jueves, 3 de agosto de 2017

Cristología satánica (1)

Cristología satánica (1)
Una mirada crítica a nuestras confesiones y experiencias cristológicas
Mrc 8:27-32
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero184
El título de esta reflexión, “cristología satánica”, suena extraño porque entraña, de entrada para los creyentes, una contradicción evidente, abierta, sin discusiones y mutuamente excluyente. Se supone que si hablamos de “cristología” Satanás no tiene por qué esta por allí y viceversa, si hablamos de Satanás, la cristología le es ajena, dista a kilómetros de esta. Sin embargo una lectura cuidadosa de los evangelios, especialmente los sinópticos, arrojará como resultado la estrecha relación existente, aunque criticada y desestimada, entre cristología y satanás. Entonces de esta relación “estrecha” trata este trabajo, trataré de mostrar la manera en la que la relación se da y las formas de prevenirlas, porque, aunque la relación puede llegar a darse de manera sutil y hasta con buenas intenciones no obstante, cuando aparece es criticada por el evangelio de la cruz.
            La verdad es que la relación mencionada es evidente en la experiencia de Jesús narrada en los evangelios, está presente desde los inicios de su vida pública hasta su muerte en la cruz. La primera vez que aparece es en los relatos de la tentación (Mt 4:1-11; Lc 4:1-13; Mrc 1:12-13). Generalmente se ha dicho de la tentación que lo que se le está proponiendo a Jesús es que no sea mesías, que renuncie a su vocación; sin embargo, la tentación de Jesús no versa sobre el hecho de que Jesús no fuera el mesías sino que lo fuera de manera distinta, desde el poder (instrumentalizando al padre), desde el espectáculo (imponiéndose sobre los demás) y desde la fama (afirmando el “yo”)”. Así, la pregunta a responder a la luz de la tentación no es ¿será mesías o no? Sino ¿Qué clase de mesías será? Eso hace que la tentación sea más sutil, allí es donde está su fuerza. Esta sutileza es señalada y advertida con fuerza por el evangelio; quien cae en la tentación se casa con una visión violenta y poderosa del mesías, tipo macabea, visión que afecta la eclesiología (el ser iglesia) y la misiología (el hacer misión). La segunda vez que aparece la relación mesías/satanás es en el marco de la famosa declaración mesiánica de Pedro “tú eres el cristo” (Mt 16:16; Mrc 8:29; Lc 9:20). No haré comentario alguno aquí ya que es en esta segunda declaración en donde me centraré después para la reflexión del tema. La tercera vez que el evangelio hace la relación de forma clara es en la cruz (Mt 27:38-42; Mrc 15:29-32; Lc 23:39). Jesús está crucificado, quienes pasan por el pie de la cruz lo ven como mesías fracasado pues no es coherente, no hay relación alguna entre mesías y cruz.  Y, desde el pie de la cruz le gritan irónicamente: “si eres quien dices ser bájate de la cruz”. Este desafío es un eco de la propuesta aquella al principio del evangelio: “si eres hijo de Dios…”. El mesías propuesto por satanás deslumbra, asombra; el camino que Jesús toma desencanta, decepciona. Y, no es casualidad que una eclesiología cruciforme, que tome la cruz como paradigma, también desencante y decepcione, que sus líderes también lo haga. Tampoco será casualidad de que una eclesiología fundada en el poder encante y deslumbre.
            Ahora centrémonos en el texto del evangelio de Marcos y ampliemos un poco la segunda vez que aparece la relación satanás/mesías, como ya lo había expresado (Mrc 8:27-35). El texto presenta a Jesús haciendo “un sondeo de opinión” entre los suyos preguntándoles sobre lo qué pensaba la gente respecto de él, lo que opinaban en torno a él aquellos ha habían sido afectados por su misión, por su hacer. Al parecer “sale bien librado”, los auditorios inquiridos ubican a Jesús dentro del “ranking” de los profetas más ilustres del AT: Elías, Jeremías; especialmente aquellos que ministraron en medio de grandes crisis nacionales. Pero eso no basta, por esta razón la pregunta ahora pasa del sentir general al particular, la pregunta va dirigida al grupo de discípulos que había compartido con Jesús tres años de camino, él les pregunta: “¿y ustedes, quién dicen que soy yo? Esta es la pregunta que a lo largo del evangelio había estado pendiente, es la pregunta sobre la identidad que los demonios saben y confiesan pero que los discípulos no alcanzan a responder. Ahora, ante la elaboración de la pregunta Pedro hace su famosa declaración mesiánica, este responde, tal vez recogiendo el sentir de todos: “tú eres el Cristo”. Seguidamente, en vez de contratar al mejor publicista y jefe de campaña, como debe ser, Jesús opta por el contrasentido, él les dice: “no se lo digan a nadie”. Justo cuando las pruebas están reunidas, cuando el consenso está dado, cuando las estadísticas lo indican, cuando los periódicos lo dicen, cuando es el momento para lanzar su candidatura… Jesús opta por el anonimato, el silencio, la espera. ¿Por qué? Las razones las veremos a continuación.
            Veremos tres asuntos sobre el texto y luego algunas reflexiones. En primer lugar el relato es sugestivo. Lo es por el lugar en donde la declaración acontece.  Cesarea de Filio, fue la ciudad que Felipe el Tetrarca agrandó y cambió de nombre en honor al emperador romano. Estaba situada al pie del monte Hermón y es uno de los sitios más hermosos de toda la Tierra Santa con un arroyo resplandeciente y una cueva en la base de un gran precipicio. En tiempos del Antiguo Testamento la ciudad tenía un altar dedicado a Baal (dios de los cananeos), más tarde los griegos construyeron un altar a Pan (dios de la naturaleza) y llamaron Panias al lugar. En el año 20 a.C., Herodes el Grande construyó allí un templo blanco de mármol, y lo dedicó a Augusto Cesar. Continuará. 

miércoles, 26 de julio de 2017

“¡Otro muerto en la iglesia!”

