lunes, 16 de enero de 2017

Muchacho al carbón (2)

Muchacho al carbón (2)
Los sacrificios de ayer y los sacrificios de hoy
Gen 22:1-19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 165
Tercera escena, el clímax o la acción transformadora, vv. 11-12. Mientras levanta la mano pasa por su mente toda la historia cual páginas del álbum familiar: recuerda la promesa, la alegría de Sara, las primeras palabras de Isaac, sus primeros pasos, sus berrinches de niño. Recuerda que lo ponía en sus piernas y le hablaba del Señor y de cómo este lo liberó y lo abrió a la esperanza. Tu eres un regalo de Dios hijo- le decía – tu eres la promesa de un futuro mejor. De repente… la tensión baja, Dios interviene para abortar el sacrificio de Isaac, y con la orden para interrumpir el sacrificio se da el veredicto de la prueba: Abraham es temeroso de Dios, tiene temor porque es capaz de llegar a una situación extrema. Ha adorado. Pero al adorar de esta manera, ha sido también liberado. Liberado de su idea de Dios: Dios no quiere sacrificios humanos. La audacia del relato-dice Beauchamp, consiste en atribuir a Dios mismo una antigua imposición. Como si Dios dijera: eres tú el que ha hecho de mí esta imagen cruel, pero yo he venido a habitarla porque no podía líbrate de ella de otra manera[1]. Yahvé, el Dios que lo había sacado de Ur de los Caldeos y que lo había liberado de la idolatría, lo liberaba ahora de una costumbre inhumana derivada de la idolatría[2].
            La cuarta escena, el desenlace, vv. 13-18. Aquí Isaac es reemplazo por un cordero. Dios provee un cordero para la adoración y Abraham bautiza el monte, el monte ambiguo del inicio de la narración ahora tiene nombre: Yahvé proveerá (YHWH-YIREH). La promesa es reafirmada, no necesita sacrificios humanos para ello. La cuestión es sencilla: donde hay sacrificios humanos la bendición se aborta, se extingue. El Dios de Abraham no reclamaba nada para sí, sino para el hombre, no quería recibir sino que prometía dar (12:7). Los dioses exigían la esclavitud y la sumisión del hombre, y aun su muerte; Yahvé propende por la libertad del hombre y su vida. Yahvé quiere la vida y no la muerte, no necesita la sangre de los hombres, aún más: ordena que vivan[3]. ¡Eres libre Abraham!, comunica el texto[4]. El texto cierra con la quinta y última escena,  v. 19. El cordero se consume, la leña se apaga, el altar se cierra. El texto descarta al Dios cruel y al padre insensible. Abraham e Isaac vuelven a donde sus siervos, para ellos no ha pasado nada extraño.
            Reflexiones. Somos ilusos, nos engañamos a nosotros mismos si creemos que el sacrificio idolátrico de los niños cesó, acabó. Recordemos que la idolatría no es pieza del museo religioso y algo ya superado por esta sociedad “civilizada”. La idolatría no quedó atrás como estadio ya superado, se construye todos los días, se refina, se sofistica. Como lo expresó Sábato en su “resistencia” “¿Qué ha puesto el hombre en lugar de Dios? No se ha liberado de cultos y altares. El altar permanece, pero ya no es el lugar del sacrificio y la abnegación, sino del bienestar, del culto a sí mismo, de la reverencia a los grandes dioses de la pantalla". Hoy, nuestros hijos son sacrificados a los ídolos nacionales, a la voluntad del poder, al deseo de poseer y al poderío del dinero.  En primer lugar, nuestros hijos son sacrificados al ídolo de velocidad. Bajo los criterios del mundo de la empresa y el comercio, los criterios de la eficacia y la eficiencia, hemos matado la niñez de nuestros niños. Hemos castrado la niñez en el altar de la velocidad, de la eficiencia y la eficacia. El niño nace y está inmediatamente allí el registrador y el rector del colegio. Dice Honoré: “Exceso de perfeccionismo y de vanidad en la educación. Se busca llenar la agenda de los escolares hasta límites abusivos de clases extra-escolares, deberes y actividades con prestigio que solo cansan y “machacan” a los niños y que, en muchos casos, refuerzan el ego de los padres que proyectan en ello posibles frustraciones personales”. En un mundo competitivo la escuela, es el campo de batalla en donde lo único que importa es ser el primero en la clase”[5]. Llenamos la agenda de nuestros hijos con tantas actividades para alimentar el mito del “niño genio” y rendir culto a la velocidad. Nos dedicamos a correr y se nos olvida vivir, jugar, descansar… adorar. Continuará.

