miércoles, 7 de junio de 2017

Jesús: encuentro y crisis (2)

Jesús: encuentro y crisis (2)
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero181
Pablo también (Saulo en hebreo) experimenta su crisis en “el camino a Damasco”, cuando iba en busca de cristianos para asesinarlos creyendo que hacia la obra de Dios. Allí, en el camino, se encontró con su perseguido y cayó a tierra. Jesús se le presenta como la “victima” (“Yo soy Jesús a quien tu persigues”) de la persecución paulina, Jesús es uno con la comunidad sufriente y perseguida. Pablo sale de este encuentro reorientado, pasa de perseguidor a perseguido. Su vocación será una transversada por el sufrimiento no obstante será un sufrimiento fecundo, como el de su Señor. La voz que lo convoca no le augura grandes éxitos, por lo menos a la manera del mundo, lo empuja hacia la comunicación de la fe en el mesías a otros. Tiempo después, escribiendo a sus amigos filipenses, Pablo confesará que el encuentro con su salvador generó una crisis tal que todo aquello que lo llenaba, que le hacía sacar pecho, que todos sus logros y éxitos… los había echado a la canasta de la basura porque había encontrado un referente mayor de significado para su existencia. Llama la atención que muchos líderes eclesiales de la actualidad estén reciclando, sacando de la basura, aquello que Pablo botó: los prestigios personales, los puestos y cargos eclesiales, los mesianismos políticos, los ascensos  ministeriales (comunitarios o personales); optando así por “una cristología de ascenso y poder” en vez de “una cristología de descenso y cruz”. Los recicladores están muy contentos viviendo entre su basural y su montón de desechos.
            El joven rico vive su crisis, quiso esconder su falta de solidaridad y fraternidad en declaraciones dogmáticas y cumplimientos rituales. Vivía su fe como muchos hoy, en función de la doctrina y las confesiones “ortodoxas” de fe, muchas veces confesiones denominacionales; pero no se vive la fe en función de la misericordia y la solidaridad, cayendo así en una especie de eclesiolatría y doctrinolatría. Como lo advirtió Juan Mackay: la doctrina puede convertirse en un ídolo y llevar la experiencia de fe a una esterilidad, insensibilidad e indiferencia. Así lo dijo: “los que tratan de vivir de ideas dejan de crecer; pierden carne, pierden sangre, resultando a la larga seres esqueléticos, esquematizados”[1]. El joven rico no poseía bienes, los bienes lo poseían a él; no tenía cosas, las cosas lo tenían. Se sentía cómodo hablando de Dios hasta que la referencia al prójimo lo incomodaba; hasta que tenía que hablar sobre las consecuencias sociales y fraternas de sus riquezas y sus bienes. Ante el desafío de Jesús el joven se fue triste porque no quiso reencontrarse con el pobre, con el necesitado; prefirió seguir viviendo para mamón, este es el antizaqueo. “No se convirtió al prójimo”, diría la teología de la liberación. Perdió la oportunidad (por decisión propia no por elección divina) de experimentar y vivir el reino a plenitud al salir del “mi” y encontrarse con el “tú”. Como nos lo enseñó la antropología filosófica: “descubro quien soy descubriendo quien eres”.
            La Samaritana por su parte, vivió su crisis al encontrarse con un hombre, con Jesús, en el pozo aquel a plena luz del día, mientras que el religioso y teólogo Nicodemo viene a Jesús de noche, esta mujer se encuentra con Jesús de día. La conversación que genera este encuentro va desarrollando y descubriendo a ambos personajes, por ejemplo: Jesús inicia siendo solo un judío en medio de una conversación sobre historia de tradiciones y conflictos étnicos; luego Jesús aparece como profeta a través de un dialogo sobre la vida “sentimental” de su interlocutora. Ella se siente descubierta por la palabra de Jesús y declara: “eres profeta”. Jesús es profeta no porque le adivine el futuro a la Samaritana sino porque su palabra la ha descubierto, la ha desnudado, la ha encontrado. Finalmente, Jesús es el mesías que discute sobre la “geografía de la adoración”. La mujer queda asombrada porque se encontró con uno que sabe todo  de ella y a pesar de eso la ama. Ella vive su crisis y sale reorientada; deja su cántaro porque ha encontrado una bebida superior e invita a los suyos a beber también de esa agua. La mujer no es capaz de quedarse con la noticia de su “descubrimiento” para ella. La mujer pasa “de prostituta a evangelista” porque la gracia de Dios en Cristo es más grande que todos nuestros quiebres juntos y que todos nuestros prejuicios sociales y religiosos.
            Y qué decir de aquella mujer que se salvó de ser lapidada pues fue encontrada en el acto mismo de adulterio (¿y porque no trajeron también al hombre?). Los religiosos traían la ley en una mano y las piedras en la otra para acabar con la humanidad de la pecadora. Pero Jesús trabaja desde una lógica distinta desde la lógica de la misericordia y el amor. No es la misericordia del “todo se vale” sino la que acoge y abre escenarios para la transformación y el cambio. La dureza de Jesús no es para la pecadora sino para los religiosos que se creen libres de pecado. Con la sentencia que les da, deja también descubiertos sus corazones y con las ganas de apedrear a alguien. El maestro les quita la máscara que cubría sus rostros. Los ha sacado del anonimato y de la vil complicidad de grupo para poner a cada uno frente a su propia conciencia. Los obliga a mirarse dentro, a superar el hábito de mirar siempre los defectos de los otros para evitar ser interrogados por sus malos procederes. Ella vive su crisis al encontrarse con Jesús y al escuchar su sentencia: Mujer, yo no te condeno, vete y se libre. Vuela alto mujer, vuela alto”. Fin. (Déjese encontrar por él, viva su crisis).