“¡Otro muerto en la iglesia!”
Una reflexión sobre la fe, la vida y la muerte en la Iglesia “Luz y Salvación”
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero183
“¡Otro muerto en la iglesia!”, esta es la frase que se escucha legítimamente en las casas, pasillos y calles de San Marcos cuando alguien fallece, y más específicamente cuando ese alguien era un cristiano de la “Iglesia Luz y Salvación”. No es para menos, en los últimos años han muerto en esta comunidad varios hermanos, no por vejez, sino por enfermedades “penosas” y accidentes trágicos. Ahora, hay varias razones que me motivan a escribir sobre el tema: una es la razón pastoral, es decir, la necesidad de traer consuelo y animo a familiares y a la iglesia en medio de sus duelos y penas; otra razón es la teológica, es decir, la necesidad de “construir” una respuesta desde la Escritura al fenómeno en mención. Pero más específicamente responder a varios “atrevidos”, los he escuchado, que frente a este fenómeno juzgan diciendo: “¡Otro muerto en esa iglesia, qué será lo que está pasando ahí!”, vinculando el fenómeno ligeramente, como casi siempre pasa con los evangélicos y los latinoamericanos con mentalidad mágica y agorera, con juicio de Dios o ataques del diablo. Quisiera proponer un camino distinto, no respuestas fáciles, al del fatalismo y diferente de aquellos que creen que la vida y la historia están en manos de satanás y no de Dios quien dijo, en la persona de Jesús resucitado, “todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra”. Daré entonces tres propuestas para “entender” y “entendernos” en medio de la crisis, el dolor y los juzgamientos.
            Primero. Es muy frecuente entre evangélicos que cuando pasa una tragedia, una crisis o un evento trágico, vincular esto rápida y acríticamente con juicio de Dios a causa del pecado de quienes reciben y viven lo trágico. Debemos tener mucho cuidado con eso, primero porque creo que el tema del “juicio de Dios” ha sido mal entendido y merece mucha más comprensión, segundo porque la silla del juez ya está ocupada, y tercero, y aquí quiero poner mi acento, por una declaración que encontramos en el evangelio de Lucas (13:1-5).  Parece ser que las personas a las que Jesús interroga pensaban teológicamente bajo el criterio de la “teología de la retribución”: “si estás viviendo esto o sufriendo aquello es porque has actuado mal”. Jesús critica esta forma de ver o pensar la realidad, el duelo y el sufrimiento. A lo que se les invita es a considerar el sufrimiento de los otros con mucho respecto y a confrontarse con sus propias vulnerabilidades tomándolo como oportunidad para revisar la vida y arrepentirse.
            Segundo. En la Biblia el dolor tiene una dimensión redentora, es decir, Dios actúa de manera misteriosa y contraviniendo nuestras formas de ver y entender la salvación, a través y en el dolor para salvar al mundo.  Veamos algunos ejemplos. El salmo 23:4 el salmista declara que su “valle de sombra de muerte” no niega la presencia de Dios sino que la afirma, él dice “tu estarás conmigo”. A nosotros nos han enseñado a disociar a Dios del dolor. La idea es como sigue: si estas sufriendo entonces Dios no puede estar y si Dios está, entonces no debes sufrir o experimentar tragedias y crisis. El salmo citado nos recuerda que el sufrimiento es también escenario para experimentar a Dios, su presencia, consuelo y dirección. Describiendo a los Gálatas su experiencia ministerial el apóstol Pablo les recuerda que el anuncio del evangelio se llevó por medio, o a causa, de una “debilidad física” (Gal 4:13). ¡Qué curioso esto! Nosotros pensamos que es desde el poder, ya sea político, económico o religioso, desde donde la tarea evangelistica es efectiva. No nos imaginamos la evangelización desde la debilidad, el sufrimiento, o la cruz. Muchos son los creyentes que piensan tener un alcalde o presidente cristiano para que las cosas cambien y el país se vuelva a Dios. Finalmente, la experiencia más significativa es la de Jesús, el siervo sufriente: El plan de Dios para salvar al mundo (Is 53): a través de un siervo (contraviniendo la política del poder y la imposición), un herido (contraviniendo la pretensión de “buena salud física”) y un feo sin hermosura (contraviniendo la estética y los criterios de belleza generalmente aceptados). Dios quiera que como iglesia no nos equivoquemos mientras pensamos y esperamos la salvación en clave de poder, fortaleza física y belleza deslumbrante, Él pasa por nuestra historia humilde, herido y bellamente distinto.  La iglesia “Luz y Salvación” ha sido herida. “Es la sierva sufriente”… ¿cómo es que vemos a Dios allí? ¿Qué nos enseña sobre la misión de la iglesia?
            Tercero. La Biblia nos invita, aunque suene curioso, a celebrar la fe de nuestros muertos y a pensar en el desafío que sus vidas y la forma en la que asumieron la fe nos hacen, a los vivos, hoy. El autor de Hebreos expone su “galería” de hombres y mujeres que vivieron y murieron en el Señor asumiendo la fe (Heb 11). A partir de esta exposición anima a los creyentes a caminar como ellos caminaron.  Así, no solo estoy invitando a deponer el espíritu de juez, a mirar a Dios en el dolor sino también a pensar en la forma en que la fe de nuestros muertos sigue viva hoy. Me preocupa el hecho, por ejemplo, de que la reflexión sobre la vida del Pastor Alfonso Hoyos  solo se resuma a un “chiste” y nada más. ¿Dónde está su legado?, ¿Qué deben saber las nuevas generaciones respecto a él?  Siguiendo la propuesta del autor de Hebreos término así: por la fe, mi buen y gran amigo, Ismael Pérez Ealo, después de haber sido declarado paciente terminal, siguió proclamando a Jesús y nos desafió a servirlo. Y, aunque perdió la visión y murió a los 35 años, su entrega al Señor sigue hablándome hoy. Murió cantando “digno es el cordero de Dios”.  Y qué decir de los hermanos Gil (Edith, José y Aurora), de Don Isma, de Camila Barreto y otros tantos. Cristianos de los cuales “San Marcos no fue digno”. Fin.  