[1] BEAUCHAMP, Paul. 50 retratos Bíblicos. BAC- Madrid, 2014, p. 21.
[2] En términos retóricos tendríamos aquí la presentación de una relato irónico: La ironía (del griego εἰρωνεία 'eirōneía': disimulo o ignorancia fingida) es una figura literaria mediante la que se da a entender algo muy distinto, o incluso lo contrario de lo que se dice o escribe.
[3] AVILA, Rafael. Biblia y liberación: lectura desde América Latina. Paulinas-Bogotá, 1976, p. 24.
[4] La liberación de esta costumbre inhumana y cruel y la manifestación que hacía Yahvé de sí mismo como liberador de esclavitudes fueron las bases que permitieron más tarde a los sacerdotes hebreos sustituir los sacrificios humanos por sacrificios de animales mediante los cuales se “rescataba” a los primogénitos (Ex 13:11-15). Más tarde profetas como Jeremías y Ezequiel condenaron enfáticamente y sin titubeos semejante costumbre, afirmando que tal cosa no pasó siquiera por el pensamiento del Señor (Jer 7:30; 19:4; 32:35; Ez 16:20; Salm 106:35). Este proceso, esta toma de conciencia, toma fuerza con la promulgación de la ley que ordena lapidar a quien sacrifique un hijo suyo a los ídolos (Lv 20:2). El pueblo hebreo, sin embargo, se liberó difícil y progresivamente de esta costumbre, no faltaron las reincidencias debido a los escrúpulos religiosos de algunos y por esto fueron necesarias las intervenciones enérgicas de los profetas que levantaron sus voces airadas para censurar semejante degradación (Juec 11: 30,31;1 Rey 17:16-18; 2 Rey 3:27; 21:6; 2 Cron 33:5-7). Por otro lado la costumbre de sacrificar seres humanos a los dioses era también común a los “primitivos” habitantes de América, por ejemplo, colocaban en los cimientos de sus edificaciones el cadáver de un niño o lo inmolaban en ocasión de algunas fiestas.
[5] HONORÉ, Carl. Elogio de la lentitud: un movimiento de alcance mundial cuestiona el culto a la velocidad. RBA- Bracelona, 2008, p. 266. 

jueves, 12 de enero de 2017

Muchacho al carbón (1)

Muchacho al carbón (1)
Los sacrificios de ayer y los sacrificios de hoy
Gen 22:1-19
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 164
Este texto es complicado, tan así que descresta a los cristianos y merece crítica de los “enemigos de la Biblia”. Algunos del primer grupo optan por la alegorización del texto quitándole a este todo valor histórico, literario y teológico en aras de defender a Dios a la Biblia. Otros, del segundo grupo, sacan el texto fuera de contexto, maldicen a Dios (que no existe) y hacen frente al relato un alegato injusto[1]. Este trabajo pretende, con muchas limitaciones, hacer una lectura del texto desde la historia, la literatura y la teología Bíblicas; terminando con algunas líneas grandes de aplicación o contextualización: el texto finalmente se tratará como “Palabra de Dios” para “el pueblo de Dios”. El texto presenta una estructura quinaria propia de los relatos y narraciones[2]. El lector y los protagonistas son llevados a una complicación en la trama que luego es transformada por el clímax (acción trasformadora), una vez pasa esto, el lector descansa, “baja la guardia”, y el texto, de manera sutil, hace su propuesta[3]. Antes de continuar quisiera sugerir que la lectura y predicación general de este texto, en donde el predicador invita al creyente a “sacrificar su a su Isaac” (esto es, pecados, asuntos no agradables a Dios, etc.), no se ajusta a la intención de la narración: en esta Isaac no es sacrificado sino liberado, rescatado.  Veamos el texto en detalle a partir de cada una de sus partes.
            Primera escena, escenario o exposición, vv. 1-5. Aquí en esta primera parte del texto se nos plantea el problema, lo que va a acontecer en el resto de la narración será el desenvolvimiento de lo que aquí se propone. Nos ubicamos aquí ya en la parte final del ciclo de Abraham (Gen 12-24). El relato parece un anti clímax pues se le llama a Abraham a que mate en sacrificio aquello que le ha dado sentido a toda esta narración: la promesa. Toda una trama bien elaborada, todo un suplicio bien vivido, toda una maraña de relaciones y tensiones para traer a Isaac y ahora, ¡sorpresa!; la promesa debe morir. Esto parece un chiste de mal gusto, una broma pesada. Ha habido a lo largo de la narración muchos eventos y asuntos que “atentan” contra la promesa, Abraham mismo atenta contra ella y Dios protege, enseña y defiende su proyecto en el patriarca, pero ahora, Dios mismo parece estar en contra ella (11: 31; 12:10-20). Al inicio de la experiencia de Abraham con Dios se le invita a renunciar a su pasado “deja tu tierra y tu familia”; ahora, años después, se le está invitando a renunciar a su futuro “sacrifícalo”. Bien. El hecho es que al iniciar el relato, al lector se le informa que Dios someterá a prueba a Abraham. Esta prueba tendrá como objeto medir el grado de entrega de Abraham hacia Dios (Cp. Ex 15:25; Dt 4:34; 6:16; 28:56; 33:8). Se señala el escenario geográfico, un monte en la tierra de Moriah, y la prueba propiamente dicha “ofrecer en holocausto a Isaac”. Hasta aquí, el lector sabe que es una prueba, Abraham sabe que la prueba tiene carácter sacrificial, los siervos e Isaac saben que es un acto de adoración (Gen 18:2; 19:1).
            Segunda escena, nudo o complicación, vv. 6-10. En esta segunda sección se informa sobre los detalles del sacrificio: Isaac carga la leña, no lo sabe, no lo intuye, lleva sobre si aquello sobre lo cual él estará después. Abraham toma el fuego y el cuchillo. Abraham camina, pasa saliva. Mira los montes. Su mirada se pierde, de repente regresa en si al escuchar la voz de Isaac al preguntarle de manera lógica sobre el animal para el sacrificio. Percibiendo la paradoja entre la promesa y la renuncia a ella, Abraham guarda la esperanza de que Dios provea un animal en lugar de su hijo. Tanto Isaac como su padre saben de sacrificios, de cultos y de adoración. Pero Dios guarda silencio, aun la prueba sigue en pie. El altar es arreglado, la leña ya no está sobre Isaac sino este encima de aquella, la tensión sube… al igual que la mano de Abraham blandiendo su cuchillo. Muchos altares había edificado Abraham, tantos sacrificios ofrecidos, pero ninguno con tanta significación como este. La razón por la que no hay resistencia en Abraham, a pesar de la tensión, es que vivía en medio de una cultura religiosa en donde los sacrificios humanos para las divinidades eran comunes (Lv 18:21; Dt 18:10). La tensión sigue. Como ya lo afirmé: al inicio de su caminar con Dios Abraham tuvo que renunciar a su pasado, ahora, años después Abraham renunciará a su futuro. Continuará.