[1] MACKAY, Juan A. Realidad e idolatría en el cristianismo contemporáneo. Kairos-Argentita, 2004, p. 21. 

martes, 23 de mayo de 2017

Jesús: encuentro y crisis (1)

Jesús: encuentro y crisis
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero180
“Encuentros”, eso es lo que descubrimos en los evangelios. Los evangelios no son áridos tratados de teología sino relatos de los encuentros entre Jesús de Nazaret y una serie de personajes de su tiempo y su cultura: hombres y mujeres; intelectuales y mendigos; reyes, gobernadores y sacerdotes; judíos, samaritanos y griegos. Ahora, todo encuentro con Jesús generó crisis, un choque  de sabores y sinsabores. Es lo que Pablo afirmó: “si alguno está en Cristo… es una nueva creación” (2 Cor 5:17). Estar en él, saberse en él, vivir en él; no es solo una experiencia periférica de cada ocho días sino un cambio central de vida que afecta todo lo que somos.  Veamos. 1). En la sinagoga quisieron apedrear a Jesús porque este olvidó, intencionalmente, en su lectura de Isaías hacer mención del “día de la venganza” asunto importante para su credencial mesiánica y los ánimos nacionalistas de su tiempo. Jesús solo anuncio desde el viejo texto de Isaías “la novedad del año de gracia”, optando así, para sus escuchas, ser un predicador “exegéticamente incorrecto”.  Quisieron “vengarse” del predicador porque este no predico sobre “la venganza” (Lc 4:16-30). Este encuentro genero crisis.
            2). Zaqueo, marginado religioso y moral, fue atraído por curiosidad y su encuentro con Jesús generó una crisis. Descubrió que la verdadera pobreza esta en cerrarse a los demás siendo rico y que la verdadera riqueza está en darse a los demás y servir a los otros con lo que se tiene. Tal vez, la estatura pequeña sea una metáfora de la condición en la que se encontraba. Este encuentro con Jesús afectó la visión que Zaqueo tenía sobre las posesiones y los bienes materiales. Este encuentro afectó “negativamente” sus finanzas, causo un detrimento patrimonial; provocó una conversión “financiera”. Tal vez tuvo que vender uno de los dos camellos que había comprado, tuvo que sacar a su hijo de la mejor escuela (tipo bilingüe) que había y tuvo que renunciar a esas vacaciones familiares por el mundo  del mediterráneo (Lc 19:1-10).  Así, Dios “acoge a los victimarios para que cambien; no los justifica ni pacifica, pero si los invita a restituir, a recomponer la relación rota con sus hermanos, a quienes llegaron a convertir en víctimas y sufrientes de sus acciones”[1]. Me imagino la cara de los religiosos,  los hipotecadores de Dios, al escuchar decir a Jesús que este publicano “recién convertido” y que acababa de dar muestras de su cambio reparando a sus víctimas… era ahora “hijo de Abraham”.
            3). El tentador por su parte vive su crisis al encontrarse con Jesús, vive su frustración a hallar en el desierto, en el alero del templo y en el monte alto a uno que no actúa de acuerdo a los patrones de éxito y prestigio mesiánicos del momento. El tentador se encuentra con uno que tiene una escala de valores distinta: que no se deja llevar por la “tiranía estomacal” resistiendo instrumentalizar a Dios, de usar a Dios para su propio beneficio como su no hubiese más horizonte que el material; resiste la idea de un mesianismo con el prestigio de la espectacularidad apabullante en tomando el camino de un mesianismo anónimo y oculto en el servicio desinteresado a la condición humana; se opone a la idea de la misión hecha en “clave del menor esfuerzo” y negar así su adoración a Dios como absoluto (Mt 4:1-11). Sin embargo el tentador frustrado no se da por vencido, porque el mal tiene el talante de la terquedad: el seductor se acerca a la cruz, contempla al rey herido, fracasado y le sugiere bajarse, vengarse de sus enemigos, demostrarles a todos sus credenciales; pero que va, se percata que el crucificado (por más crucificado que este) no sigue la lógica de la venganza, no opta por la ley del odio sino que decide seguir amando y perdonar. ¡Qué frustración!  La tentación, valga aclarar, se presenta como opción, como propuesta o alternativa al camino de Dios, y no como una fuerza que limita nuestra capacidad de decisión. Como lo expresaría Santiago: “el mal es resistible” (Sant 4:7).
            Pedro por su parte, quien lloró amargamente por haber traicionado a su maestro y amigo, sufre, después de haber escuchado el silbatazo final, la crisis de saberse amado por su víctima, de saberse convocado, en tiempo extra, a la misión mesiánica. Entendió que la vida no la define un fracaso, que muchas pérdidas son catalizadores para las mejores ganancias, que Dios sabe construir bellos edificios a partir de los escombros y desechos (1 Ped 2:6); entendió que la cruz es el camino y no una opción. A Jesús le había invitado a “evitar la cruz”, tiempo después, ya viejo y gastado con el paso de los años y liberado por la dinámica del perdón y la misión, le escribe a los suyos diciéndoles que asuman la cruz, que no la eviten; que la cristología sufriente y solidaria debe dar como resultado una eclesiología sufriente y solidaria (1 Ped 2:21). Y es que el encuentro con otras personas es fuente de luz, fuente de sentido porque el otro siempre está ante mí de modo apelante. Ahora, lo único que hace posible una eclesiología sufriente y solidaria  para una sociedad que llora y gime a causa de la destrucción entre hermanos, es volvernos a sentar a los pies del Maestro de Galilea, aceptando el desafío de ser convocados (como Pedro) hasta allí, escuchar su voz y retomar su Evangelio como agenda de existencia humana. Debemos caminar animados por el mismo Espíritu que lo guió a Él. Eso es posible porque partimos de su promesa y no de nuestros anhelos frágiles. Así experimentaremos la renovación, esta tiene que ver con devolver la esperanza quebrada, recordar los sueños olvidados, resucitar la alegría enterrada, es que el Espíritu sople de nuevo sobre este valle de huesos secos y levante otra vez un poderoso ejército al servicio de su reino. Continuará.