martes, 11 de julio de 2017

La convención y yo

La convención y yo
Una reflexión sobre encuentros y desencuentros
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero182
En días pasados tuve la oportunidad de asistir, como pastor, a la 58 convención (o asamblea) nacional de la AIEC (Asociación de Iglesias evangélicas del Caribe), misión a la que pertenezco y bajo su cobertura está también la iglesia que pastoreamos en Cartagena. Según cálculos oficiales hubo en el evento más de 1.200 pastores y líderes congregados que vinieron de todo el territorio colombiano en donde la AIEC tiene iglesias. En lo personal, aprovecho este tiempo, tres días, no solo para escuchar las conferencias y oír el camino recorrido por la misión y las rutas a recorrer de cara al futuro; también tomo este espacio para encontrarme con amigos, compartir experiencias ministeriales, escuchar la forma en la que han venido creciendo, o sencillamente, hablar y reír de y con tonterías. Ahora, quiera exponer aquí tres preocupaciones que surgieron de los encuentros y diálogos tenidos con amigos y compañeros de ministerio. Lo hago a continuación, tal vez sea importante para mí solamente, tal vez sean solo preocupaciones mías, o puede ser que tú también te sientas identificado, sino es así, haga caso omiso, no se preocupe, “sea feliz”.
            Primera preocupación. Un amigo me pregunta que si aún estoy en Cartagena y yo le respondo que sí, aun pastoreo en Cartagena, y viene la pregunta… ¿cuantos miembros tienes? Yo pienso, medito, no quiero ser grosero y pasar por arrogante, pero esta es precisamente la pregunta que no me gusta que me hagan. Tomo aire, cuento hasta 10 y le respondo… “no sé”. Ahora, hay dos razones por las que esta pregunta me incomoda: 1). Porque refleja el culto a los números y la megalomanía dentro del ministerio y de la iglesia. Desde esta visión lo más importante es la multiplicación y la estadística; aquí, el “éxito” del ministro se mide en números y por el tamaño de la iglesia. Todo esto lleva a una especie de darwinismo eclesial en donde solo cuentan los “más grandes”, los “más numerosos”, “los megas”. En contraste con esto, en el NT la iglesia es grande no por lo abultado de su estadística sino cuando se parece a su Señor (Ef 4:11-17). Hoy, muchos ministros rinden culto a esta “ideología del éxito” y a la “cantidad”. 2). Porque para mí, los creyentes no son un número, son personas de carne y hueso con realidades concretas. Aquellos que ven números y no a personas terminaran sirviendo a los dioses de este mundo creyendo servirle a Dios. Yo creo que la iglesia crece, en número, cuando hay relaciones afectivas fuertes… cuando el Espíritu sopla sobre nuestros huesos secos. Pero hablar de crecimiento es un asunto y otro rendirle culto a la megalomanía. Pablo no le habla a Timoteo de multiplicación sino de influencia precisamente en medio de un contexto de deserción y abandono de la fe por parte de algunos (1 Tim 2:1-2).
            Segunda preocupación. Frente a la ceremonia de “ascenso” de varios colegas a “pastor reverendo”, un amigo me toca el hombro, como para animarme, y me dice “dentro de poco tu serás uno de ellos, también serás reverendo”. Tomo aire, respiro profundo… no quiero ser grosero, sé que hay buenas intenciones, piensa que me está honrando y animando.  Lo miro y le respondo… “no me interesa, no me define una posición, una nominación, una credencial” (aunque necesaria por asuntos de formalidades denominacionales). Ahora, qué es lo que me preocupa de esto, respecto a mi aclaro, no estoy diciendo de los demás; mi preocupación es que llegue a creer que soy “un reverendo”, que merezco reverencia y pleitesía, que saque pecho y crea que llegue a la cumbre, al éxito; imitando así los valores mundanos de prestigio, posición y poder. Mientras muchas de nuestras estructuras denominacionales y eclesiales están diseñadas, sin quererlo, para hacernos creer que avanzamos, que subimos, que escalamos, que ascendemos, el evangelio está diseñado para hacernos creer lo contrario expresado de manera paradójica así: nos invita al descenso, a la humillación, el quebrantamiento, al arrepentimiento, a tomar la cruz, a servir, a dar. En medio de una sociedad que operaba por méritos, logros, éxito y demás; Pablo invita al “descenso” porque Jesús mismo lo hizo (Fil 2:5-11). En el mismo texto en donde Pablo dice que “Dios le da la victoria” también dice que “son llevados como ovejas al matadero”, porque, tal vez, este sea su triunfo: la renuncia, la muerte, el descenso renovador y trasformador.  ¿Está mal ser “reverendo?, no si por encima de todo mantienes tu condición de “siervo”, esta es la más bella, grande y revolucionaria nominación y vocación (Mrc 10:45).
            Tercera preocupación. Entrando a Bethel (sede la AIEC) un amigo me vio manejando un carro, se alegró y me dijo: “se nota que te está yendo bien, ya tienes tu carro”. Porque razón relacionamos lo uno con lo otro, porqué el carro es un indicador de mi desarrollo y estabilidad ministerial. Pablo, desde la cárcel canta a Dios por haberlo bendecido en Cristo con toda bendición (Ef 1:3). Creo que una de las razones es porque de manera sutil nos hemos dejado seducir por mamón, porque hemos caído en la tentación del “materialismo satánico” de “convertir las piedras en pan” y olvidar el referente mayor de significado, la Palabra de Dios que orienta y transforma. Hemos recategorizado los valores poniendo lo último de primero y de primero lo último. Yo no soy bendecido porque tenga carro sino porque la gracia del Señor me ha encontrado. En la misión, AIEC, es tan bendecido el pastor que llega en su carro o el pastor que salió a la carretera en su burro; el que duerme en el hotel como el que duerme en las hamacas. Oro a Dios para que no perdamos la sencillez y lo rustico de la cruz y lo cambiemos por las coronas brillantes de los poderosos de este mundo. Que podamos decir como Jesús ante el poder, el espectáculo y la fama: “apártate de mí satanás…”. Fin… y a ti ¿Qué te preocupa? 