[1] Véase a, RODRIGUEZ, Pepe. Los pésimos ejemplos de Dios según la Biblia. Debate-España, 2008, p. 105.
[2] La estructura quinaria presenta cinco partes así: escenario o exposición, nudo o complicación, clímax o acción transformadora, desenlace y cierre.
[3] También se ha propuesto para el texto una estructura quiástica.
A. Narración introductoria, v. 1a.
     B. Diálogo de Dios con Abraham, vv. 1b-2.
         C. Narración: preparativos para el holocausto, vv. 3-6.
               D. Diálogo de Isaac con su padre, Abraham, vv. 7-8a.
         C’. Narración: preparativos para el holocausto, vv. 8b-10.
    B’. Diálogo de Dios con Abraham, vv. 11-12.
A’. Narración conclusiva, vv. 13-14,19.
GARCÍA LOPEZ, Félix. La Torá: escritos sobre el pentateuco. Verbo Divino-Estella (Navarra), 2012, p. 114. 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Carta a Jesús el día de la navidad

Carta a Jesús el día de la navidad[1]
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 163
Querido hermano Jesús: Te escribo con sencillez, y comienzo llamándote "hermano". No eres un Dios lejano ni un ángel en las nubes. Creciste, lloraste y reíste, y por eso eres cercano. Te pareces a los que estamos en estas bancas en todo menos en una cosa, que sí es nuestro gran problema: el egoísmo en contra de los demás y la arrogancia sobre los demás. Eres, pues, como nosotros, pero bien se nota de dónde venías. De tu padre José aprendiste a ser trabajador y honrado, soñador y amante de la justicia. De tu madre María aprendiste el cuidado y la ternura, y a alegrarte en el Dios de los pobres. De tu gran amigo Juan aprendiste austeridad y reciedumbre, y también a ser profeta y decir las verdades que pocos quieren decir. Aprendiste a ser un hombre de tu pueblo, buen judío y religioso, a leer la Escritura y a orar. Daba gusto verte ante tu Dios. Muchas veces en silencio, retirado. Otras veces con la gente. "Llamemos a Dios "Padre", decías, "porque es bueno con los pequeños", y por eso tú también sentiste predilección por los pobres y débiles, por las mujeres y niños, por los pecadores despreciados y por los extranjeros marginados. Así era Dios para ti, no como el dios de los sacerdotes del templo que exigían sacrificios, bueyes y ovejas, ni como los dioses de los romanos, que daban miedo y asustaban con rayos y truenos - dioses, por cierto, que siguen existiendo hoy, con armas y ejércitos, opresión y represión. En ese Dios confiabas y en ese Dios descansabas. También impresionaba tu fidelidad cuando las cosas se ponían difíciles, las persecuciones, el huerto, la cruz. A Dios le dejabas ser Dios. Nunca lo manipulaste para tenerlo a tu favor. Le fuiste fiel sin desviarte del camino, siempre servicial, entregado a los débiles, a la causa de Dios, en un mundo que persigue, difama y da muerte a los que se dedican a esa causa. Al final, la cruz y la resurrección.
A nosotros nos anunciaste una buena noticia: que el reino se acerca y que Dios ama y defiende, sobre todo a los pobres y pequeños. Nos pediste que fuéramos como "niños", pero no "infantiles". Nos pediste orar y cantar, pero sobre todo hacer la voluntad del Padre Celestial. Nos dijiste muchas palabras, pero una fue realmente bienaventurada y exigente: "sígueme". Los que te conocieron bien, para decir en una palabra quién eres, dijeron que "pasaste haciendo el bien", que fuiste un hombre cabal, misericordioso con los débiles, y comprensivo, pues tú también pasaste por la debilidad. Y que "no te avergüenzas de llamarnos hermanos". Hermano Jesús, así fuiste, pero no sé si nos interesa que así fueses. Antes sí. Así te predicaba Monseñor Romero entre nosotros, y te hacía presente con su ejemplo y el de muchos otros hombres y mujeres. Pero ahora no estoy tan seguro. Algunos grupos y sectas -y lo difunden algunas emisoras de radio y televisión- te presentan como milagrero y melifluo, de muchas novenas y estampas, con mucho canto y poco compromiso, a nuestra medida y a nuestro servicio. En definitiva, muy del cielo, pero poco de la tierra. Hermano Jesús, tú que nos conoces bien, ¿no es verdad que nos da un poco de miedo que te acerques como realmente eres? Y sin embargo eso es lo que celebramos esta navidad aquí en la Iglesia, y creo que lo hacemos con bastante sinceridad, aunque somos conscientes de nuestras limitaciones y pequeñez. Celebramos que así eres y que así, y no de otra manera, te has acercado a nosotros. Aunque no sea lo más importante, notarás que hoy en la Iglesia hay ambiente de celebración, más luz, más color y más música. Y sobre todo más amor. Mucha gente ha trabajado estos días. Unos en ensayar cantos, otros en poner el nacimiento y arreglar el altar. Otros, mujeres sobre todo, sencillas y silenciosas, que no buscan reconocimiento ni recompensa, en asear la Iglesia, como lo hacen todos los lunes y sábados del año. Es su particular liturgia, y pienso que es la que más te agrada. Como siempre han puesto un nacimiento, que, por cierto, refleja bien cómo fuiste de mayor. Y también refleja bien nuestro mundo.