[1] LUCIANI, Rafael. Regresar a Jesús de Nazaret: conocer a Dios y al ser humano a través de la vida de Jesús. PPC- Madrid, 2014, p. 34. 

martes, 16 de mayo de 2017

¿Político yo? (2)

¿Político yo? (2)
Notas para la comprensión de una experiencia de fe situada
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero179
Segundo. La siguiente dimensión desde en donde ubico lo que pienso, predico y escribo (con tintes o posturas políticas para algunos) es la homilética. La homilética responde a la pregunta ¿cómo comunico esa verdad de ayer al auditorio de hoy? Tiene que ver con la forma en la que trato de conectar a la gente, a la iglesia durante y después de la predicación. Como bien lo ha expresado el Profesor Milton Acosta… “cómo te lo digo para que no se te olvide”: los autores de la Biblia no solo escogieron que decir sino el cómo decirlo de modo que quedara grabado en la mente de sus auditorios y que de esta manera pudieran recordar el mensaje día a día; pudieran encontrarse con “el sermón” al ver las noticias, al salir a la casa o sencillamente al vestirse. Lo que hago muchas veces es conectar, especialmente a través de los títulos de las predicaciones, a la gente con los eventos noticiosos, culturales, sociales y políticos del país; lo hago así dado que las personas a las que ministro están ubicadas, son interrogadas por todas estas realidades, pero mostrando a la vez, a  la luz del evangelio, un sentido más profundo y radical. Es lo mismo que hace la Biblia, un texto que no habla verdades abstractas para personas de todos los tiempos sino cuestiones concretas para gente de un tiempo concreto.  
Por ejemplo. 1). Para el 20 de Julio, DÍA DE LA INDEPENDENCIA, hemos establecido en la Iglesia un día de ayuno, a este le llamamos “NO A LA INDEPENDENCIA”, así, partiendo de un evento político e histórico nacional llegamos al evangelio que en Juan 15:1-11 nos va a desafiar diciéndonos que separados de Jesús nada podemos hacer, proclamamos a partir de aquí nuestra DEPENDENCIA. 2). Hace años durante la critica que se hizo a una iglesia en Colombia junto a su movimiento político MIRA, prediqué  desde esa coyuntura  Marcos 13 llamándolo así: “El movimiento MIRA, de la política a la escatología”. Así lo hice porque estructuralmente el texto me plantea tres “mira” y me muevo desde la coyuntura política ampliamente conocida esa semana al evangelio desconocido de esa semana conectando así a la gente con el mismo. 3). Recientemente con la subida de TRUMP al poder político y dado su talante brabucón hice el siguiente comentario: “El modelo de liderazgo que se construye y se impone a fuerza de TRUMP-ADAS no toma como modelo a Jesús”. No estoy haciendo política; no, estoy tomando un referente político para hablar del evangelio. No obstante, en FACEBOOK la mayoría de comentarios que me hicieron tenían tintes políticos, es decir, no se entendió el grado de ironía y humor, pues, como  suele suceder, priman más las emociones que los argumentos[1].  4). En días anteriores en el marco de la marcha político religiosa que se llevó en el país y aprovechando la predicación del primer cantico del siervo en Isaías dije: “LA ANTI-MARCHA DEL SIERVO DEL SEÑOR” (Is 42:1-9). El siervo es un ministro de la JUSTICIA, sus métodos son silenciosos, no violentos, “no marchará en la calle” (v. 2).
Ahora, lo que hago no es original, no es invento mío, lo tomo de la forma en la que la Biblia lo hace. Veamos. 1). Un día cualquiera frente a una pregunta capciosa Jesús toma una moneda, la moneda del imperio, y confronta a sus oponentes con el evangelio a partir del rostro del emperador que estaba en la moneda (Mt 22:15-22). 2). Usando las categorías imperiales del triunfo y la victoria sobre los enemigos, Pablo dice que Cristo despojó a las potestades y las exhibió públicamente al triunfar sobre ellas en la cruz (Col 2:15). Vuelve y juega: un evento político e imperial se convierte en plataforma para comunicar el mensaje del evangelio. Para describir la segunda venida de Cristo Pablo usa también las categorías del imperio para hablar, no de la llegada del emperador a unos de sus territorios, sino la llegada del verdadero rey a su creación (1 Tes 4:16). 3). Cuando Jesús dice “mis paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da…” (Jn 14:27), habla a personas que sabían lo que él decía. La frase “no como el mundo la da”, es una clara alusión a la “pax romana” o “pax Augusta” de la que gozaba el imperio pero que se sostenía por la fuerza de las armas y el militarismo. 4). Jesús conecta y convierte la naturaleza en fuente para comunicar su mensaje (Mt 13:1-12). Todo esto para decir que la fe es una experiencia situada y ubicada, no pretendamos entonces “desencarnarla”, volverla abstracta y etérea solo por comodidad reduciéndola a su mínima expresión individual y sin ninguna afectación en lo cotidiano.
Tercero. La otra dimensión desde en donde ubico lo que pienso, predico y escribo (con tintes o posturas políticas para algunos) es la pastoral. Esto quiere decir que en la predicación debo tratar de ministrar las necesidades de la congregación o auditorio. Con lo anterior no quiero decir que debo dar a la iglesia lo que ella quiere escuchar sino lo que necesita oír. Lo primero me obliga a estar sofocado por la tiranía de lo urgente, los caprichos personales y los criterios del marketing; lo segundo me mantendrá enfocado en el texto bíblico y lo que Dios comunica a su pueblo a través de este. Parte de mi tarea es ser relevante frente a las distintas circunstancias que aquejan a la iglesia; es decir; “tener las necesidades  de la congregación grabadas en mi corazón”. Para esto necesito estar ubicado aquí y ahora, necesito conectar el domingo con el lunes, necesito ser “político” para no traicionar al evangelio (El que lea entienda). Fin.