miércoles, 7 de junio de 2017

Jesús: encuentro y crisis (2)

Jesús: encuentro y crisis (2)
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero181
Pablo también (Saulo en hebreo) experimenta su crisis en “el camino a Damasco”, cuando iba en busca de cristianos para asesinarlos creyendo que hacia la obra de Dios. Allí, en el camino, se encontró con su perseguido y cayó a tierra. Jesús se le presenta como la “victima” (“Yo soy Jesús a quien tu persigues”) de la persecución paulina, Jesús es uno con la comunidad sufriente y perseguida. Pablo sale de este encuentro reorientado, pasa de perseguidor a perseguido. Su vocación será una transversada por el sufrimiento no obstante será un sufrimiento fecundo, como el de su Señor. La voz que lo convoca no le augura grandes éxitos, por lo menos a la manera del mundo, lo empuja hacia la comunicación de la fe en el mesías a otros. Tiempo después, escribiendo a sus amigos filipenses, Pablo confesará que el encuentro con su salvador generó una crisis tal que todo aquello que lo llenaba, que le hacía sacar pecho, que todos sus logros y éxitos… los había echado a la canasta de la basura porque había encontrado un referente mayor de significado para su existencia. Llama la atención que muchos líderes eclesiales de la actualidad estén reciclando, sacando de la basura, aquello que Pablo botó: los prestigios personales, los puestos y cargos eclesiales, los mesianismos políticos, los ascensos  ministeriales (comunitarios o personales); optando así por “una cristología de ascenso y poder” en vez de “una cristología de descenso y cruz”. Los recicladores están muy contentos viviendo entre su basural y su montón de desechos.
            El joven rico vive su crisis, quiso esconder su falta de solidaridad y fraternidad en declaraciones dogmáticas y cumplimientos rituales. Vivía su fe como muchos hoy, en función de la doctrina y las confesiones “ortodoxas” de fe, muchas veces confesiones denominacionales; pero no se vive la fe en función de la misericordia y la solidaridad, cayendo así en una especie de eclesiolatría y doctrinolatría. Como lo advirtió Juan Mackay: la doctrina puede convertirse en un ídolo y llevar la experiencia de fe a una esterilidad, insensibilidad e indiferencia. Así lo dijo: “los que tratan de vivir de ideas dejan de crecer; pierden carne, pierden sangre, resultando a la larga seres esqueléticos, esquematizados”[1]. El joven rico no poseía bienes, los bienes lo poseían a él; no tenía cosas, las cosas lo tenían. Se sentía cómodo hablando de Dios hasta que la referencia al prójimo lo incomodaba; hasta que tenía que hablar sobre las consecuencias sociales y fraternas de sus riquezas y sus bienes. Ante el desafío de Jesús el joven se fue triste porque no quiso reencontrarse con el pobre, con el necesitado; prefirió seguir viviendo para mamón, este es el antizaqueo. “No se convirtió al prójimo”, diría la teología de la liberación. Perdió la oportunidad (por decisión propia no por elección divina) de experimentar y vivir el reino a plenitud al salir del “mi” y encontrarse con el “tú”. Como nos lo enseñó la antropología filosófica: “descubro quien soy descubriendo quien eres”.
            La Samaritana por su parte, vivió su crisis al encontrarse con un hombre, con Jesús, en el pozo aquel a plena luz del día, mientras que el religioso y teólogo Nicodemo viene a Jesús de noche, esta mujer se encuentra con Jesús de día. La conversación que genera este encuentro va desarrollando y descubriendo a ambos personajes, por ejemplo: Jesús inicia siendo solo un judío en medio de una conversación sobre historia de tradiciones y conflictos étnicos; luego Jesús aparece como profeta a través de un dialogo sobre la vida “sentimental” de su interlocutora. Ella se siente descubierta por la palabra de Jesús y declara: “eres profeta”. Jesús es profeta no porque le adivine el futuro a la Samaritana sino porque su palabra la ha descubierto, la ha desnudado, la ha encontrado. Finalmente, Jesús es el mesías que discute sobre la “geografía de la adoración”. La mujer queda asombrada porque se encontró con uno que sabe todo  de ella y a pesar de eso la ama. Ella vive su crisis y sale reorientada; deja su cántaro porque ha encontrado una bebida superior e invita a los suyos a beber también de esa agua. La mujer no es capaz de quedarse con la noticia de su “descubrimiento” para ella. La mujer pasa “de prostituta a evangelista” porque la gracia de Dios en Cristo es más grande que todos nuestros quiebres juntos y que todos nuestros prejuicios sociales y religiosos.
            Y qué decir de aquella mujer que se salvó de ser lapidada pues fue encontrada en el acto mismo de adulterio (¿y porque no trajeron también al hombre?). Los religiosos traían la ley en una mano y las piedras en la otra para acabar con la humanidad de la pecadora. Pero Jesús trabaja desde una lógica distinta desde la lógica de la misericordia y el amor. No es la misericordia del “todo se vale” sino la que acoge y abre escenarios para la transformación y el cambio. La dureza de Jesús no es para la pecadora sino para los religiosos que se creen libres de pecado. Con la sentencia que les da, deja también descubiertos sus corazones y con las ganas de apedrear a alguien. El maestro les quita la máscara que cubría sus rostros. Los ha sacado del anonimato y de la vil complicidad de grupo para poner a cada uno frente a su propia conciencia. Los obliga a mirarse dentro, a superar el hábito de mirar siempre los defectos de los otros para evitar ser interrogados por sus malos procederes. Ella vive su crisis al encontrarse con Jesús y al escuchar su sentencia: Mujer, yo no te condeno, vete y se libre. Vuela alto mujer, vuela alto”. Fin. (Déjese encontrar por él, viva su crisis).


[1] MACKAY, Juan A. Realidad e idolatría en el cristianismo contemporáneo. Kairos-Argentita, 2004, p. 21. 

martes, 23 de mayo de 2017

Jesús: encuentro y crisis (1)