Estás rodeado de pastores, gente pobre y sencilla, despreciada y tenida por gente de mal vivir. Y ya sabes que esos "pastores" son hoy la mayoría de la humanidad. La pobreza -la compañía de los pobres, no la de los bien trajeados- es lo que te caracterizó, y es el menaje más claro de la cueva y el pesebre. También están tres sabios, en camellos, gente que busca la verdad y está dispuesta a caminar de lejos para encontrarla. Son los que no se dejan engañar por este mundo, que se dice democrático, pero que, con algunas cosas buenas, sustancialmente es egoísta, elitista, insensible y prepotente. Esos "sabios" no abundan, pero siempre hay algunos. En el centro del nacimiento está José, como uno de tantos trabajadores a lo largo de la historia, y está María, la buena vecina -y me alegra que siga habiendo hasta el día de hoy gente como ellos con esa dedicación a la vida. No son noticia, no ganan óscares, no modelan ni meten goles, ni salen en la televisión. Parafraseando a un famoso filósofo, son los "guardianes de la vida". Mantienen al mundo en pie. Y si se mira lejos, también se puede ver a Herodes, que sigue matando niños sin piedad. UNICEF, la organización de Naciones Unidas para la Niñez, acaba de decir que la mitad de los dos mil millones de niños que hay en el mundo viven en pobreza y miseria. Este año ya han muerto de hambre cinco millones de niños. Herodes sigue suelto y muy activo en nuestro mundo. Y para vergüenza de este mundo occidental, que se tiene por demócrata y se diga o no cristiano, los costos de la gestación y nacimiento de un bebé en Estados Unidos son 410 veces más que los de un bebé en Etiopía. Hermano Jesús. Estamos contentos esta noche, sí, pero no es fácil. Sólo un ejemplo entre muchos, que me parece importante recordarlo aquí en Colombia para que no ignoremos a los que hoy sufren más. La mayoría de ellos están en África, y eso es lo que me dicen en una carta que llega de España: "No sé cómo podrán celebrar navidad en el Congo. Es demasiado fuerte el sufrimiento, los desplazados sin absolutamente nada en las manos". Y cuántas historias semejantes en Irak, en Palestina, en Aleppo, aquí. Pero algo hay en la esperanza que no muere. En el nacimiento hay una estrella, no milagrosa, sino humana, que irradia luz a todo aquel que quiera caminar en busca de la verdad, la justicia, la paz. Es como la luz que irradió Monseñor Romero sobre el caminar de nuestro pueblo. Y es la luz de la que también se habla en la carta que he citado: "En el Congo dos obispos, Mosengo y Sikuli, sostienen la esperanza de sus pueblos". Y añade la gran paradoja: "aquí, en España, nuestra esperanza tiene que sobrevivir en medio de este desierto de consumismo". Pobre primer mundo, con mucho dinero y con poca esperanza. No es fácil, pero cantamos. Hoy nos encanta escuchar el canto de los ángeles, mejor que el de santa Claus. San Lucas lo dijo espléndidamente: "Gloria a Dios en las alturas. Y en la tierra paz a los hombres y mujeres de buena voluntad".
Con esa música en el corazón saldremos de la Iglesia con más alegría para celebrar una cena familiar, con más compromiso para trabajar por un mundo con más justicia, con más paz y con más fraternidad. Y con más esperanza. Voy a terminar. Notarás que te he llamado "hermano", y algunos quizás se extrañarán -o estarán un poco nerviosos- porque no he hablado del "Niño Dios". Llamarte "hermano" quizás les suena a poco. No haya pena. Jesús, eres nuestro hermano y eres Hijo muy querido de Dios. Los primeros cristianos dijeron que contigo "ha aparecido la benignidad de Dios". San Lucas nos dijo que eres Hijo del Altísimo y san Mateo te llamó "Dios con nosotros". Eres el gran regalo de Dios. No has nacido de voluntad de carne ni de voluntad de sangre, sino que has nacido de Dios. Cuánto discurrieron los cristianos de los cuatro primeros siglos para dejar esto en claro: que tú estás en Dios y que Dios está en ti, "que eres de la misma naturaleza que el Padre". En palabras más sencillas y más bellas, que muchas veces he citado, lo ha dicho Leonardo Boff. En un arrebato franciscano, viéndote y contemplando tu vida, escribió: "Así de humano sólo puede ser Dios". "Niño Dios", "Dios con nosotros", "Hermano Jesús". Te decimos: "ven, ven, no tardes". Te pedimos que este mundo no sea injusto, insensible y cruel, sino como el reino de Dios que anunciaste como la gran buena noticia. Y te pedimos que nos parezcamos a ti para iniciarlo entre todas y todos. Fin.

