otro lado, “la tentación espiritualista”, la que dice que el hombre solo vive de Palabra, solo es un espíritu que sostener negando la corporeidad y lo físico. Recordemos que este texto es citado por Jesús en la primera tentación, también como Israel, en el desierto (Mt 4:1-11).  Jesús categoriza sus valores y agenda, pone en primer lugar lo importante y en el segundo lo urgente, confía en la Palabra de Dios que sostiene y orienta. Él dice que no es hijo para merecer, meramente como privilegio especial para abusar, sino que es hijo para obedecer, como responsabilidad esencial para su  identidad. Yo creo que en el texto hay una crítica implícita a los hábitos de consumo egipcios y una observación incisiva a la provisión generosa da Dios en el desierto; la ración diaria versus las grandes ollas de comida a costa de la esclavitud y la negación de la identidad y la misión.  Continuará.


[1] GARCIA LÓPEZ, Félix. Introducción a la Biblia: el pentateuco. Verbo Divino, Estella (Navarra), 2004, p. 286

viernes, 20 de octubre de 2017

Las cinco solas… evangélicas

Las cinco solas… evangélicas
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 192
Se suele resumir la “teología de la reforma” (no “teología reformada” que a mi entender es otro asunto) en cinco sentencias aforísticas conocidas popularmente como las “cinco solas”. Estas son: Sola scriptura (“solo por medio de la Escritura”), Sola fide (“Solo por la fe Dios salva”), Sola gratia (“solo por la gracia”), Solus Christus o Solo Christo (“solo Cristo” o “solo a través de Cristo”) y          Soli Deo gloria (“la gloria solo para Dios”). La tradición de la reforma condensa en las “cinco solas” el resultado teológico de “la fractura” con roma llevada a cabo por Lutero y los reformadores paralelos y siguientes. Los herederos de la reforma protestante sacamos pecho y confesamos “¡esto es lo que creemos! ¡Esto es lo que nos identifica!”. Ahora, dado que la reforma protestante nace desde la necesidad de una autocrítica, cosa que muchos protestantes olvidan hoy queriendo reformarse criticando a otros (“Ecclesia reformata, semper reformanda”, el cual significa: “La iglesia reformada, siempre reformándose”), quisiera nombrar aquí, algunas solas, algunas creencias que identifican a los evangélicos (mixtura extraña entre protestantismo Europeo, evangelio Made in EE-UU y matices latinos), de hoy y que los hacen muy particulares.
1. Solo a través de la iglesia evangélica, o confesión evangélica, hay salvación. En palabras pocas, “solos los evangélicos son salvos”. Esto es en lo que creen muchos evangélicos, lo sienten y lo confiesan, cuando miran con sospecha o por debajo del hombro a quienes no viven y experimentan la fe como ellos. Todo aquello que no tenga el “rotulo evangélico” se mira con recelo y desconfianza, convirtiéndolo inmediatamente en “campo misionero”. Así, ignoramos al menos cuatro asuntos: 1). Que solo Cristo salva (no la institución o nominación), 2). Que el cristianismo es mucho más amplio que la experiencia evangélica, 3). Que la sentencia de San Cipriano “Extra Ecclesiam nulla salus” (“Fuera de la Iglesia no hay salvación”) hace rato está siendo revisada, 4). Que cuando un grupo declara tener la verdad y fe absolutas, ya no es iglesia, es secta.
