martes, 25 de abril de 2017

Don Dinero (1)

Don Dinero
Lo que los predicadores de la prosperidad no dice pero el evangelio si advierte
1 Timo 6:5
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero176
Dicen algunos predicadores de la prosperidad que la razón por la que ellos “predican tanto sobre el dinero” es porque la Biblia habla por todos lados respecto a este. Tienen razón, hasta cierto punto; en efecto la Biblia habla mucho de dinero, pero la gran mayoría de veces lo hace advirtiendo sobre el poder engañoso y corruptor de este. No solo la Biblia, AT y NT, habla de ello sino que también la historia de la iglesia nos lo dice: la venta de indulgencias (la compra y venta de los favores de Dios) y la simonía (la compra y venta de cargos eclesiásticos), en la edad media, son tal vez los ejemplos más claros de lo que venimos hablando. En la actualidad la forma más clara y evidente es la llamada teología de la prosperidad; desde esta elaboración teológica, los mercaderes de la fe ofrecen las bendiciones de Dios a cambio de dinero o de “Don Dinero”, como diría Fernando Cruz Kronfly. La presente reflexión tiene como propósito mostrar y comentar algunos textos representativos que desde el evangelio critican a “Don Dinero” y a todos los que ante él se postran. Veamos.
            Primero. El texto más representativo del evangelio que toca de manera profunda y radical el tema del dinero es el de Mateo 6:24. Sin medias tintas Jesús ubica el tema dentro de un plano religioso y confesional: “no pueden servir a dos señores”. Se sitúa aquí este discurso junto aquellos que en el AT invitaban al pueblo a tomar decisiones radicales frente a los ídolos y Yahvé (Jos 24:15). Contraviniendo aquí toda actitud ecléctica y de tolerancia a ultranza, Jesús invita a revisar los valores y la ubicación del corazón a partir del “servicio a Dios” o del “servicio a Mamón” (dios Sirio de las riquezas). El asunto es claro: “…todos sometemos nuestro corazón a alguna clase de amo. Nadie se escapa. Ningún corazón va a vivir libre. El corazón de cada uno de nosotros es gobernado por algo, y aquello que gobierne determinará nuestros pensamientos, deseos, decisiones, palabras, acciones y emociones”[1]. Siendo así las cosas, hay dos amos compitiendo por nuestros corazones: Dios y Mamón. Cada uno te ofrece esperanza, vida y paz, pero solo uno de ellos puede dártelas. Ambos te dirán que es la vida y en que es importante que te enfoques. En el contexto amplio de la crítica de Jesús se nos dice que “el servicio a Mamón” está caracterizado por el “afán y la ansiedad” por obtener aún lo básico: “comida, vestido y bebida”. Pero que el “servicio a Dios” está caracterizado, no por negar lo básico, sino por soñar el sueño de Dios caracterizado por la justicia (Mt 6:33)[2]. La justicia, no es tanto una categoría legal, sino más bien moral, ética y cultica; es lo que Dios espera de su pueblo: es “la conducta apropiada delante del padre… es hacer la voluntad de Dios… tiene que ver con Dios y el prójimo. Se manifiesta como fe en la participación activa de Dios en la historia”[3].
            Segundo. Otro texto también representativo para el tema es el de 1 Timoteo 6:5, allí Pablo vincula el tema del dinero también con los efectos y las lealtades. El “amor al dinero” como lo cataloga el autor en el texto, no es un asunto pequeño y trivial: es la raíz de todos los males.  Es decir, que no hay ningún tipo de mal que la persona no este dispuesta a hacer con tal de conseguir el dinero y retenerlo. Cuando escuchamos hoy los grandes escándalos de corrupción en el país y seguimos las noticias nos damos cuenta de que en todos ellos “Don Dinero” ha estado mediando. “Don Dinero” se levanta como “dios”, como ídolo que exige cada vez más adoración dejando consecuencias funestas por su culto. “Los templos están cada vez más vacíos y menos frecuentados, pero las ventanillas de los bancos trabajan sin cesar. Lo único que desde la marcha triunfal del american way life por todo el orbe hemos hecho es danzar ininterrumpidamente en torno al becerro de oro y postrarnos con creciente devoción ante Mamón”[4]. Ahora, mirando ampliamente el contexto de 1 Timoteo 6:5 podemos decir que el problema del amor al dinero no es de gasto excesivo sino, al menos, por cuatro “problemas”: 1). Un problema de contentamiento o satisfacción (“gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”). El descontento es el terreno fértil para que el amor al dinero crezca. Es un problema del corazón y la publicidad lo sabe bien, por ello siempre está creando necesidades e imponiéndonos estilos de vida. El descontento casi siempre va acompañado de su amiga la envidia. 2). Un problema de identidad (“… nada hemos traído a este mundo”). Esto está vinculado al olvido de quienes somos y que es fundamental en esta vida. El amor al dinero se pone junto a un estilo de vida que olvida la eternidad y el carácter transitorio del orden presente de cosas. Continuará.