[1] Tomado y adaptado del Texto de Jon Sobrino, http://www.alainet.org/fr/node/111167  Rescatado /05/12/16 

jueves, 15 de septiembre de 2016

¡Cristianismo y nada más! (1)

¡Cristianismo y nada más! (1)
Una introducción a la lectura y predicación de la carta a los Colosenses
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero162
Para leer y predicar un texto cualquiera debemos empezar considerando, al menos, tres dimensiones que configuraron y vieron nacer el texto: 1). La dimensión histórica; aquí consideramos la cultura, la sociedad, la política, etc. 2). La dimensión literaria; en esta parte tratamos de entender las diferentes forma literarias que el texto tiene entendiéndolo como “literatura”. 3. La dimensión teológica, el texto habla de Dios y su relación con su creación. En este sentido, el autor tiene una agenda “teológica” que responde a necesidades particulares de sus lectores. Proponemos la siguiente estructura quiástica para mirar las relaciones estructurales y desentrañar brevemente las distintas dimensiones del texto (histórica, literaria y teológica).
a. Saludos iniciales, 1:1-2.  
    b. Oración por los colosenses, 1:3-14.
         c.  Cristología cantada, 1:15-23.
         c’. Cristología aplicada, 2:1-4:1.
    b’. Oración de los colosenses, 4:2-6.
a’. Saludos finales, 4:7-18.
            Iniciamos mirando la cuestión de los saludos (1:1-2; 4:7-18) y nos preguntamos… ¿Quiénes eran Pablo y Timoteo? Recordemos que los hombres como los textos significan en contexto. Ortega & Gasett dijo: “yo soy yo y mi circunstancia”. Le escriben a una Iglesia que está en Colosas, Frigia en Asia Menor (Hoy Turquía). La iglesia es una realidad situada y esa realidad la condiciona para bien o para mal. La eclesiología del NT no es abstracta, responde a necesidades concretas. Nos preguntamos entonces ¿Cómo era Colosas? ¿Qué desafíos planteaba para los hermanos de la iglesia allí establecida su cultura, las formas religiosas y demás? A los creyentes se les identifica como “santos” y fieles”, usando de esta manera categorías del AT y que se aplicaban a Israel. La santidad aquí tiene que ver con lo que ya pasó (una posición) y la fidelidad tiene que ver con lo que está pasando (una actuación). En otras palabras, la fidelidad es la santidad en contexto. La gracia y la paz proceden de Dios el padre, no de roma o el Cesar. Al despedirse, nos presenta un entramado de relaciones con nombres propios, la fe con rostros particulares, nos habla de sus relaciones ministeriales, invita a la comunidad a tener carácter “interactivo” con otras iglesias y recuerda que el ministerio no se lleva a cabo en solitario, Pablo no es solo un gran pastor y teólogo que escribe a la Iglesia, es también el hermano que necesita de otros, de sus oraciones y sus cuidados.
            Nos introducimos un poco ahora en las oraciones (1:3-14:4:2-6). El fascinante mundo de las oraciones de Pablo revela sus deseos para aquellos por quienes ora. La primera oración, 1:3-14, se divide así: acción de gracias (vv. 3-8), petición (vv. 9-11) y acción de gracias (vv. 13-14). Pablo y Timoteo oran para que los colosenses sean llenos del conocimiento de la voluntad de Dios y que como resultado de esto ellos pueden orientar sus vidas[1]. El conocimiento era un asunto apreciado por los “iluminados” de Colosas de trasfondo gnóstico, solo unos cuantos podían alcanzarlo a través de mucho esfuerzo. Pablo, al contrario pide a Dios que conceda gratuitamente a todos el conocimiento y la sabiduría para que sus vidas lleguen a ser expresión de la voluntad de Dios en el día a día. Así, la oración no patrocina la pereza, sino que moviliza a la acción. La oración no es un Búnker para la protección es catapulta para la acción. Usando el esquema básico del éxodo (sacar de un lugar para llevarlo a otro) Pablo termina dando gracias a Dios por haberlos liberado y trasladado a su reino. Ya los colosenses no están a expensas de lo que puedan hacer las fuerzas de las tinieblas, ya no tienen por qué temerle a las potestades. Dios los ha librado. Al final, 4:2-6, los invita a la oración perseverante  e intercesora por la misión apostólica. La oración es participación de los planes de Dios a través de otros. Usando una figura del mundo de la cocina, de la culinaria, les invita a revisar el lenguaje, a hacer del lenguaje un plato apetecible.
            Estas secciones tienen un fuerte carácter litúrgico o cultual, Pablo va de la oración al himno. En esta sección, 1:14-23, Pablo introduce un himno que responde a la preguntas ¿Quién es Cristo?, ¿Cómo es que ha llegado a relacionarse con ellos? Este es un himno eminentemente cristológico, es decir, trata de Cristo y su obra. Un detalle muy importante para notar es que en el NT algunas de las declaraciones cristológicas más importantes se dicen cantando (Fil 2:5-11; 1 Tim 1:16; Ap 5:9-14). Veamos algunas afirmaciones importantes que hace el himno respecto a Cristo: 1). Cristo es el creador, vv. 15-17, 2). Cristo el reconciliador, vv. 18-20, 3). Cristo el santificador, vv. 21-23. Todo el himno tiene como propósito superar el dualismo gnóstico, la cristología dual, e integrar a Cristo con la redención, la creación, la comunidad y con Dios mismo. Superando la cristología doceta y dualista griega. Continuará.  

[1] Creo que la oración expresa los dos deseos de Pablo para los Colosenses y que desarrolla en su carta: conocimiento de Dios (1:3-2:5) y actuación a partir de ese conocimiento (2:6-4:18). Así un correcto conocimiento de Dios conduce a una correcta adoración de Dios. 

jueves, 8 de septiembre de 2016

¿Todo lo puedo en Cristo?