Jesús: encuentro y crisis
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero180
“Encuentros”, eso es lo que descubrimos en los evangelios. Los evangelios no son áridos tratados de teología sino relatos de los encuentros entre Jesús de Nazaret y una serie de personajes de su tiempo y su cultura: hombres y mujeres; intelectuales y mendigos; reyes, gobernadores y sacerdotes; judíos, samaritanos y griegos. Ahora, todo encuentro con Jesús generó crisis, un choque  de sabores y sinsabores. Es lo que Pablo afirmó: “si alguno está en Cristo… es una nueva creación” (2 Cor 5:17). Estar en él, saberse en él, vivir en él; no es solo una experiencia periférica de cada ocho días sino un cambio central de vida que afecta todo lo que somos.  Veamos. 1). En la sinagoga quisieron apedrear a Jesús porque este olvidó, intencionalmente, en su lectura de Isaías hacer mención del “día de la venganza” asunto importante para su credencial mesiánica y los ánimos nacionalistas de su tiempo. Jesús solo anuncio desde el viejo texto de Isaías “la novedad del año de gracia”, optando así, para sus escuchas, ser un predicador “exegéticamente incorrecto”.  Quisieron “vengarse” del predicador porque este no predico sobre “la venganza” (Lc 4:16-30). Este encuentro genero crisis.
            2). Zaqueo, marginado religioso y moral, fue atraído por curiosidad y su encuentro con Jesús generó una crisis. Descubrió que la verdadera pobreza esta en cerrarse a los demás siendo rico y que la verdadera riqueza está en darse a los demás y servir a los otros con lo que se tiene. Tal vez, la estatura pequeña sea una metáfora de la condición en la que se encontraba. Este encuentro con Jesús afectó la visión que Zaqueo tenía sobre las posesiones y los bienes materiales. Este encuentro afectó “negativamente” sus finanzas, causo un detrimento patrimonial; provocó una conversión “financiera”. Tal vez tuvo que vender uno de los dos camellos que había comprado, tuvo que sacar a su hijo de la mejor escuela (tipo bilingüe) que había y tuvo que renunciar a esas vacaciones familiares por el mundo  del mediterráneo (Lc 19:1-10).  Así, Dios “acoge a los victimarios para que cambien; no los justifica ni pacifica, pero si los invita a restituir, a recomponer la relación rota con sus hermanos, a quienes llegaron a convertir en víctimas y sufrientes de sus acciones”[1]. Me imagino la cara de los religiosos,  los hipotecadores de Dios, al escuchar decir a Jesús que este publicano “recién convertido” y que acababa de dar muestras de su cambio reparando a sus víctimas… era ahora “hijo de Abraham”.