[1] TRIPP, Paul David. El sexo y el dinero: los placeres que te dejan vacío y la gracia que te satisface. Faro de Gracia-USA, 2014, p. 175.
[2] Si el servicio a Dios está caracterizado por la “justicia”, el culto a mamón debe estar caracterizado por la injusticia y la inequidad. “El culto a mamón  es el de los más cruentos. Huérfanos, pobres, viudas, emigrantes, débiles, miserables, incluso los mismos padres aparecen en los textos proféticos como víctimas del deseo de enriquecerse. Pero las victimas de mamón no solo son las personas, también encontramos  enumerados la justicia, el derecho, la misericordia, esos intereses de Dios  través de los cuales se regula las rectas relaciones entre los hombres… (Jr 6:9-30; Ez 33:30-33)”. SICRE, José Luis. Introducción al profetismo de Bíblico. Verbo Divino-Estella (Navarra), 2001, p. 389.
[3] BOSCH, David J. Misión en transformación: cambios de paradigma en la teología de la misión. Desafío-Michigan, 2005, p. 100.
[4] SAÑA, Heleno. La ideología del éxito: una lectura de la crisis de nuestro tiempo. PPC- España, 2016, p. 86. 

martes, 18 de abril de 2017

Jesús es VERBO no SUSTANTIVO

Jesús es VERBO no SUSTANTIVO
Apuntes para la praxis de la fe
1Jn 3:16
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero175
 “Jesús hermanos míos es verbo no sustantivo”, así reza el estribillo de la canción  “Jesús verbo no sustantivo” del guatemalteco Ricardo Arjona. Es fácil de determinar su significado: la fe en Jesús, como el verbo en la oración, es acción, se expresa en actos concretos de vida. Santiago va a decir que la fe que se expresa correctamente “creer y temblar” pero no se práctica concretamente… es demoniaca (Sant 2:19). Me temo que hay muchos “poseídos” entre nosotros, hay muchos con una fe demoniaca. Especialmente en nuestros días, esa fe que se indigna desde la virtualidad por el hambre de los niños de áfrica pero que no se mueve desde su realidad por el hambre del vecino. El texto que nos ocupa hoy para nuestra reflexión se encuentra ubicado en una sección más amplia desde y en donde el autor quiere dejar en claro lo que significa el amor mutual en la comunidad (3:11). Esta realidad es un asunto que se ubica en el plano de lo recibido “lo que hemos oído” y lo aleja del escenario y la tiranía de la novedad “desde el principio”. Desde aquí el autor presenta dos modelos: el modelo de Caín como la antítesis del amor y la concretización de la violencia (vv. 12-15)[1] y el modelo de Jesús como la muestra concreta del amor y la recuperación de la solidaridad (vv. 16-18).
            Juan afirma, pasando al modelo de Jesús, que el amor se conoce no por las elaboraciones teóricas y suspiros emotivos, sino porque se hace concreto en la donación de la vida. La vida de Jesús entregada en acciones de liberación, de sanación y salvación fue la muestra concreta del amor de Dios puesto al servicio de su creaturas. La fuerza de la prueba del amor de Dios, según Juan,  no es etimológica, sino cristológica. No está en la elaboración de un concepto a partir de una palabra,  del término griego para amor por ejemplo usado aquí (ágape), sino en la toma de una decisión concreta, en un momento histórico puntual y con escenarios religiosos y políticos específicos. Dios expresó su amor en un