¿Todo lo puedo en Cristo?
Notas para la lectura de Filipenses 4:13; Marcos 9:23 y Juan 14:13
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero161
“Un texto fuera de contexto es un pretexto” reza el dicho popular en el ámbito de la lectura e interpretación de la Biblia. A pesar de la popularidad de esa declaración, aún no hemos podido superar la mala práctica de leer de manera parcelada la Biblia. La división de esta en versículos y capítulos para efectos pedagógicos y prácticos la hemos mal usado hasta el punto de llegar a extremos insospechados para fundamentar caprichos personales diciendo lo que la Biblia, la Palabra de Dios, no dice. No es que sea malo citar versículos o leerlos o mucho menos predicar sobre uno de ellos, lo malo es que se ha despojado a algunos de su contexto literario y cultural, quedando estos a merced del predicador o del creyente sincero pero sinceramente equivocado. Así como en la vida diaria llegamos a parte alguna y nos encontramos con un suceso o evento y preguntamos ¿Qué está pasando aquí?, lo mismo pasa con la lectura de la Biblia, cuando estamos frente a un versículo nos preguntamos… ¿Qué está pasando aquí? ¡Esa es la pregunta del contexto! No tenemos que ser teólogos o predicadores profesionales para esto, solo creyentes bien intencionados, respetuosos del texto inspirado que usan su sentido común en la lectura. Hay tres textos que quisiera relacionar aquí y proponer una lectura contextual de los mismos. Estos tres han tomado popularidad debido al uso del adverbio “todo”, que siempre se lee como “todo” en donde algunos dice: “y todo es todo”.
            Empecemos con el más popular, Filipenses 4:13, el texto dice: “¡TODO lo puedo en Cristo que me fortalece”! Así de sencillo y en admiración. Para muchos creyentes “todo es todo”: los proyectos personales, las ideas eclesiales, los caprichos y deseos; en fin, todo. Pero qué es lo que el apóstol está diciendo realmente, en el texto qué es “todo”.  El apóstol está haciendo para sus amigos filipenses una descripción de sus dificultades misioneras. Este texto ha sido llamado, junto a otros textos, catálogo de sufrimientos (2 Cor 4:8-10; 6:4b-10; 11:23b-29; 12:10; 1 Cor 4:10-13a; Rom 8:35; 2 Tim 3:10-13). El apóstol les dice que “en TODO lugar y en TODA circunstancia ha tenido que enfrentar escasez y abundancia. La misión ha estado marcada por la tensión entre el hambre y la hartura. Ahora, estas dos circunstancias las ha enfrentado desde la fuerza de Cristo, el Señor le ha fortalecido para la abundancia y le ha dado fuerzas para soportar la escasez. El “todo” en este texto está referido a esas situaciones. En la abundancia el Señor le ha asistido para que no se olvide de él, en la escasez el Señor lo ha fortalecido para que no lo niegue, y caiga en la desesperación, el sinsentido y el fatalismo.  Así, cuando nos encontramos con nuestros límites, podemos confiar en otra fuerza, en la fuerza que nos viene de Cristo.
            El segundo texto es el de Marcos 9: 23, en el texto Jesús dice: “¿si puedes creer? ¡Al que cree TODO le es posible!”. El texto se ha entendido a veces como un cheque en blanco al portador, como una licencia para realizar a partir de la fe todo lo que quieren o desean. Pongamos el texto en contexto. Jesús baja del monte de la transfiguración y se encuentra con la escena de un exorcismo fracasado por parte de sus discípulos. Jesús se dirige a los discípulos fracasados y les señala el origen del fracaso, pero además se dirige al padre frustrado y lo desafía a creer frente al problema de su hijo atormentado por un espíritu mudo. El Señor le dice: “¿si puedes creer? ¡Al que cree TODO le es posible!”. Estoy sugiriendo que la posibilidad planteada en el texto tiene que ver con el hecho de que el padre deposite toda su confianza en Jesús y lo que él puede hacer. Pronzato afirma: “la fe es, por consiguiente, una apertura incondicionada al acto de Dios, una firme espera por parte de quien, mirándose a sí mismo, podría siempre sólo afirmar la falta de fe, pero mirando a Dios reconoce, con alegría y certeza, que Dios vuelve siempre a sanar esa falta… fe es creer que allí donde el hombre comprueba sus límites, su impotencia, su pecado, Dios puede manifestar su poder”.
            El tercer texto lo encontramos en Juan 14:13. El texto declara: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré…”. Este verso está al lado de otro que a veces se ha leído mal (v. 12). Jesús viene diciendo que quien cree en él hará “cosas mayores” que él; lo que creo que dice es que, en el contexto de la misión (13-17), todavía falta mucho trabajo por hacer, muchas cosas que Jesús no tuvo tiempo de hacer o no pudo hacer por el momento y el lugar en el que estaba. El texto es aliento para seguir adelante (recordemos que Jesús se está despidiendo). Así, el TODO está sujeto aquí al nombre de Jesús, que se relaciona ahora con el nuevo templo. Dios ha constituido a Jesús como su verdadero y único templo para entrar y estar en comunión con él. De esta manera podemos entender mejor las referencias de Juan a “oración en el nombre de Jesús” (Jn 2:13-21; 1 Rey 8:22-61 2Cron 6:12-42). Los discípulos pueden contar, en oración, con TODO lo necesario para llevar a cabo la misión: ser luz ante las naciones por la fuerza del Espíritu que convence al mundo de su extravío (Is 43:10). La misión y oración se pervierte cuando “lo pedido” no glorifica a Dios, cuando la petición no va acorde con la misión en el mundo. La oración-dice Peterson- renuncia al lenguaje que manipula a Dios (el camino de la magia). La oración rechaza el lenguaje que reduce a Dios a nuestro control (el camino de los ídolos). La oración desconfía de los tecnólogos espirituales que profesan ser expertos en el uso de la oración para “hacer que algo suceda”, una tecnología para obligar a Dios y los demás a garantizar que se haga nuestra voluntad. Fin. 