            3). El tentador por su parte vive su crisis al encontrarse con Jesús, vive su frustración a hallar en el desierto, en el alero del templo y en el monte alto a uno que no actúa de acuerdo a los patrones de éxito y prestigio mesiánicos del momento. El tentador se encuentra con uno que tiene una escala de valores distinta: que no se deja llevar por la “tiranía estomacal” resistiendo instrumentalizar a Dios, de usar a Dios para su propio beneficio como su no hubiese más horizonte que el material; resiste la idea de un mesianismo con el prestigio de la espectacularidad apabullante en tomando el camino de un mesianismo anónimo y oculto en el servicio desinteresado a la condición humana; se opone a la idea de la misión hecha en “clave del menor esfuerzo” y negar así su adoración a Dios como absoluto (Mt 4:1-11). Sin embargo el tentador frustrado no se da por vencido, porque el mal tiene el talante de la terquedad: el seductor se acerca a la cruz, contempla al rey herido, fracasado y le sugiere bajarse, vengarse de sus enemigos, demostrarles a todos sus credenciales; pero que va, se percata que el crucificado (por más crucificado que este) no sigue la lógica de la venganza, no opta por la ley del odio sino que decide seguir amando y perdonar. ¡Qué frustración!  La tentación, valga aclarar, se presenta como opción, como propuesta o alternativa al camino de Dios, y no como una fuerza que limita nuestra capacidad de decisión. Como lo expresaría Santiago: “el mal es resistible” (Sant 4:7).
            Pedro por su parte, quien lloró amargamente por haber traicionado a su maestro y amigo, sufre, después de haber escuchado el silbatazo final, la crisis de saberse amado por su víctima, de saberse convocado, en tiempo extra, a la misión mesiánica. Entendió que la vida no la define un fracaso, que muchas pérdidas son catalizadores para las mejores ganancias, que Dios sabe construir bellos edificios a partir de los escombros y desechos (1 Ped 2:6); entendió que la cruz es el camino y no una opción. A Jesús le había invitado a “evitar la cruz”, tiempo después, ya viejo y gastado con el paso de los años y liberado por la dinámica del perdón y la misión, le escribe a los suyos diciéndoles que asuman la cruz, que no la eviten; que la cristología sufriente y solidaria debe dar como resultado una eclesiología sufriente y solidaria (1 Ped 2:21). Y es que el encuentro con otras personas es fuente de luz, fuente de sentido porque el otro siempre está ante mí de modo apelante. Ahora, lo único que hace posible una eclesiología sufriente y solidaria  para una sociedad que llora y gime a causa de la destrucción entre hermanos, es volvernos a sentar a los pies del Maestro de Galilea, aceptando el desafío de ser convocados (como Pedro) hasta allí, escuchar su voz y retomar su Evangelio como agenda de existencia humana. Debemos caminar animados por el mismo Espíritu que lo guió a Él. Eso es posible porque partimos de su promesa y no de nuestros anhelos frágiles. Así experimentaremos la renovación, esta tiene que ver con devolver la esperanza quebrada, recordar los sueños olvidados, resucitar la alegría enterrada, es que el Espíritu sople de nuevo sobre este valle de huesos secos y levante otra vez un poderoso ejército al servicio de su reino. Continuará.


[1] LUCIANI, Rafael. Regresar a Jesús de Nazaret: conocer a Dios y al ser humano a través de la vida de Jesús. PPC- Madrid, 2014, p. 34. 

martes, 16 de mayo de 2017

¿Político yo? (2)