acto concreto de su voluntad; envío a su hijo para la liberación de nuestra condición pecaminosa; de esta manera, LA FUERZA NO ESTÁ EN EL SUSTANTIVO (AMOR) SINO EN EL VERBO (DAR). Pero este “auto sacrificio”, este darse de Jesús, no es simplemente una revelación del amor que debe ser admirada y contemplada; es un ejemplo que debe ser imitado. Por la influencia de la teología anselmiana los cristianos no logran conectar la pasión con la misión. Debemos recordar que Jesús no murió para evitarnos la cruz sino para enseñarnos como tomarla y morir también. Lo anterior conecta con el prólogo (1Jn 1:1-4), este no es solo arreglo literario, estilístico y pauta hermenéutica, sino también criterio relacional y fraternal: sí Juan renuncia a la “cristología aséptica” de los gnósticos, como ya lo afirmamos, como resultado de esto, renuncia también a la “eclesiología aséptica”. La iglesia es, o debe ser, la comunidad de los “tocables, los audibles y los visibles”. Si Cristo fue una experiencia concreta y relacional, también debe serlo mi hermano y la comunidad cristiana. Para la comunidad Juanina el peligro era “la eclesiología aséptica”, peligro latente hoy y representado en la cultura de la “cibercultura”, a través de las redes sociales. 
            Juan, para no dejar el asunto en el terreno de lo ambiguo, afirma que los “bienes de este mundo” son fuente de servicio y de expresión de la forma en la que se asume en el día a día la pasión de Cristo (v. 17). El amor de Dios y a Dios nos compromete porque finalmente es la solidaridad la que nos hace creíbles. Ahora, si conectamos a los “bienes de este mundo” con lo que ya expresó: “no améis a este mundo” (2:15), tendremos la siguiente apreciación: Tal vez el “amor al mundo” tiene que ver con la no capacidad de discernir el carácter temporal del mundo y sus bienes y el carácter servicial de estos. No quiere decir esto que el creyente no puede poseer cosas, lo importante es que las cosas no lo posean. “Amar al mundo” tiene que ver con cerrarse al prójimo en servicio obstruyendo la solidaridad, abriéndose a la violencia poniendo así en riesgo la permanencia. Es violento y participa del espíritu de Caín no solo aquel que atenta físicamente contra el prójimo sino que también es violento aquel que, ante la necesidad percibida y teniendo con que, se cierra al prójimo matándolo y negando el amor de Dios en él. De esta manera, el amor de Dios que se mostró concreta e históricamente en Cristo se convierte en modelo para la misión de la iglesia, modelo de entrega y servicio. La iglesia también vive su pasión. El odio caracteriza al mundo, cuyo prototipo es Caín. Tiene su origen en el diablo, termina en homicidio y es evidencia de “muerte espiritual”. El amor caracteriza a la iglesia, cuyo prototipo es Cristo. Tiene su origen en Dios, termina en sacrificio propio, y es evidencia de vida eterna. La vida cristiana según la conclusión del verso 18 debe dejar de ser simplemente retorica religiosa y dogmática (palabra y lengua), para pasar a la praxis (práctica) cotidiana a través de actos concretos de servicio y de solidaridad (hechos y verdad). Así nos hacemos creíbles: Jesús dijo “en esto conocerán” (Jn 13:35). Por esto recordemos que “Jesús hermanos míos es VERBO no SUSTANTIVO”. Fin.