lunes, 1 de agosto de 2016

Para cantar subiendo las escaleras

Para cantar subiendo las escaleras
Introducción a la lectura y predicación de los salmos de ascenso
 Salm 120-134
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero160
Existe la tendencia generalizada en la iglesia de leer los salmos como entidades literarias aisladas, como si no hubiera un patrón, tema o coherencia interna entre ellos. Al leerlos así, sin notar coherencia o patrones internos, ignoramos sin intención, que hubo una comunidad que recibió los salmos y los leyó de manera íntegra y coherente. Nuestra tarea es tratar de buscar esa coherencia, ya sea la que está implícita o explícita y sacar mejor provecho de la lectura. Por ello, trataré de presentar una propuesta para la lectura y predicación de los “salmos de ascenso gradual”, mostrando una línea de coherencia interna y sus desafíos principales para la teología del culto. Los cánticos graduales (Salmo 120-134), eran entonados por los peregrinos que “ascendían” a Jerusalén durante las fiestas anuales. En la primavera: los panes sin levadura o la pascua donde recordaban la manera en que Dios los había salvado; a principios del verano: la fiesta de pentecostés  donde renovaban su compromiso con Dios como pueblo del pacto; y en otoño: la fiestas de las enramadas donde recordaban que eran extranjeros y peregrinos (Dt 16:16). Para la propuesta sugiero que estos salmos presentan una estructura concéntrica o de quiasmo. Esta estructura nos permite observar no solo la coherencia literaria y temática sino también las relaciones entre los distintos poemas. Veamos:
A. El peregrino empieza el recorrido a Jerusalén, Salm 120.
      B. La bendición del Señor, Salm 121.
           C. Jerusalén la morada elegida, Salm 122.
                D. Esperanza puesta en Dios, Salm 123.
                     E. El Señor libera, Salm 124.
                          F. La confianza puesta en Dios, Salm 125.
                               G. Sión lugar de restauración, Salm 126.
                                       H. Construir, trabajar y vigilar: la familia, Salm 127.
                               G’. Sión lugar de la bendición, Salm 128.
                          F’. La confianza puesta en Dios, Salm 129.
                    E’. El Señor redime, Salm 130.
              D’. Esperanza puesta en Dios, Salm 131.
         C’. Jerusalén la morada elegida, Salm 132.
     B’. La bendición del Señor, Salm 133.
A’. El peregrino se despide de Jerusalén, Salm 134.
Ampliemos un poco los paralelos. Primero (A-A’). El peregrino comienza su experiencia fuera de Jerusalén en angustia y soledad, se dirige al culto y termina en la comunidad con “sabor a despedida”, no obstante el culto sigue. Segundo (B-B’). El peregrino, que va a Jerusalén es tentado con otras propuestas de culto, pero es orientado: la bendición viene de Dios. El Señor guardará su peregrinaje y lo guiará al lugar de la bendición: la fraternidad y las relaciones armoniosas, estas posibilitan el culto genuino a Dios (así como la unción de Aarón legitimaba su sacerdocio). Tercero (C-C’). El peregrino percibe la cercanía a Jerusalén, se alegra e intercede por la paz de ella. Dios ha elegido a Jerusalén como su “centro de despacho” y lugar para el cultivo de la “esperanza mesiánica”. La utopía (esperanza) decía Eduardo Galeano sirve para caminar, para no dejar morir los sueños. Cuarto (D-D’). El peregrino se resiste a pensar que la brutalidad y la impiedad tienen la última palabra, decide abrirse a la “espera”, esta no es pasiva, pues va camino al culto, es una espera activa y propositiva. Quinto (E-E’). El peregrino reconoce a Dios como fuente de salvación, evoca el evento fundante del éxodo como algo que pasó y algo que está pasando. Sexto (F-F’). El peregrino ilustra la firmeza de aquel cuya confianza esta en Dios y convierte esta verdad en oración por la congregación.
            Octavo (G-G’). El peregrino recuerda la “teología de Sión” el lugar escogido por Dios para su manifestación plena (Dt 12). Se celebra la restauración de Sión, se ora por su restauración plena y recuerda a Sión como escenario de la bendición divina. Noveno (H). Nos encontramos aquí en el centro del texto, según la estructura propuesta. Menciona tres elementos necesarios para la vida: casa, seguridad y trabajo y la futilidad de estos sin la presencia de Dios. Tal vez recogiendo aquí el sentir del regreso del exilio y con este, y los proyectos de reconstrucción evidenciados en Esdras, Nehemías, Zorobabel, Ageo y Zacarías (538 a. C). La nación se reconstruye, parece sugerirnos el texto, a partir de la familia que teme a Dios. Para el cristiano la imagen del peregrino ilustra su vida, su testimonio y sus lealtades (1 Ped 2:11). El cristiano es peregrino en y de un mundo viejo, gastado y llamado a reconstruirse a partir de la cruz. Con su peregrinación el cristiano proféticamente anuncia la aparición de un nuevo mundo, una nueva sociedad, una nueva tierra en donde la JUSTICIA será ama y señora. El culto propende por generar y mantener esta conciencia profética.  Fin. 