¿Político yo? (2)
Notas para la comprensión de una experiencia de fe situada
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero179
Segundo. La siguiente dimensión desde en donde ubico lo que pienso, predico y escribo (con tintes o posturas políticas para algunos) es la homilética. La homilética responde a la pregunta ¿cómo comunico esa verdad de ayer al auditorio de hoy? Tiene que ver con la forma en la que trato de conectar a la gente, a la iglesia durante y después de la predicación. Como bien lo ha expresado el Profesor Milton Acosta… “cómo te lo digo para que no se te olvide”: los autores de la Biblia no solo escogieron que decir sino el cómo decirlo de modo que quedara grabado en la mente de sus auditorios y que de esta manera pudieran recordar el mensaje día a día; pudieran encontrarse con “el sermón” al ver las noticias, al salir a la casa o sencillamente al vestirse. Lo que hago muchas veces es conectar, especialmente a través de los títulos de las predicaciones, a la gente con los eventos noticiosos, culturales, sociales y políticos del país; lo hago así dado que las personas a las que ministro están ubicadas, son interrogadas por todas estas realidades, pero mostrando a la vez, a  la luz del evangelio, un sentido más profundo y radical. Es lo mismo que hace la Biblia, un texto que no habla verdades abstractas para personas de todos los tiempos sino cuestiones concretas para gente de un tiempo concreto.  
Por ejemplo. 1). Para el 20 de Julio, DÍA DE LA INDEPENDENCIA, hemos establecido en la Iglesia un día de ayuno, a este le llamamos “NO A LA INDEPENDENCIA”, así, partiendo de un evento político e histórico nacional llegamos al evangelio que en Juan 15:1-11 nos va a desafiar diciéndonos que separados de Jesús nada podemos hacer, proclamamos a partir de aquí nuestra DEPENDENCIA. 2). Hace años durante la critica que se hizo a una iglesia en Colombia junto a su movimiento político MIRA, prediqué  desde esa coyuntura  Marcos 13 llamándolo así: “El movimiento MIRA, de la política a la escatología”. Así lo hice porque estructuralmente el texto me plantea tres “mira” y me muevo desde la coyuntura política ampliamente conocida esa semana al evangelio desconocido de esa semana conectando así a la gente con el mismo. 3). Recientemente con la subida de TRUMP al poder político y dado su talante brabucón hice el siguiente comentario: “El modelo de liderazgo que se construye y se impone a fuerza de TRUMP-ADAS no toma como modelo a Jesús”. No estoy haciendo política; no, estoy tomando un referente político para hablar del evangelio. No obstante, en FACEBOOK la mayoría de comentarios que me hicieron tenían tintes políticos, es decir, no se entendió el grado de ironía y humor, pues, como  suele suceder, priman más las emociones que los argumentos[1].  4). En días anteriores en el marco de la marcha político religiosa que se llevó en el país y aprovechando la predicación del primer cantico del siervo en Isaías dije: “LA ANTI-MARCHA DEL SIERVO DEL SEÑOR” (Is 42:1-9). El siervo es un ministro de la JUSTICIA, sus métodos son silenciosos, no violentos, “no marchará en la calle” (v. 2).
Ahora, lo que hago no es original, no es invento mío, lo tomo de la forma en la que la Biblia lo hace. Veamos. 1). Un día cualquiera frente a una pregunta capciosa Jesús toma una moneda, la moneda del imperio, y confronta a sus oponentes con el evangelio a partir del rostro del emperador que estaba en la moneda (Mt 22:15-22). 2). Usando las categorías imperiales del triunfo y la victoria sobre los enemigos, Pablo dice que Cristo despojó a las potestades y las exhibió públicamente al triunfar sobre ellas en la cruz (Col 2:15). Vuelve y juega: un evento político e imperial se convierte en plataforma para comunicar el mensaje del evangelio. Para describir la segunda venida de Cristo Pablo usa también las categorías del imperio para hablar, no de la llegada del emperador a unos de sus territorios, sino la llegada del verdadero rey a su creación (1 Tes 4:16). 3). Cuando Jesús dice “mis paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da…” (Jn 14:27), habla a personas que sabían lo que él decía. La frase “no como el mundo la da”, es una clara alusión a la “pax romana” o “pax Augusta” de la que gozaba el imperio pero que se sostenía por la fuerza de las armas y el militarismo. 4). Jesús conecta y convierte la naturaleza en fuente para comunicar su mensaje (Mt 13:1-12). Todo esto para decir que la fe es una experiencia situada y ubicada, no pretendamos entonces “desencarnarla”, volverla abstracta y etérea solo por comodidad reduciéndola a su mínima expresión individual y sin ninguna afectación en lo cotidiano.
Tercero. La otra dimensión desde en donde ubico lo que pienso, predico y escribo (con tintes o posturas políticas para algunos) es la pastoral. Esto quiere decir que en la predicación debo tratar de ministrar las necesidades de la congregación o auditorio. Con lo anterior no quiero decir que debo dar a la iglesia lo que ella quiere escuchar sino lo que necesita oír. Lo primero me obliga a estar sofocado por la tiranía de lo urgente, los caprichos personales y los criterios del marketing; lo segundo me mantendrá enfocado en el texto bíblico y lo que Dios comunica a su pueblo a través de este. Parte de mi tarea es ser relevante frente a las distintas circunstancias que aquejan a la iglesia; es decir; “tener las necesidades  de la congregación grabadas en mi corazón”. Para esto necesito estar ubicado aquí y ahora, necesito conectar el domingo con el lunes, necesito ser “político” para no traicionar al evangelio (El que lea entienda). Fin.

lunes, 8 de mayo de 2017

¿Político yo? (1)