[1] “El violento trata de imponerse sobre lo otro y el otro, y al hacerlo, afirma su ego… detrás de todo acto violento se esconde un marcado egocentrismo. La violencia… es la negación del otro. El violento es un ser cerrado, sin alteridad, sin prójimo,  sin misericordia, sin interlocutor… Convierte al otro en cosa, en instrumento, en objeto útil a sus fines”. MOSQUERA BRAND, Fernando A. Cristianismo, justicia y paz: un diálogo sobre su relación y aplicación en la sociedad actual. Clie-Barcelona, 2004, p. 164. 

jueves, 6 de abril de 2017

Cambiarse las botas

Cambiarse las botas
Notas para una fe en tiempos de “posconflicto”
Efe 6:15
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero174
Quisiera empezar esta entrega aclarando tres asuntos: 1). Hago parte de un grupo de creyentes en el Señor que celebran el acuerdo general de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc dando por “terminadas” más de cinco décadas de conflicto e iniciado un largo y duro proceso de desarme militar y sicológico, siendo este último tal vez el más complejo[1]. 2). Creo también que este proceso de paz se llevó a cabo solo con un actor del conflicto armado en el país (o con dos si consideramos que el estado también ha puesto sus muertos), en este sentido, se necesita con urgencia que entremos en diálogo con los otros actores del conflicto, siendo nosotros mimos actores del mismo drama de la guerra y la violencia (debajo de la lluvia todos nos mojamos). 3). No debemos engañarnos, la PAZ, así con mayúscula sostenida, no tiene que ver con la ausencia de guerrilla, es necesario buscar, como lo afirma Mosquera, un elemento que subyace en el fondo de la sociedad: la pérdida del sentido de la justicia. Siendo más actuales aún… esto tiene que ver con el fenómeno de la corrupción. Esta es tal vez la forma más sofisticada de violencia y terrorismo. El juez corrupto es tal vez más peligroso que el guerrillero armado.
            El texto Bíblico que he tomado para ambientar y fundar esta reflexión encierra una paradoja: está ubicado dentro de un marco más amplio en donde el autor, Pablo, invita a los creyentes estar preparados para la “guerra” (Efe 6:10). Con el uso de esa metáfora, la militar, el autor recuerda a los creyentes que la vida de fe está en constante lucha contra el mal, este, no como un concepto abstracto, sino como algo que se concretiza, que se individualiza y que también se trepa en las estructuras sociales, políticas y económicas. La metáfora militar está allí, su uso es evidente, pero Pablo la vacía de su contenido violento imperial y la usa para la comunicación del evangelio. Como lo expresó Piero: “… esta es la guerra y es la de la paz…”.
            En el texto en cuestión, Efesios 6:15, el autor le dice a quienes le escribe que los pies de ellos deben estar calzados con los zapatos de “la disposición de anunciar el evangelio de la paz”. La metáfora comunica disposición, entrega, presteza y voluntad: los pasos, el andar, deben estar orientados por el comunicar las “buenas nuevas de la paz”[2]. Así, el caminar marcado o calzado por el odio, la venganza, la memoria del rencor y la injusticia; ahora es calzado por la reconciliación y la deposición de todas las armas. Cambiarse las botas de la guerra por las botas de la paz. Ahora, a la luz del acuerdo de paz ya firmado y el impulso evangélico nos preguntamos ¿cuál es el papel de la iglesia en el posconflicto?  Sugiero siete grandes papeles o haceres: 1). Optar por el perdón: quien perdona no lo hace únicamente para convivir con el otro, lo hace para convivir con sigo mismo. El perdón nos libera de habitar esos lugares de dolor que una víctima visita una y otra vez en su mente hasta quedarse atrapada. Los padres y las madres seguirán muertos, pero el perdón libera a los hijos de cargar con la herencia de la venganza...". 2). Respectar la vida: este es el catalogo básico de los derechos humanos, sin el cual no es posible el ejercicio de los demás derechos. El otro tiene derecho a vivir y vivir siendo respetado, Savater dijo: se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir”. La iglesia debe convertirse en un santuario de vida, en donde la vida se respecta, se celebra y se promociona.
            3). Rechazar la violencia: la violencia es la negación del otro y la imposición del “uno” por la fuerza del ego, es el establecimiento del espíritu de Caín. Tanto la violencia esporádica como la sostenida (bulling) deben ser rechazadas y tratadas. La iglesia debe ser una comunidad y espacio en donde los ciclos de violencia llegan a su fin. Jesús advirtió sobre el efecto bumerang de la violencia: “el que mata a espada también a espada morirá”. 4). Compartir con los demás para salir de la indiferencia y matar el individualismo. Compartir significa literalmente “partir con”; es decir, esto que tengo con quién lo puedo “partir”, a quién puedo participar de esto. La iglesia debe ser modelo de “compartir” así como aquel que se “compartió” en la cruz. 5). Luchar por comprenderse: esto implica diálogo, y este a su vez implica tolerancia y respeto a las diferencias como clave esencial de la convivencia. 6). Conservar el planeta: a la iglesia le urge una conciencia ambiental, una “eco teología” que vincule fe y tierra, que se una a los “gemidos de la creación” esperando activamente la gran transformación. 7). Redescubrir la solidaridad: es sentirse responsable por el otro, es saber que “al caído no hay que caerle sino levantarle”. La iglesia debe recordar que no puede llegar a Dios saltándose al prójimo. “Firmar la paz es más fácil que hacerla”, afirma Marcela Prieto, una frase que cobra vigencia hoy que el posconflicto demanda repensarnos como sociedad, con la idea de aprender a convivir asumiendo que los demás no representan una amenaza. Así que… mírese los pies, revise su calzado, ¿tiene puestas las botas de la guerra o las botas de la paz?