lunes, 25 de julio de 2016

A pies descalzos

A pies descalzos
Reflexión sobre la hospitalidad, el sufrimiento y la liberación
Ex 3:2-3
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 159
Aviso a los lectores… no hablaré de Shakira y sus “pies descalzos”. Hablaré de Moisés y sus “pies descalzos”. Han pasado 40 años desde aquella vez, aquella mañana resplandeciente en la que Moisés hizo eco de su espíritu rebelde, anti imperialista y subversivo. Han pasado 40 años en los que ha llevado encima de sus hombros el peso del fracaso, en los que no ha dejado de saborear el sabor de la derrota y la desilusión. Basta llamar a unos de sus hijos para saberlo: “Gerson” es el nombre del “extraño en tierra extraña”, el nombre de la nostalgia, el nombre del pasado. Ahora es pastor o mejor dicho… copastor. Ya se han ido los bríos de la juventud y la rebeldía que la acompaña, tal vez el deseo de liberación para él y su pueblo ha quedado sepultado en la arena, como el egipcio aquel. Las promesas de Dios se han vuelto quimeras y la monotonía y el tedio que producen los sueños rotos le han ganado la batalla. El liberador está preso: no son cadenas físicas, sino cadenas del alma, las ataduras del fracaso. Y como siempre pasa: aunque el fracasado camine en el presente siempre da la impresión de que los pasos no son hacia al frente sino hacia atrás, o hacia ninguna parte. El fracaso sepulta en vida, para superarlo hay que reconocerlo, elaborarlo y tratarlo. La vida estará siempre llena de perdidas, el problema es que nosotros hemos sido educados para la victoria, para el triunfo y el éxito; no para la perturbación y el fracaso.
El punto de inflexión, de cambio, se da cuando el pastor Moisés sale a su cotidianidad. Dios se le revela en lo casual y cotidiano. No hubo anuncios o premoniciones. Moisés sale y en su labor se acerca con sus ovejas al monte Horeb, referenciado aquí como el “monte de Dios”. El monte no solo es lugar geográfico también es escenario teológico: lugar donde Dios se manifiesta. La curiosidad mato al gato-dice el refrán; aquí, la curiosidad atrapo a Moisés. Una zarza que arde, es un asunto normal en el desierto con sus altas temperaturas, pero… una zarza que arde y no se consume, ¡no! Se trata de un fenómeno extraño, algo que sale del marco, del libreto. “Al principio Moisés se resiste a dar crédito a lo que ven sus ojos, pero cuando la voz de Dios lo llama en medio del fuego empieza a comprender y es cautivado por Dios. Ver y comprender son presupuestos fundamentales para un encuentro autentico y en profundidad con el Señor”[1].    Dios le da un mandato y se presenta. Le dice, “te acuerdas, yo soy el Dios de la promesa... estoy aquí, no te he olvidado”. Pero aquí, quisiera tocar tres asuntos relacionados con el acto de “quitarse el calzado relacionado con la santidad” (Cp. Jos 5:15). Primero. Este acto parece ser propio de las normas de hospitalidad en oriente, aún hoy día. Si es así, Dios le da la bienvenida a Moisés, le dice: “quítate el calzado, estas en casa, descansa”. Así las cosas, la santidad es un espacio para morar, para habitar, la santidad es una casa a donde se llega y en donde se vive. La santidad no es una abstracción sino una habitación. Es el llamado de Dios al descanso, a superar los fracasos, es la bienvenida del padre a casa. No es la santidad que lo juzga, es la santidad que lo acoge.   
Segundo. La santidad está relacionada con el sufrimiento. La zarza que “arde y no se consume” es el pueblo de Israel y sus sufrimientos por la esclavitud. Dios dice: “he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto…”. El sufrimiento es “lugar o terreno sagrado”, más aún, el sufrimiento es habitado por Dios. Su santidad está relacionada con su actitud hacia el dolor[2]. El sufrimiento  propio y ajeno es “sagrado” en tanto que merece nuestra atención y el respeto. Merece que hagamos “altos en el camino”, que nos “quitemos el calzado” y que le prestemos toda la atención, no para subliminarlo sino para superarlo. Como el samaritano aquel que vio al herido y “no paso de largo”. Debemos considerar el dolor, hacer los pares necesarios y promover alternativas de liberación para el que sufre. El Dios del éxodo, Yahvé, se revela en acciones concretas de liberación. Podíamos decir que es un Dios práctico. No es el Dios de los filósofos: un ser absoluto, poderoso, eterno, omnicomprensivo, infinito, espíritu puro. ¡No! Cuando Faraón pregunta “¿Quién es Dios para que yo deje ir a Israel…?”,  Moisés no responde: “a propósito de su pregunta, esta noche se estarán dictando una serie de conferencias en el teatro egipcio sobre “la omnipotencia de Dios”. La manifestación de Dios es demostración de su presencia liberadora. La cruz es nuestro mayor desafío. El crucificado no murió para evitarnos la cruz sino para proponernos un modelo, para marcarnos un camino, para darnos un patrón (1 Jn 3:16).
Tercero. La santidad está relacionada en el texto con la “vocación” y la reorientación de la vida. La santidad no es un lugar para el estancamiento, no patrocina el conformismo; confronta con los “paras”, los propósitos de la vida. La santidad restaura a los prisioneros para que liberen a otros prisioneros. ¡Libres para liberar! La santidad no es excusa para la acción sino su condición necesaria. Así las cosas… “quítese los zapatos, porque está en tierra santa”. Fin.

[1] GARCIA LÓPEZ, Félix. Comentarios a la Biblia de Jerusalén: Éxodo. Desclee De Brouwer-España. 2007, p. 42.
[2] “Ahora, el Dios del éxodo no se revela como alguien que desea el dolor para después eliminarlo de la escena, sino como alguien que está preocupado por la vida y la felicidad pueblo de Israel”. GOMES, Paulo Roberto. El Dios im-potente: el sufrimiento y el mal en confrontación con la cruz. San Pablo-Bogotá, 2014, p. 32.