lunes, 8 de mayo de 2017

¿Político yo? (1)

¿Político yo? (1)
Notas para la comprensión de una experiencia de fe situada
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero178
El libro de Proverbios, capítulo 12 versículo 1, declara: El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante”. He dicho muchas veces, en distintos lugares y a distintos auditorios que, a la luz de este  texto, lo que nos permite mejorar y crecer, entre otras, es la crítica sincera de las personas que están a nuestro lado y que ven, a veces, lo que nosotros no vemos de nosotros mismos. Es decir, crecemos al ser corregidos, al ser interrogados.  En días anteriores varias personas, entre hermanos en la fe y amigos, me han dicho que por qué tomo X o Y postura política en mis publicaciones y predicaciones. Frente a esto, he aceptado el desafío de ser interrogado pero  también la responsabilidad de responder, de poner el telón de fondo conceptual, teológico y Bíblico desde donde predico y hablo algunos asuntos que parecieran tener tintes “políticos” (según el entendimiento general de esta nominación).
            Es necesario tener claro que el término “político” y su relativa experiencia tiene al menos dos acepciones, así lo entiendo yo desde el “zoom politikon” aristotélico. Es decir, desde el hecho de que el hombre es un “animal político”, un habitante de la “polis” (ciudad) y como tal todo lo referido a ella le interesa y lo interroga. 1). Entiendo la experiencia política como el interés en todo lo público, todo lo relativo a la sociedad y sus tramas. Nadie puede renunciar a esta dimensión, hacerlo es casi renunciar a ser humano. 2). Entiendo “política” como esa parte estructural que toma el estado de derecho y que convoca a ello a personas para que administren la “cosa pública”. Aquí entonces entra el “hacer político profesional” con todas sus bondades y maldades, las dinámicas del manejo del poder y el acceso, por vía democrática, a este. Entonces, a la luz de esto, yo soy político según la primera acepción, pero no político de acuerdo a la segunda aclaración, no estoy interesado en serlo, aunque entiendo que esa dimensión me afecta y no deje por ello de criticarla y aludirla, así como ella me crítica y me alude. Así, cada ser humano, cada creyente es entonces un “político”, esto, si pretende vivir su fe situada y no negar el modelo misionero propuesto por Jesús: “como el padre me envío yo los envío a ustedes” (Jn 20:21). A la luz de lo anterior las tres siguientes declaraciones.
Primero. Asumo, desde la cristología (lo referente a Cristo), que Jesús fue un hombre “situado” en la historia, con ello quiero decir que interactúo con un tiempo, un espacio y una cultura concretas. De acuerdo a esto, y asumiendo su misión como mesías, su mensaje no versaba  sobre “cómo prepararse para ir al cielo y abandonar a este mundo”, sino sobre “cómo prepararse para recibir al cielo y transformar a este mundo”. Por ejemplo, Jesús nos enseñó a orar “hágase tu voluntad en la tierra…”, asumiendo así el riesgo de poner a dos reinos en contraste; el de Dios y los de este mundo. Los judíos de su tiempo, deseosos de liberación y expectantes por ello, lo sabían bien. Jesús dijo en otra ocasión, curiosamente en el gran discurso misionero de Mateo 10, “no penséis que he venido para traer paz…”. No quiso decir que su reino no fuera un reino de paz (Mt 5:7), no; solo que no fue ingenuo. Sabía que su mensaje y posturas lastimarían, “sacarían ronchas”, incluso, descuadraría ese núcleo fundamental de la sociedad; la familia. Claro está, esto es difícil de entender para los evangélicos que, a partir de la influencia gnóstica y platónica, han dividido el mundo en dos: el espiritual y el secular. Piensan, quienes asumen esta dualidad, que Jesús fue un gran maestro iluminado que predicaba cosas bonitas y “espirituales” y que en efecto, la salvación tiene que ver con ir de este mundo a otro en el cielo azul. Pero no hay más grande mentira que esa, y es grande púes desdibuja a Dios, pervierte a Jesús, no entiende su mensaje; niega la encarnación y su efecto escatológico sobre lo creado. El mensaje de Jesús no era neutral, puso con los pelos de punta a la religión y al imperio romano; su mensaje tenía que ver con asuntos muy terrestres, muy “mundanos”;  muy “políticos”.
Sería bueno recordar que la crucifixión de Jesús fue un acto político. La cruz estaba reservada para los sediciosos, para los revolucionarios, para aquellos acusados de traición al imperio y que se atrevían a desafiar su poder omnímodo (Jn 19:15). Claro está, Jesús no pretendió tomarse el poder ni ocupar la silla de Pilatos o Herodes, no; su pretensión fue fundar una comunidad alternativa, la comunidad mesiánica. Por ello, la escena decisiva allá en Jerusalén hace 2000 años, que invitaba a decidir entre Barrabas y Jesús no se clausuró allá y entonces. Esta escena es el paradigma o modelo de como la iglesia hoy sigue decidiendo entre dos modelos de ser mesías: Jesús, el hijo de Dios, cuyo proyecto estaba fundado en la misericordia, la entrega y la “no-violencia”, ese día se lo veía herido, débil, indefenso... impotente.  Por otro lado Barrabas (hijo del padre) quien no era un vulgar ladrón sino un sedicioso que encarnaba un proyecto liberador, mesiánico, fundado en la violencia y en la “hermenéutica macabea” de la historia de la salvación, ese día se lo veía, fuerte, decidido, aguerrido… imponente.  Por eso, creo que sería bueno  preguntarnos una y otra vez ¿queremos ser la iglesia de BARRABAS o al iglesia de JESÚS? Así, Jesús no “participó en política”, en términos profesionales; pero si “participo en política”, en términos generales: su mensaje tuvo profundas implicaciones sociales y políticas. Por esto creo que cuando el mensaje, mi predicación, se vuelve concreta, tiene que ver con la gente, la vida real, las cosas del día a día, alude e interroga la cotidianidad desde la cruz… tengo dificultades, saco ronchitas, pongo al auditorio en aprietos. No creo, así como Jesús tampoco lo creyó, en la neutralidad. La fe es una experiencia situada y ubicada. Continuará. 