2. Solo la “oración de fe” es camino seguro a la salvación. Nuestra tarea evangelistica, heredera de modelos foráneos, es muy pre cocida, condesada y encapsulada en formulas. “La oración de fe” entra en esta fe hecha formula. Debemos decir que “la oración de fe” es un invento contemporáneo, según se cree, nace en los avivamientos norteamericanos del siglo 19. Fue desconocida para Jesús y los apóstoles. Para Jesús, por ejemplo, lo importante no fue hacer repetir, como loros, una oración, sino propiciar encuentros, estos encuentros produjeron crisis y cambios de vida. Conozco creyentes que jamás repitieron, en sus inicios de fe, una “oración” sino que experimentaron un encuentro y cambio de vida. Siempre será más fácil hacer de la fe una fórmula para repetir cual costumbre mágica, pero el camino que el evangelio nos plantea es más largo, no sabe de fórmulas, el camino implica  “ver, acercarse, acompañar y compartir”. La predicación del evangelio es más “efectiva” cuando se hace desde los afectos, desde la familiaridad, desde la amistad.
3. Solo la lectura dispensacionalista de la Biblia es legítima.  Por dispensacionalismo entendemos al sistema teológico cristiano que afirma que Dios ha empleado diferentes medios de administración de sus planes en diferentes períodos de la historia humana, donde ha demostrado su gracia. Poniendo especial cuidado a la división entre Israel étnico y la iglesia. El dispensacionalismo es un patrón hermenéutico planteado por John Darby (1800-1882) que hace énfasis en “la interpretación literal de la Escrituras”, “el divorcio entre Israel y la Iglesia”, “las sietes dispensaciones”, “el reino milenial terrenal”, “la gran tribulación y el rapto”. En palabras pocas, lo que creemos del rapto, la tribulación y mucha “escatología ficción”, se desprende de este “modelo hermenéutico”. Frente a este modelo de leer y ver la Escritura hay alternativas más contextuales, frescas y que hacen mejor juicio al texto Bíblico y su contexto. No obstante son miradas con sospecha pues el dispensacionalismo, en muchos sectores evangélicos, es vaca sagrada.
4. Solo la versión Reina Valera 60 es la de lectura aceptada en la iglesia. La RV tuvo su origen con la presentación de la llamada Biblia del Oso. Fue publicada en 1569 y debe su nombre al principal autor de la edición original, Casiodoro de Reina, así como a su primer revisor Cipriano de Valera, esta Biblia es una traducción de la Biblia de Erasmo De Roterdam copiada de unos textos Sirios llamados "Textus Receptus". El asunto es que la RV es solo una traducción de la Biblia y pionera en el mundo hispanoparlante no obstante, parece que para muchos toda “versión” o “traducción” distinta es digna de sospecha o de rechazo. Es cierto que hay versiones con las que nos identificamos más que con otras, no obstante debemos reconocer el esfuerzo que se hace hoy para que, desde diferentes traducciones,  la Palabra de Dios sea actual o contemporánea al creyente de ahora. En Pentecostés todos oyeron la Palabra de Dios desde sus propias lenguas y en la reforma Lutero puso en manos del pueblo la Biblia en lengua vernácula (o lenguaje popular).
5. Solo quienes hablan en lenguas tiene al Espíritu Santo. Algunas tradiciones pentecostales siguen afirmando lo anterior, la verdad es que en el NT “las lenguas” son un don más dentro de toda una gama de manifestaciones del Espíritu.  Es más, entra en la categoría de “don personal y de uso privado” a no ser que en la comunidad haya interprete. Esto porque lo importante en el culto no es el show sino la edificación de todos. Para el apóstol Pablo, hablar lenguas en público sin interpretación no es sinónimo de espiritualidad sino de torpeza. Fin. 