¿Político yo? (1)
Notas para la comprensión de una experiencia de fe situada
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero178
El libro de Proverbios, capítulo 12 versículo 1, declara: El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante”. He dicho muchas veces, en distintos lugares y a distintos auditorios que, a la luz de este  texto, lo que nos permite mejorar y crecer, entre otras, es la crítica sincera de las personas que están a nuestro lado y que ven, a veces, lo que nosotros no vemos de nosotros mismos. Es decir, crecemos al ser corregidos, al ser interrogados.  En días anteriores varias personas, entre hermanos en la fe y amigos, me han dicho que por qué tomo X o Y postura política en mis publicaciones y predicaciones. Frente a esto, he aceptado el desafío de ser interrogado pero  también la responsabilidad de responder, de poner el telón de fondo conceptual, teológico y Bíblico desde donde predico y hablo algunos asuntos que parecieran tener tintes “políticos” (según el entendimiento general de esta nominación).
            Es necesario tener claro que el término “político” y su relativa experiencia tiene al menos dos acepciones, así lo entiendo yo desde el “zoom politikon” aristotélico. Es decir, desde el hecho de que el hombre es un “animal político”, un habitante de la “polis” (ciudad) y como tal todo lo referido a ella le interesa y lo interroga. 1). Entiendo la experiencia política como el interés en todo lo público, todo lo relativo a la sociedad y sus tramas. Nadie puede renunciar a esta dimensión, hacerlo es casi renunciar a ser humano. 2). Entiendo “política” como esa parte estructural que toma el estado de derecho y que convoca a ello a personas para que administren la “cosa pública”. Aquí entonces entra el “hacer político profesional” con todas sus bondades y maldades, las dinámicas del manejo del poder y el acceso, por vía democrática, a este. Entonces, a la luz de esto, yo soy político según la primera acepción, pero no político de acuerdo a la segunda aclaración, no estoy interesado en serlo, aunque entiendo que esa dimensión me afecta y no deje por ello de criticarla y aludirla, así como ella me crítica y me alude. Así, cada ser humano, cada creyente es entonces un “político”, esto, si pretende vivir su fe situada y no negar el modelo misionero propuesto por Jesús: “como el padre me envío yo los envío a ustedes” (Jn 20:21). A la luz de lo anterior las tres siguientes declaraciones.
Primero. Asumo, desde la cristología (lo referente a Cristo), que Jesús fue un hombre “situado” en la historia, con ello quiero decir que interactúo con un tiempo, un espacio y una cultura concretas. De acuerdo a esto, y asumiendo su misión como mesías, su mensaje no versaba  sobre “cómo prepararse para ir al cielo y abandonar a este mundo”, sino sobre “cómo prepararse para recibir al cielo y transformar a este mundo”. Por ejemplo, Jesús nos enseñó a orar “hágase tu voluntad en la tierra…”, asumiendo así el riesgo de poner a dos reinos en contraste; el de Dios y los de este mundo. Los judíos de su tiempo, deseosos de liberación y expectantes por ello, lo sabían bien. Jesús dijo en otra ocasión, curiosamente en el gran discurso misionero de Mateo 10, “no penséis que he venido para traer paz…”. No quiso decir que su reino no fuera un reino de paz (Mt 5:7), no; solo que no fue ingenuo. Sabía que su mensaje y posturas lastimarían, “sacarían ronchas”, incluso, descuadraría ese núcleo fundamental de la sociedad; la familia. Claro está, esto es difícil de entender para los evangélicos que, a partir de la influencia gnóstica y platónica, han dividido el mundo en dos: el espiritual y el secular. Piensan, quienes asumen esta dualidad, que Jesús fue un gran maestro iluminado que predicaba cosas bonitas y “espirituales” y que en efecto, la salvación tiene que ver con ir de este mundo a otro en el cielo azul. Pero no hay más grande mentira que esa, y es grande púes desdibuja a Dios, pervierte a Jesús, no entiende su mensaje; niega la encarnación y su efecto escatológico sobre lo creado. El mensaje de Jesús no era neutral, puso con los pelos de punta a la religión y al imperio romano; su mensaje tenía que ver con asuntos muy terrestres, muy “mundanos”;  muy “políticos”.
Sería bueno recordar que la crucifixión de Jesús fue un acto político. La cruz estaba reservada para los sediciosos, para los revolucionarios, para aquellos acusados de traición al imperio y que se atrevían a desafiar su poder omnímodo (Jn 19:15). Claro está, Jesús no pretendió tomarse el poder ni ocupar la silla de Pilatos o Herodes, no; su pretensión fue fundar una comunidad alternativa, la comunidad mesiánica. Por ello, la escena decisiva allá en Jerusalén hace 2000 años, que invitaba a decidir entre Barrabas y Jesús no se clausuró allá y entonces. Esta escena es el paradigma o modelo de como la iglesia hoy sigue decidiendo entre dos modelos de ser mesías: Jesús, el hijo de Dios, cuyo proyecto estaba fundado en la misericordia, la entrega y la “no-violencia”, ese día se lo veía herido, débil, indefenso... impotente.  Por otro lado Barrabas (hijo del padre) quien no era un vulgar ladrón sino un sedicioso que encarnaba un proyecto liberador, mesiánico, fundado en la violencia y en la “hermenéutica macabea” de la historia de la salvación, ese día se lo veía, fuerte, decidido, aguerrido… imponente.  Por eso, creo que sería bueno  preguntarnos una y otra vez ¿queremos ser la iglesia de BARRABAS o al iglesia de JESÚS? Así, Jesús no “participó en política”, en términos profesionales; pero si “participo en política”, en términos generales: su mensaje tuvo profundas implicaciones sociales y políticas. Por esto creo que cuando el mensaje, mi predicación, se vuelve concreta, tiene que ver con la gente, la vida real, las cosas del día a día, alude e interroga la cotidianidad desde la cruz… tengo dificultades, saco ronchitas, pongo al auditorio en aprietos. No creo, así como Jesús tampoco lo creyó, en la neutralidad. La fe es una experiencia situada y ubicada. Continuará.