viernes, 5 de mayo de 2017

AIEC desde la periferia

AIEC desde la periferia
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero177
Para empezar quisiera hacer dos afirmaciones: 1). La AIEC es la “Asociación de Iglesias Evangélicas del Caribe” fundada, en 1937, hace más de 70 años por los misioneros europeos Enrique y Susana Strachan quienes pertenecían a la “Misión latinoamericana”. La AIEC hace presencia en Colombia por toda la región Caribe, Medellín y Bogotá y cuenta hoy con más de 900 iglesias establecidas en las regiones ya nombradas y en otras de menor presencia denominacional. 2). Escribo esto “desde la periferia” pues soy consciente que no tengo, aparte de mi tarea pastoral, ninguna influencia en las o desde las estructuras denominacionales de poder administrativo que Dios ha puesto para regir los destinos de la AIEC. Así que, mi pretensión surge a partir de entenderme y entender la iglesia local que pastoreo, como parte de un entramado eclesial más amplio al que respecto y donde sirvo, entramado que “como cuerpo vivo” debe estar en constante crecimiento y revisión teniendo como referente principal el evangelio del reino.
            Según documentos oficiales, la historia de la AIEC se puede entender a partir de cinco momentos o épocas. Se resumen así[1]: 1. De la época de la Siembra de la Palabra (1937 – 1945)[2]. 2. De la época de Organización y Consolidación (1945 – 1958)[3]. 3. De la época del Primer Avivamiento (1958 – 1975)[4]. 4. De la época de Reorganización (1975 – 2000)[5]. 5. De la época del Avivamiento Integral. (2001…)[6]. Desde 1937 hasta ahora, 2017, la denominación ha tenido cambios significativos, por ejemplo; cambios geográficos, se ha pasado del campo y la ruralidad a la ciudad y lo urbano. Cambios numéricos, hemos pasado de ser unas cuantas comunidades a ser más de 900 iglesias. Cambios  administrativos, se ha pasado de un gobierno congregacional a uno integral. Cambios teológicos, se ha pasado de una sospecha frente al Espíritu a una experiencia pentecostal moderada. De un concepto de avivamiento reducido a un concepto de avivamiento amplio e integral. Ahora, de cara al futuro y desde la periferia sugiero lo siguiente.
            1). Una revisión profunda de la cristología: la cristología denominacional se sabe misionera (Mrc 16:15), esto es; con una profunda preocupación por la evangelización y la fundación de nuevas comunidades eclesiales. Para esto se hace necesario dejarnos interrogar, en este camino, por el mismo Jesús con su pregunta critica “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Frente a la pregunta surgen dos opciones: la opción del “cristo triunfalista” al que se matricula Pedro o la opción del “cristo siervo” que encarna Jesús. Según Jesús, en la reprensión a Pedro, Satanás entra por la cristología. Pero para esta revisión se hace necesario ir más allá de la conferencia o de un seminario sobre el tema para dejarnos interrogar, en el camino, por la experiencia del cristo de la cruz. 2). Revisar el asunto del “orgullo denominacional”: siempre corremos el riesgo de acercarnos a la Biblia para convertirnos en jueces de los demás o mirarlos por encima del hombro. Sin generalizar, he escuchado en muchos pulpitos de nuestras iglesias esa aseveración, casi con aire de superioridad  “farisea”: “esta es la denominación de la Palabra, no somos como las demás”. Con todo respeto y humildad, damos gracias a Dios por lo que somos, pero no somos los únicos, no podemos caer en “el síndrome de Elías” y usar la Biblia para creernos más que los demás. Noten que esto está directamente relacionado con el modelo cristológico que asumimos. 3). Celebrar la ecumenicidad: significa que entendemos el “carácter universal y variado” de la iglesia como cuerpo y que podemos entrar en diálogo con parte de ese cuerpo que  no se parece a nosotros pero que puede nutrirnos. Implica dejar de mirar con sospecha y recelo al otro solo porque no tiene nuestro rótulo denominacional. Incluye que pueda sentarme y hablar con “el apóstol fulanito” aunque no esté de acuerdo con su nominación. Una cosa es tener líneas claras de diferenciación y otra es construir muros. Una cosa es marcar la cancha para jugar y otra es levantar paredes que impidan el juego. 4). Mantenerse vigentes o actuales: no tiene que ver con la vigencia y el hastío tecnológico sino con la frescura que llega de la lectura y práctica de la Biblia, que en el poder del Espíritu nos empuja a ser como Cristo siendo sal (sin perder la identidad: “saber y ser”) y siendo luz (asumiendo el carácter testimonial: “decir y hacer”). Fin.