miércoles, 4 de octubre de 2017

El fin del fin (2)

El fin del fin (2)
Pautas para la lectura de Mateo 24-25
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 191
6. Otra mención que ha generado especulación y construcciones literarias es el de los versos 40 y 41 del capítulo 24. Los versos dicen: “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada”. Por influencia de la teología escapista raptista (referente al rapto) y las novelas “Dejados atrás” de Tim LaHaye, en los versos anteriores se ha dicho que “el tomado y la tomada” es una referencia a las personas que se van al cielo en el rapto y, “el dejado y la dejada” se refiere a las personas que se quedan aquí en la tierra.  Sin embargo parece ser que esta lectura es equivoca, el verso anterior nos da la clave, el texto dice: “…y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos”. Existe un paralelo entre “se los llevó” y “los tomados y tomadas”, es decir, que el texto lo hemos estado leyendo al revés: así como el diluvio se llevó a muchos, la venida del Señor se “llevará” a muchos, es decir “los tomará por sorpresa”.  
7.  Otro tema que genera especulación y disenso es el de la mención de los “aparentes” cambios astrológicos en el sol, la luna y las estrellas. El texto dice: “Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días, EL SOL SE OSCURECERA, LA LUNA NO DARA SU LUZ, LAS ESTRELLAS CAERAN del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas” (Mt 24:29). Dada esta mención o alusión, cada vez que hay un eclipse solar o lunar, escuchamos algo de algún meteorito en relación con la tierra o asuntos parecidos, relacionamos ligeramente estos sucesos con la venida del Señor y los eventos finales que la precederán. El acontecimiento se describe aquí como una crisis ecológica; el cosmos se desbarata. El sol, la luna y las estrellas pierden su razón de ser y como tal pierden vigencia. Las potencias al ser conmovidas pierden su poderío. La lectura alternativa posible a la literalista, brevemente expuesta, es que estemos frente a un lenguaje simbólico. Ya en el AT se usaba este lenguaje para hablar simbólicamente de los poderes políticos e imperios (Is 13:10). En la antigüedad tanto a Babilonia como a Roma se los representaba como imperios resplandecientes. El símbolo del imperio romano era un sol glorioso que resplandecía en todas su colonias. Creo que la propuesta de Jesús apunta a decirle a los suyos: “todo aquello que se levanta y resplandece va a perder su brillo y su fulgor”. Esto incluye el templo.
“Pareciera que hay una relación directa entre la caída de los poderes y el resplandor del hijo del hombre. Los poderes han estado obstruyendo, obnubilando, opacando la visibilidad de los pueblos. Su permanencia impedía ver al Hijo del Hombre. Cuando caigan dejaran de resplandecer; no quedará un vacío de poder, sino que será posible ver al hijo del Hombre con gran poder y gloria… les recuerda a los sufridos de su época que ningún poder opresor, por resplandeciente e intocable que luzca se sostendrá… La caída de esto poderes para nosotros los cristianos, significa a su vez el encuentro con el Hijo, de quien vamos a disfrutar poder y gloria, por quien vamos a ser empoderados y en quien vamos a ser embellecidos”[1].  
8. El tema de la higuera ha sido también discutido, desde el dispensacionalismo se ha afirmado que la higuera es Israel. Así, debemos siempre poner siempre los ojos en Israel “como reloj profético”. No obstante esta visión no hace juicio a la visión que el NT tiene de pueblo de Dios (Ef 2:1-23). Pero otra vez, la higuera es una figura sacada del mundo de los árboles frutales para darnos una lección (Mt 24:32): el verano como expresión de vida, calor, alegría y cosecha, está por llegar. El verano es la llegada misma del Hijo del Hombre.
9. La tres parábolas, “la de los mayordomos, la de las diez vírgenes y la de los talentos”, están allí para decir no el “cuando viene” sino “como debemos esperarlo”. La fraternidad (Mt 24:45-51), la prudencia (Mt 25:1-13) y el trabajo (Mt 2514:30) deben caracterizar este “mientras tanto”. Es decir, el creyente vive el presente desde el futuro.
10. Debemos enfatizar el hecho de que Mateo no está interesado, al final de su evangelio, en la ascensión de Jesús sino en afirmar su presencia constante en la comunidad confesante. Jesús se hace presente en el rostro del enfermo, del desamparado; Jesús se hace presente en la predicación de su palabra que transforma y forma. Es importante mantener la siguiente paradoja: al que esperamos siempre ha estado aquí.
11. La escatología cristiana, parte del discurso teológico con el que generalmente se asocia el tema de la segunda venida,  ha de entenderse, no como un apéndice del discurso teológico que trata de las cosas finales, sino tal como lo afirma Moltmann “desde principio a fin el cristianismo es escatología , es esperanza, mirando y moviéndose hacia adelante y por ello también cambiando y transformando el presente… el carácter de toda proclamación cristiana, de toda existencia cristiana y de la iglesia entera tiene una orientación escatológica”.
12. El discurso escatológico de Mateo no es una invitación a la especulación, la escatología morbosa o de periódico, sino un incentivo para la misión. Lo “apocalíptico” no es sinónimo de desastre o de fin sino de principio. El futuro nos pertenece. Quiera Dios que podamos volver a leer su Palabra echando a un lado las tradiciones y temores. Fin.


[1] ATIENCIA, Jorge. Jesucristo el último hombre de la historia. Kairos-Argentina, 2000, p. 48-52.