[1] No soy ingenuo, sé que el acuerdo no es “perfecto” pero que en términos generales refleja la voluntad de paz y reconciliación.
[2] Para Pablo, la cruz de Jesús significa la “terminación del conflicto” no solo en términos verticales: el conflicto con Dios, sino también en el sentido horizontal: el conflicto entre los humanos (Efe 2:16-18). 

jueves, 30 de marzo de 2017

Los evangelistas y yo

Los evangelistas y yo
Recuento de una experiencia “interministerial”
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero173
Si hay un grupo ministerial, pero más que eso, de hermanos y amigos a los que admiro y aprecio profundamente por lo que son (sus calidades humanas) y por lo que hacen (sus competencias ministeriales), es el de los evangelistas. Y por ello, desde ese aprecio y amistad me atrevo a hacer pública una experiencia entre amigos e invitarlos con ello a la reflexión sobre la tarea de la predicación en la evangelización y la pastoral. En días pasados fui invitado a un evento de evangelistas para que compartiera el tema de la predicación o de cómo predicar. Partí del presupuesto básico de que la predicación sana del texto Bíblico surge a partir de una buena observación de los detalles del mismo, es decir; que antes de responder a la pregunta ¿Qué quiere decir el texto?, respondamos a la pregunta ¿Qué dice el texto? Observamos detalles literarios, estructuras, repeticiones, contextos, etc. Invité a los hermanos a hacer la primera observación partiendo de textos conocidos y populares en “la predicación evangelistica”.
            Observemos Efesios 4:11, allí se habla en primer lugar no de cinco ministerios sino de cinco personas con cinco funciones o ministerios distintos dentro de la iglesia, entre ellas, el evangelista. Pregunté ¿Cuál es el escenario ministerial del evangelista aquí? ¿Hacia dónde está enfocada su función?  La respuesta es… hacia la iglesia misma. ¡Qué curioso!, afirmé, casi siempre pensamos que el evangelista tiene como auditorio a los inconversos y no a los creyentes. Creo que observaciones como estas nos invitan a repensar el texto, no para negar lo que venimos haciendo sino para enriquecerlo con una mirada nueva y fresca. No negamos el auditorio inconverso habitual sino que nos preguntamos sobre lo que el evangelista hace para equipar a los creyentes para el ministerio.  Pasemos ahora a otro texto, ¿Que dice Juan 14:2? Se hizo la lectura con tono y entusiasmo de evangelista. Pregunté ¿Cuál es “la casa del padre” a la que el texto hace referencia? Las respuestas rápidas no se hicieron esperar… “el cielo”, dijeron todos a una voz como si se hubiesen puesto de acuerdo. Pregunté entonces ¿Cómo  lo saben? ¿Lo dice el texto?, dijo alguien: “es que Mateo dice que…”, interrumpí para decir que no estábamos observando a Mateo sino a Juan, diciendo que debemos guardarnos de esa tendencia a ver rápidamente paralelos sin haber estudiado primero el texto. Ahora, dije, comparemos Juan 14:2 con el 14:23 parece sugerir el texto, ante la pregunta de Judas, que “la morada o la casa del padre” es la comunidad de discípulos obedientes y amantes de las palabra. Noté entonces la sorpresa en los rostros de mi auditorio, esa sorpresa que se da cuando te tocan “los fundamentos”. Sigamos.
            Vamos a terminar este tiempo con dos observaciones más a partir del texto más popular en la tarea evangelizadora, exacto, Juan 3:16. Pregunté ¿Qué es la “vida eterna” en el texto? La respuesta en coro volvió a repetirse: “es la vida después de la muerte”. ¿Cómo lo saben? Pregunté, ¿Lo dice el texto? A ver, ¿Qué dice Juan 17:3? Allí se habla de la “vida eterna” no como una asignación post mortem sino como una relación con el padre y el hijo aquí y ahora. No tenemos que morir para tener vida eterna, la tenemos ya por haber creído en Jesús como hijo de Dios. No estoy despojando la relación con Dios de su dimensión trascendente sino más bien afirmándola desde esta existencia, además, así respetamos el texto como “palabra de Dios” diciendo lo que este dice. El rostro de mi auditorio se notaba intranquilo, inquieto y hasta incómodo. Ahora, dije, si la vida eterna es una experiencia “aquí y ahora”, la “perdición”, que en el texto está en paralelo con “la vida eterna”, debe entonces ser una experiencia “aquí y ahora” también. O sea, siendo más claro, “perderse” en Juan 3:16 no es irse al infierno sino vivir cerrado al amor de Dios en Cristo.  Perder la vida es no dejarse amar por aquel que muere en la cruz.
            Esta fue la forma en la que intencionalmente toqué para mi auditorio, los evangelistas, cuatros temas coyunturales de sus predicaciones y reflexiones. Adrede puse en la mesa el tema del escenario ministerial, el cielo, la vida eterna y el infierno. Estoy seguro de que muchos de nosotros (predicadores, pastores, evangelistas) ya damos por sentado de entrada lo que este o aquel texto Bíblico dice sin revisar lo que ya creemos que dice. Nos acercamos a la Biblia creyendo que ya sabemos todo de ella como aquel maestro que de noche se acercó a Jesús,  no con la intención de aprender y ser transformado sino con el propósito de darle una información, de entregarle un veredicto académico: “sabemos”. Aquí en el tratamiento de este tema, como en la lectura general de la Biblia nos pasa lo del chiste “el asesino es el mayordomo”: se dice que una fila de espectadores esperaba su turno para entrar a ver una película de misterio cuando, saliendo de la sala, un aguafiestas expone en voz alta “¡el asesino es el mayordomo!”. Por ello, la lectura de la Biblia y la reflexión teológica han sido despojadas de todo misterio, intriga y asombro pues ya sabemos de antemano con lo que nos encontraremos. En estos días por ejemplo, muchos cristianos están alarmados por que Bill Condon, director de Disney, dijo que su deseo “era arrancar las páginas de la Biblia”. Sin embargo, no tenemos la misma preocupación con decenas de predicadores que tuercen la Escritura a su acomodo para que ella diga lo que ellos quieren que diga; así la Palabra deja de ser “Palabra de Dios” para convertirse en “palabra nuestra”. Los predicadores debemos entender que nuestro acercamiento a la Biblia no es en primer lugar para sacar un sermón para otros, sino para ser transformados nosotros. Fin.