[2] En este periodo se dio inicio a la obra en las principales ciudades del antiguo departamento de Bolívar, como eran: Sincelejo, Montería, Cartagena y Magangué. La siembra fue realizada por misioneros y misioneras de distintas nacionalidades.
[3] En 1945 se organiza la obra, y se adopta el nombre inicial de Asociación de Iglesias Evangélicas de Bolívar y se aprueban los primeros estatutos de la Asociación. En 1953 se cambia el nombre de Bolívar por Caribe, quedando entonces Asociación de Iglesias Evangélicas del Caribe (AIEC).
[4] Es el tiempo durante el cual se dio un mover del poder de Dios manifestado en señales, prodigios, milagros y un crecimiento extraordinario en la naciente AIEC. También hubo cambio en el liderazgo, liturgia y doctrina. Por otra parte en 1962 se obtiene la personería jurídica civil 1785 de la Gobernación de Bolívar.
[5] Es una época de reformas en los estatutos y entra en vigencia un nuevo reglamento interno. Se producen cambios significativos en la estructura administrativa. Se obtiene la personería jurídica especial 595 del 8 abril de 1997, y recibimos el nombre por parte del ministerio de interior y de justicia de Denominación Eclesiástica; y se conservó el nombre de Iglesias Evangélicas del Caribe y se cambió la sigla por el nombre propio de AIEC, quedando definitivamente como Denominación Iglesias Evangélicas del Caribe AIEC.
[6] Esta época inició con una convocatoria de todo el liderazgo representativo de la AIEC, que se conoció como “Consulta de Tolú” en Agosto de 2001. En esta consulta se propusieron realizar cambios fundamentales en la estructura, la visión y la misión de la AIEC.

martes, 25 de abril de 2017

Don Dinero (1)

Don Dinero
Lo que los predicadores de la prosperidad no dice pero el evangelio si advierte
1 Timo 6:5
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero176
Dicen algunos predicadores de la prosperidad que la razón por la que ellos “predican tanto sobre el dinero” es porque la Biblia habla por todos lados respecto a este. Tienen razón, hasta cierto punto; en efecto la Biblia habla mucho de dinero, pero la gran mayoría de veces lo hace advirtiendo sobre el poder engañoso y corruptor de este. No solo la Biblia, AT y NT, habla de ello sino que también la historia de la iglesia nos lo dice: la venta de indulgencias (la compra y venta de los favores de Dios) y la simonía (la compra y venta de cargos eclesiásticos), en la edad media, son tal vez los ejemplos más claros de lo que venimos hablando. En la actualidad la forma más clara y evidente es la llamada teología de la prosperidad; desde esta elaboración teológica, los mercaderes de la fe ofrecen las bendiciones de Dios a cambio de dinero o de “Don Dinero”, como diría Fernando Cruz Kronfly. La presente reflexión tiene como propósito mostrar y comentar algunos textos representativos que desde el evangelio critican a “Don Dinero” y a todos los que ante él se postran. Veamos.
            Primero. El texto más representativo del evangelio que toca de manera profunda y radical el tema del dinero es el de Mateo 6:24. Sin medias tintas Jesús ubica el tema dentro de un plano religioso y confesional: “no pueden servir a dos señores”. Se sitúa aquí este discurso junto aquellos que en el AT invitaban al pueblo a tomar decisiones radicales frente a los ídolos y Yahvé (Jos 24:15). Contraviniendo aquí toda actitud ecléctica y de tolerancia a ultranza, Jesús invita a revisar los valores y la ubicación del corazón a partir del “servicio a Dios” o del “servicio a Mamón” (dios Sirio de las riquezas). El asunto es claro: “…todos sometemos nuestro corazón a alguna clase de amo. Nadie se escapa. Ningún corazón va a vivir libre. El corazón de cada uno de nosotros es gobernado por algo, y aquello que gobierne determinará nuestros pensamientos, deseos, decisiones, palabras, acciones y emociones”[1]. Siendo así las cosas, hay dos amos compitiendo por nuestros corazones: Dios y Mamón. Cada uno te ofrece esperanza, vida y paz, pero solo uno de ellos puede dártelas. Ambos te dirán que es la vida y en que es importante que te enfoques. En el contexto amplio de la crítica de Jesús se nos dice que “el servicio a Mamón” está caracterizado por el “afán y la ansiedad” por obtener aún lo básico: “comida, vestido y bebida”. Pero que el “servicio a Dios” está caracterizado, no por negar lo básico, sino por soñar el sueño de Dios caracterizado por la justicia (Mt 6:33)[2]. La justicia, no es tanto una categoría legal, sino más bien moral, ética y cultica; es lo que Dios espera de su pueblo: es “la conducta apropiada delante del padre… es hacer la voluntad de Dios… tiene que ver con Dios y el prójimo. Se manifiesta como fe en la participación activa de Dios en la historia”[3].
            Segundo. Otro texto también representativo para el tema es el de 1 Timoteo 6:5, allí Pablo vincula el tema del dinero también con los efectos y las lealtades. El “amor al dinero” como lo cataloga el autor en el texto, no es un asunto pequeño y trivial: es la raíz de todos los males.  Es decir, que no hay ningún tipo de mal que la persona no este dispuesta a hacer con tal de conseguir el dinero y retenerlo. Cuando escuchamos hoy los grandes escándalos de corrupción en el país y seguimos las noticias nos damos cuenta de que en todos ellos “Don Dinero” ha estado mediando. “Don Dinero” se levanta como “dios”, como ídolo que exige cada vez más adoración dejando consecuencias funestas por su culto. “Los templos están cada vez más vacíos y menos frecuentados, pero las ventanillas de los bancos trabajan sin cesar. Lo único que desde la marcha triunfal del american way life por todo el orbe hemos hecho es danzar ininterrumpidamente en torno al becerro de oro y postrarnos con creciente devoción ante Mamón”[4]. Ahora, mirando ampliamente el contexto de 1 Timoteo 6:5 podemos decir que el problema del amor al dinero no es de gasto excesivo sino, al menos, por cuatro “problemas”: 1). Un problema de contentamiento o satisfacción (“gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”). El descontento es el terreno fértil para que el amor al dinero crezca. Es un problema del corazón y la publicidad lo sabe bien, por ello siempre está creando necesidades e imponiéndonos estilos de vida. El descontento casi siempre va acompañado de su amiga la envidia. 2). Un problema de identidad (“… nada hemos traído a este mundo”). Esto está vinculado al olvido de quienes somos y que es fundamental en esta vida. El amor al dinero se pone junto a un estilo de vida que olvida la eternidad y el carácter transitorio del orden presente de cosas. Continuará.


[1] TRIPP, Paul David. El sexo y el dinero: los placeres que te dejan vacío y la gracia que te satisface. Faro de Gracia-USA, 2014, p. 175.
[2] Si el servicio a Dios está caracterizado por la “justicia”, el culto a mamón debe estar caracterizado por la injusticia y la inequidad. “El culto a mamón  es el de los más cruentos. Huérfanos, pobres, viudas, emigrantes, débiles, miserables, incluso los mismos padres aparecen en los textos proféticos como víctimas del deseo de enriquecerse. Pero las victimas de mamón no solo son las personas, también encontramos  enumerados la justicia, el derecho, la misericordia, esos intereses de Dios  través de los cuales se regula las rectas relaciones entre los hombres… (Jr 6:9-30; Ez 33:30-33)”. SICRE, José Luis. Introducción al profetismo de Bíblico. Verbo Divino-Estella (Navarra), 2001, p. 389.
[3] BOSCH, David J. Misión en transformación: cambios de paradigma en la teología de la misión. Desafío-Michigan, 2005, p. 100.
[4] SAÑA, Heleno. La ideología del éxito: una lectura de la crisis de nuestro tiempo. PPC- España, 2016, p. 86. 