lunes, 6 de marzo de 2017

Nota pastoral (1)

Nota pastoral (1)
Reflexión sobre la Vida en el Espíritu en la ICFCI
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero172
La vida Cristiana es a todas luces vida en el Espíritu (Rm 8:1-4). El Espíritu viene como don de Dios, viene a empoderar a la Iglesia para que esta lleve a cabo la misión (Hech1:8): ser testigos de él ante las naciones. En este sentido, la misión, es decir, todo lo que la iglesia hace es imposible hacerlo sin el poder y la experiencia del Espíritu. Jesús resucitado le dice a sus discípulos: “no se muevan de Jerusalén hasta que hayan recibido la promesa” (Hech 1:5 Cp. Jl 2:18; Ez 36:25-27), se refería a aquí al Espíritu. Así, cualquier movimiento sin el Espíritu resulta infructífero, tedioso y rutinario. El llamado es a moverse por la fuerza del Espíritu y no por otras fuerzas. Por ejemplo, en nuestros tiempos nos vemos tentados a movernos por la fuerza del mercadeo, la fuerza del éxito, la fuerza del profesionalismo, la fuerza de la personalidad, la fuerza de las finanzas, entre otras.  La Iglesia ha entendido, en la historia, el mover y la experiencia del Espíritu de distintas formas y maneras. Así por ejemplo, escuchamos nominaciones tales como: cesacionistas, pentecostales, carismáticos. Cada una de estas tiene que ver con la apreciación y la experiencia del Espíritu en la  vida de la Iglesia. Obviamente con la mediación de la reflexión teológica. Nuestra comunidad, la Iglesia Centro Familiar Cristiano Internacional (ICFCI-AIEC), se ubica en la categoría de “pentecostal moderado”, creemos en la acción del Espíritu así como lo experimentó la iglesia del primer siglo. La AIEC, denominación a la que pertenecemos, ha sido enriquecida con un fuerte mover del Espíritu en su historia y en sus comunidades; nosotros no somos ajenos a esa realidad y experiencia. Obviamente, la experiencia del Espíritu siempre ha estado sujeta a la perversión y a la corrupción. Es ampliamente sabida la lucha del apóstol Pablo en la Iglesia de Corinto por corregir errores y excesos tocantes a la experiencia del Espíritu (1 Cor12-14). Una gran lección de la experiencia paulina es que la solución para lo que se está haciendo mal no es dejar de hacerlo, sino elaborar propuesta para hacerlo bien.
            Frente a lo anterior, los excesos y desmanes,  algunos sectores de la iglesia en América Latina han sucumbido frente a un falso dilema: por un lado están las iglesias que se precian de ser “Iglesias de la Palabra”, en el otro extremo están las iglesias que se valoran a sí mismas como “Iglesias del Espíritu”. Creemos que estos dilemas no hacen juicio al sentir Bíblico, la Biblia siempre presenta al Espíritu unido a la Palabra y viceversa. El apóstol Pablo mismo declara que “la Palabra es la Espada del Espíritu” (Ef 6:18). La ICFCI ha decidido renunciar al falso dilema y acoger la declaración que la Biblia hace y que reafirmó CLADE IV: “una espiritualidad más teológica y una teología más espiritual”. La Palabra sin el Espíritu resulta impotente y el Espíritu sin la Palabra carece de dirección. En estos años Dios nos ha enseñado que su Palabra es el horizonte mayor de significado, ahora, sin descuidar lo ya enseñado, Dios nos está invitando a vivir una espiritualidad más ferviente, a experimentar su presencia a través de un fuerte mover de su Espíritu en medio de nosotros. La realidades sociales que vive Cartagena, la desintegración de la familia y la sustitución de los valores tradicionales por una ética emergente y liquida, requieren de una iglesia que viva en el Espíritu, una Iglesia que experimente el poder del Espíritu y que sea agente de trasformación en el día a día. La misión (AIEC) viene trabajando este concepto bajo la categoría de “avivamiento integral”[1]: un mover del Espíritu que involucra todas las dimensiones de la vida.
            Frente a todo lo anterior, el ministerio de la Palabra se ha propuesto como agenda de reflexión, predicación y experiencia este año, el lema “viviendo en el Espíritu” (Gal 5:16). El propósito es que la Iglesia asuma la vida en el Espíritu como contrapropuesta a la vida en la  carne, que la Iglesia asuma la vida en el Espíritu como aplicación del evangelio de Cristo en el día a día. Que en nuestros cultos y celebraciones podamos dejar que el “Espíritu de libertad” nos haga libres: sanando, rescatando, exhortando y trasformando vidas. Para esto, hemos dicho, será necesaria la antesala del quebrantamiento porque, no habrá avivamiento sin quebrantamiento. El texto base a trabajar será la carta a Los Gálatas y textos relativos a la experiencia del Espíritu. Hemos decidido evitar la categoría “doctrina del Espíritu”, esto suena esquemático y frío (según las categorías de la teología sistemática de los siglos XIX y XX), hablaremos de la experiencia y narrativas del Espíritu. La vida en el Espíritu entonces es el gran imperativo cristiano para una iglesia que quiere testificar de Cristo, que quiere vivir en santidad y que quiere vivir el evangelio con todas sus implicaciones. Por ello para este año el Señor ha dicho: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gal 5:16). La vida en el Espíritu no es una invitación a huir de la realidad o a negarla, es más bien el desafío de Dios para que como hijos suyos asumamos la realidad con su poder y llegar a transformarla, sembrando esperanza y aliento. El Espíritu jamás vendrá para patrocinar el divorcio entre vida espiritual y vida secular, viene para que integremos nuestras experiencias de vida y vivamos la vida de Dios con todas sus implicaciones. ¡Que Dios nos ayude y nos visite con su poder!


[1] Estatuto y reglamento de la Denominación Eclesiástica Iglesias Evangélicas del Caribe (AIEC), p. 15.  