martes, 18 de abril de 2017

Jesús es VERBO no SUSTANTIVO

Jesús es VERBO no SUSTANTIVO
Apuntes para la praxis de la fe
1Jn 3:16
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero175
 “Jesús hermanos míos es verbo no sustantivo”, así reza el estribillo de la canción  “Jesús verbo no sustantivo” del guatemalteco Ricardo Arjona. Es fácil de determinar su significado: la fe en Jesús, como el verbo en la oración, es acción, se expresa en actos concretos de vida. Santiago va a decir que la fe que se expresa correctamente “creer y temblar” pero no se práctica concretamente… es demoniaca (Sant 2:19). Me temo que hay muchos “poseídos” entre nosotros, hay muchos con una fe demoniaca. Especialmente en nuestros días, esa fe que se indigna desde la virtualidad por el hambre de los niños de áfrica pero que no se mueve desde su realidad por el hambre del vecino. El texto que nos ocupa hoy para nuestra reflexión se encuentra ubicado en una sección más amplia desde y en donde el autor quiere dejar en claro lo que significa el amor mutual en la comunidad (3:11). Esta realidad es un asunto que se ubica en el plano de lo recibido “lo que hemos oído” y lo aleja del escenario y la tiranía de la novedad “desde el principio”. Desde aquí el autor presenta dos modelos: el modelo de Caín como la antítesis del amor y la concretización de la violencia (vv. 12-15)[1] y el modelo de Jesús como la muestra concreta del amor y la recuperación de la solidaridad (vv. 16-18).
            Juan afirma, pasando al modelo de Jesús, que el amor se conoce no por las elaboraciones teóricas y suspiros emotivos, sino porque se hace concreto en la donación de la vida. La vida de Jesús entregada en acciones de liberación, de sanación y salvación fue la muestra concreta del amor de Dios puesto al servicio de su creaturas. La fuerza de la prueba del amor de Dios, según Juan,  no es etimológica, sino cristológica. No está en la elaboración de un concepto a partir de una palabra,  del término griego para amor por ejemplo usado aquí (ágape), sino en la toma de una decisión concreta, en un momento histórico puntual y con escenarios religiosos y políticos específicos. Dios expresó su amor en un acto concreto de su voluntad; envío a su hijo para la liberación de nuestra condición pecaminosa; de esta manera, LA FUERZA NO ESTÁ EN EL SUSTANTIVO (AMOR) SINO EN EL VERBO (DAR). Pero este “auto sacrificio”, este darse de Jesús, no es simplemente una revelación del amor que debe ser admirada y contemplada; es un ejemplo que debe ser imitado. Por la influencia de la teología anselmiana los cristianos no logran conectar la pasión con la misión. Debemos recordar que Jesús no murió para evitarnos la cruz sino para enseñarnos como tomarla y morir también. Lo anterior conecta con el prólogo (1Jn 1:1-4), este no es solo arreglo literario, estilístico y pauta hermenéutica, sino también criterio relacional y fraternal: sí Juan renuncia a la “cristología aséptica” de los gnósticos, como ya lo afirmamos, como resultado de esto, renuncia también a la “eclesiología aséptica”. La iglesia es, o debe ser, la comunidad de los “tocables, los audibles y los visibles”. Si Cristo fue una experiencia concreta y relacional, también debe serlo mi hermano y la comunidad cristiana. Para la comunidad Juanina el peligro era “la eclesiología aséptica”, peligro latente hoy y representado en la cultura de la “cibercultura”, a través de las redes sociales. 
            Juan, para no dejar el asunto en el terreno de lo ambiguo, afirma que los “bienes de este mundo” son fuente de servicio y de expresión de la forma en la que se asume en el día a día la pasión de Cristo (v. 17). El amor de Dios y a Dios nos compromete porque finalmente es la solidaridad la que nos hace creíbles. Ahora, si conectamos a los “bienes de este mundo” con lo que ya expresó: “no améis a este mundo” (2:15), tendremos la siguiente apreciación: Tal vez el “amor al mundo” tiene que ver con la no capacidad de discernir el carácter temporal del mundo y sus bienes y el carácter servicial de estos. No quiere decir esto que el creyente no puede poseer cosas, lo importante es que las cosas no lo posean. “Amar al mundo” tiene que ver con cerrarse al prójimo en servicio obstruyendo la solidaridad, abriéndose a la violencia poniendo así en riesgo la permanencia. Es violento y participa del espíritu de Caín no solo aquel que atenta físicamente contra el prójimo sino que también es violento aquel que, ante la necesidad percibida y teniendo con que, se cierra al prójimo matándolo y negando el amor de Dios en él. De esta manera, el amor de Dios que se mostró concreta e históricamente en Cristo se convierte en modelo para la misión de la iglesia, modelo de entrega y servicio. La iglesia también vive su pasión. El odio caracteriza al mundo, cuyo prototipo es Caín. Tiene su origen en el diablo, termina en homicidio y es evidencia de “muerte espiritual”. El amor caracteriza a la iglesia, cuyo prototipo es Cristo. Tiene su origen en Dios, termina en sacrificio propio, y es evidencia de vida eterna. La vida cristiana según la conclusión del verso 18 debe dejar de ser simplemente retorica religiosa y dogmática (palabra y lengua), para pasar a la praxis (práctica) cotidiana a través de actos concretos de servicio y de solidaridad (hechos y verdad). Así nos hacemos creíbles: Jesús dijo “en esto conocerán” (Jn 13:35). Por esto recordemos que “Jesús hermanos míos es VERBO no SUSTANTIVO”. Fin.

[1] “El violento trata de imponerse sobre lo otro y el otro, y al hacerlo, afirma su ego… detrás de todo acto violento se esconde un marcado egocentrismo. La violencia… es la negación del otro. El violento es un ser cerrado, sin alteridad, sin prójimo,  sin misericordia, sin interlocutor… Convierte al otro en cosa, en instrumento, en objeto útil a sus fines”. MOSQUERA BRAND, Fernando A. Cristianismo, justicia y paz: un diálogo sobre su relación y aplicación en la sociedad actual. Clie-Barcelona, 2004, p. 164.