jueves, 2 de marzo de 2017

Los desadaptados

Los desadaptados
Apuntes de un culto peligroso (1)
Rm 12:1-2
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero171
La palabra “culto” comparte con su compañera “cultura” la misma raíz. Usamos la categoría “cultura” para referirnos, en términos generales, a la forma en la que un grupo humano particular muestra o evidencia lo que cree y piensa[1]. Así mismo “culto” es la forma que toma la creencia en Dios en el día a día del pueblo que lo adora. También, culto, en contraste con lo “oculto”, es la experiencia de Dios celebrada en todos y cada uno de los aspectos de la vida; en lo privado y en lo público. Como lo expresó Mardones: “… porque una fe reducida a la interioridad o a la mera religiosidad no es verdaderamente una fe cristiana”[2]. En el texto de Romanos 12:1-2 el apóstol Pablo habla del culto afirmando de este, al menos, tres asuntos así: 1). El fundamento del culto: “las misericordias de Dios”. Aquí recoge el apóstol todo el argumento que había traído en los once capítulos anteriores. La frase “las misericordias de Dios” es un superlativo, una forma hebrea de expresarse, por ejemplo: para decir “la canción más sublime, se dice “El cantar de los cantares”, para decir “santísimo” se dice “santo, santo, santo”. No es que haya varias misericordias sino que Dios ha mostrado su misericordia de manera suprema y sublime. Dios no opta por la lógica de la venganza y la memoria del rencor, el odio o la destrucción; sino que elige amar y ser misericordioso (Rm 5:8,10). De esta manera, el fundamentando el culto es la misericordia de Dios, se afirma que el culto siempre es respuesta humana a la misericordia divina. El culto será siempre “acto segundo”.  
            2). El instrumento del culto: el cuerpo. En contraste con algunas formas de “espiritualización” el cuerpo es escenario de encuentro: con Dios y el otro. Nos previene contra la tentación de trasladar la experiencia de Dios al mundo de las ideas, de lo abstracto, lo indeterminado o de lo impreciso (espiritual), la experiencia de Dios se vuelve concreta, ubicada y especifica[3]. Se afirma, que el cuerpo debe ser presentado como “sacrificio vivo…, agradable”: usa el lenguaje cultual del levítico (Lv 1-7), sacrificio aquí es “entrega, donación, dadiva, ofrenda”, para nosotros “sacrificio” es privación, carencia, sufrimiento. Muchos son los cristianos que piensan que con la llegada de Cristo cesaron los sacrificios. Pero en realidad lo que cesa en el NT y con Cristo son los sacrificios de animales, pero son numerosos los textos del NT en donde el culto y la vida cristiana es leída en “clave de sacrificio” (Rom 12:2; Heb 4:12; 13:15-16; Efe 5:25; 2 Tim 4:6; 2 Ped 2:15). Así las cosas, el sacrificio de Cristo no es tanto el sacrificio final sino el sacrificio ejemplar: se presenta como modelo de lo que también debe acontecer o suceder en nosotros (Gal 2:20). Así las cosas, la iglesia tiene un papel sacerdotal pero también cada creyente en particular es una sacerdote. No solos el esposo es el sacerdote de la casa, como estamos acostumbrados a oír en los seminarios o charlas de pareja. En virtud de la obra de Cristo, contada en el NT, todos, hombres y mujeres, somos sacerdotes.
3. El propósito del culto: la trasformación de la mente para el discernimiento de la voluntad de Dios. . No se adapten: no dejes que el mundo (siglo) te meta en su esquema. Formas de pensar que condicionan la forma de vivir o andar.  “…pues como piensa dentro de sí, así es” (Prov 23:7).  El filósofo español, José Ortega y Gassett declaraba, en “La historia como sistema”, lo siguiente: “… De aquí que el hombre tenga que estar siempre en alguna creencia y que la estructura de su vida dependa primordialmente de las creencias en que esté y que los cambios más decisivos en la humanidad sean los cambios de creencias, la intensificación o debilitación de las creencias”. Para comprobar, poner a prueba, discernir; cambiar la orientación. El culto propende entonces por la renovación de la mente para orientar el andar según la voluntad de Dios, tiene carácter ético por el discernimiento. “Cambia tu forma de pensar para que cambie tu manera de vivir”.  El culto propende por el entendimiento de la “voluntad de Dios”, voluntad que nos orienta en la vida, que propone una agenda de acción poniendo en peligro nuestra egocéntrica “voluntad”.
El culto trae renovación de la mente para vivir la voluntad de Dios. En el culto quien cambia no es Dios sino nosotros. El culto tiene el propósito de cambiarnos, de reorientar la vida a partir de la “voluntad de Dios”. El culto integro propone una desadaptación a partir de la toma de conciencia de la manifestación de Dios en la historia para formar una comunidad diferente y alternativa ¿Qué tan desadaptados estamos?  Así lo confesaba el viejo himno: “Que mi vida entera esté, consagrada a Ti, Señor; que a mis manos pueda guiar, el impulso de tu amor”. Continuará.


[1] “La cultura provee el conjunto de significados y valores que permiten las relaciones de las personas en un contexto y en un tiempo histórico determinados…”. TUVILLA, José. Cultura de la paz: fundamentos y claves educativas. Desclee De Brouwer- Bilbao, 2004, p. 12.
[2] MARDONES, José María. Ser cristiano en la plaza pública. PPC-España, 2006, p. 134.
[3] El dualismo antropológico de origen griego se ha infiltrado en la iglesia. Se trata de un concepto en donde lo más importante del hombre es su alma, entendiendo por ello “la parte espiritual”, “los más elevado”, “lo inmortal”. Se supone que ni la muerte, ni el cuerpo, ni la sexualidad, interesan demasiado… son males necesarios, impedimentos para celebrar la fe. Esta forma de ver ha afectado la evangelización: “lo importante “es salvar las almas” y el culto mismo: lo importante es alimentar el espíritu y mortificar la carne o cuerpo. 

lunes, 6 de febrero de 2017

El secreto (3)

El secreto (3)
Implicaciones eclesiásticas del secreto mesiánico
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 170
Principio del evangelio de la Iglesia, la comunidad mesiánica, la hija de Dios. La comunidad mesiánica empieza hundiendo sus raíces en las esperanzas de cambio que Israel había tejido en el pasado; especialmente en la época del exilio Babilónico. Para ese entonces los soñadores, los constructores de utopía, idearon un mundo mejor, un mundo según Dios, en donde la justicia sería la ama y señora, esta a su vez sería impartida por el encargado divino, su siervo, el mesías. Años después los sueños se hicieron realidad, el mesías vino y encarnó el proyecto de Dios para la humanidad, no obstante su forma de hacerlo, desde el servicio y la entrega, no desde el poder y la imposición, desanimó a muchos que siguieron posponiendo sus sueños y esperanzas. A los imperios, políticos y religiosos, los incomodó tanto hasta tal punto de que lo llevaron a la cruz. Así, desde ese mensaje de entrega y servicio hasta la cruz fundó la comunidad mesiánica, comunidad a la que le encomendó seguir sus pasos y modelo sino quería pervertir la misión y el mensaje.
            Sucedió que un día la “comunidad mesiánica” (de aquí en adelante la “CM”) iba por un camino y de repente se encontró con un enfermo, la CM se acercó y le preguntó ¿Qué puedo hacer por ti?, el enfermo le dijo: “quiero ser sanado”, entonces la “CM” oró por él, y lo puso en contacto con un medico amigo quien le hizo recomendaciones y le mandó una formula. Al cabo de un tiempo el enfermo sanó y quiso hacer de la sanidad un show publicitario, pero la “CM” le dijo: “no se lo digas a nadie”. La “CM” seguía su camino, iba por las calles, llegaba a las universidades, se sentaba en la plaza publica y hablaba con los que allí se congregaban por diversas razones, escuchaba sus angustias, sus preguntas, sus incertidumbres; uno filosofo le decía: “la incertidumbre es la nueva normalidad de estos días”. Un político dijo: “la corrupción empieza por casa, en los pequeños permisos morales”. Un hombre le comentó: “de niño fui violado, mi identidad sexual se dañó, mi único referente ha sido lo homo”. Un habitante de calle le gritó: “el mundo se acaba cuando dejamos de amar”. Un niño le preguntó: “¿Por qué mi papá ya no está en casa?”. Un docente viejo y gastado le dijo: “ya nadie enseña por vocación sino por la paga”. Así, la “CM” realizaba su misión: escuchando, sirviendo, caminando con los demás, yendo a las periferias existenciales.
            Un día, la “CM” se encontraba en un lugar de reunión (que llaman iglesia) y allí se levantó un hombre que tenía un espíritu inmundo: la corrupción ministerial le había ganado la batalla y estaba poseído por ese espíritu, había hecho de la fe un negocio y del ministerio una burocracia. Cuando este hombre vio a la “CM” y escuchó su mensaje se sintió amenazado, sintió que su zona de confort tambaleaba y que sus adeptos se apartarían de él. Y entonces grito: “¡Qué haces aquí “CM”! “¿¡Por qué te entrometes en mi ministerio!?”. La “CM” lo miro a los ojos y le dijo: “no está bien lo que haces, se libre del espíritu de corrupción”. Después de un proceso el hombre fue libre y quiso hacer de su testimonio un evento noticioso, publicarlo por Facebook, también se ideo un libro. Pero la “CM” dijo: no lo hagas así, no le digas a nadie, vive tu nueva vida”. Así, la “CM” propiciaba espacios para la sanidad, la liberación, el estudio, la promoción de la condición humana, la comunicación de un mensaje liberador; pero, nunca se ufanaba de ello, no usaba eso como plataforma para manipular, sacar provecho para sí o como trampolín para el éxito. Siempre advertía a las personas a que no dijeran nada, que no publicaran nada por redes sociales y que se dedicaran a construir, desde la fe, un mundo mejor. Un día un politiquero le dijo: “tengo muchas cosas para darte si me ayudas a ganar unos votos; te daré un terreno, un equipo de sonio e instrumentos”, la “CM” le dijo: “gracias, pero yo no funciono con esa clase de poder”.
            Un día cualquiera se generó en el país de la “CM” una discusión álgida sobre matrimonio GAY y derechos de la comunidad LGBTI. Para nadie es un secreto que una de las banderas del laicismo es “propender” por los derechos de la comunidad ya mencionada, ella ha pasado, por intereses políticos, económicos e ideológicos, de la marginación al centro. La discusión estaba ampliamente viciada y la "CM" como realidad situada quiso tener inferencia y opinar al respecto. El criterio conceptual de la “CM” en la discusión fue que hay un diseño original, que el ser humano fue hecho hombre-mujer para tener un encuentro, de ese encuentro da testimonio la biología, la anatomía y la psicología. Además alegaba que puede ser que haya excepciones que no violan la regla sino que la confirman. El género es tanto una asignación biológica y natural como una construcción cultural, decía la “CM”. Los rasgos físicos y anatómicos del hombre y la mujer son evidentes, ahora, que haya personas que, por decisión ideológica o psicológica, decidan darle a su sexualidad y genitalidad una dirección distinta a la “hetero”, eso es diferente; así termino la “CM” su intervención. Tal postura no fue recibida por los defensores de la comunidad LGBTI, y algunos de sus miembros se fueron lanza en ristre contra la “CM”. La tildaron de retrograda, de chapada a la antigua; uno fue más allá diciendo que la “CM” era irracional. Otros levantaban sus puños y decían “fuera la “CM”, a otros con ese cuento”. En todo esto la “CM” siempre mantuvo la cordura y nunca profirió maldición o abrigó en su interior sentimientos de venganza o grandeza. Y allí, ese día la “CM” fracasó, perdió, salió por la puerta de atrás (sin triunfalismos ni gigantismos o imposiciones). Y viendo todo y la actitud de la “CM” un miembro de la guerrilla de ese país dijo: “verdaderamente este pueblo, era el pueblo de Dios”. Fin.