jueves, 3 de julio de 2014

Mamá también

Mamá también
Introducción a la lectura de la segunda carta de Juan en “clave femenina”
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 96
Todos sabemos que el sustantivo “iglesia” es femenino, que gran parte de nuestra experiencia en la comunidad eclesiástica se vive con sabor femenino, pero… la imagen de la iglesia como una comunidad femenina y específicamente como madre, ha sido poco explorada. Es conocida la frase de San Cipriano cuando dijo: “nadie puede tener a Dios por Padre, si no tiene a la Iglesia como madre”, pero entre el protestantismo, esta aseveración no ha tenido mucho eco; el catolicismo por su parte, ha explorado el asunto y por lo menos hay dos grandes hitos marcados; el primero de ellos en el artículo  3 del Catecismo que trata sobre “la Iglesia Madre y Maestra; en segundo lugar, está la encíclica de Juan XXIII que lleva por título, como el artículo del catecismo, “Madre y Maestra”. Particularmente creo, que la figura femenina de María ha solidificado, en el catolicismo, la imagen femenina de la iglesia. Juan, no XXIII sino el apóstol, nos presenta su segunda carta dirigiéndose a la iglesia como una mujer madre a quien le escribe y le aconseja. Veamos detalles literarios, estructurales, teológicos y prácticos de esta corta, pero profunda carta.
            La carta presenta, entre otra, una estructura literaria en forma de quiasmo así:
a. Saludo inicial: señora cómo está, vv. 1-3.
     b. El comportamiento de sus hijos, vv. 4-6.
             c. Los engañadores, v. 7.
     b’. El comportamiento de sus hijos, 8-11.
a’. Saludo final: señora adiós, vv. 12-13.
Los dos extremos (a-a’) de los vv. 1-3 y 12-13, que presentan el saludo inicial y el saludo final, respectivamente; introducen de manera viva e inequívoca a la iglesia como una mujer, la frase que usa es “señora elegida” (Cp. 1 Ped 5:13). Ahora, la identificación del pueblo de Dios con una mujer no es invento de Juan, son muchas las referencias del AT que ya lo hacen: hablan de Israel o Jerusalén como una mujer y de Dios como esposo (Os 1-3; Ez 16; Is 53). También en el evangelio de Juan y el Apocalipsis existe una presencia fuerte del tema: Jesús es esposo y la iglesia es su esposa (Jn 3:29; Ap 2:4; 18-19). Las palabras “gracia, misericordia y paz (v.3), típicamente paulinas, aparecen aquí dándole al saludo un énfasis litúrgico: un sabor a culto y a celebración. Así, teología y doxología van juntas.
            La segunda parte del texto, (b-b’) recoge la emoción del anciano por la conducta (el andar) de los hijos de la doña, aquí; la iglesia. Pero a la vez les advierte sobre la posibilidad de extraviarse, de no permanecer. Veamos los detalles. La alegría del anciano es suscitada por el camino que los hijos de la elegida han decidido transitar, el camino de la verdad (vv. 4-6). “Andar en la verdad” corresponde a ser fiel al proyecto de Jesús tal como fue presentado en el evangelio de Juan. La verdad entonces no es una doctrina para ser aprendida racionalmente, sino un camino concreto que caminar, es el mandamiento del padre. Este mandamiento tienen que ver con el amor reciproco y ese amor se muestra de manera concreta en una forma de vida que concuerde con lo que Dios quiere. La muestra de amor esta mediada por la obediencia. En Juan el amor no es un concepto: es la marca genuina, el sello distintivo de una comunidad que se relaciona consigo misma en el marco de lo que Dios ha establecido para ella (Jn 13:34). El amor es el lenguaje del pacto y tiene implicaciones misiológicas (Dt 6:4;7:8; Jn 17:21-23). En este sentido el anciano los llama a estar alerta, y los invita a permanecer, esta permanencia será evidencia de la relación de ellos con el Padre y Jesucristo (Jn 15:1-11). Les estimula a tomar distancia de los falsos maestros, les dice que la tolerancia tiene sus límites, que con la mentira no se juega, a ella no se le hospeda (vv.8-11).  
            El centro del texto (c’) recoge la GRAN RAZÓN de todo lo que el anciano ha expresado: la mentira anda suelta (v. 7). En este sentido él apela al sentimiento de madre, para que ella sienta ese celo que caracteriza a las madres cuando los suyos están en peligro, para que ella se convierta en maestra y guardiana de los suyos. El problema o la amenaza se describe en primer lugar en tamaños mayúsculos, habla de la cantidad de maestros engañadores: “muchos”. En segundo lugar habla del escenario de los charlatanes: “el mundo” (no como cualificación moral sino espacial). En tercer lugar se menciona el mensaje de estos: niegan la encarnación de Cristo. En cuarto lugar el anciano los califica moral y teológicamente: son engañadores, son anticristos. Esta es ya una mención del docetismo: herejía cristológica del primer siglo que negaba que Cristo fuera carne, afirmaba a Jesús como un “Espíritu”, esta idea fue tomada del gnosticismo cuyo punto fuerte era la  calificación negativa de la materia y el cuerpo. Este movimiento que el anciano critica era “muy espiritual” entonces. Ahora, negar la encarnación era negar la historia de la salvación. Generalmente los creyentes han visto hacia fuera para encontrar al anticristo en los ateos, los comunistas, el mercado y la política; sin embargo para Juan, el anticristo está dentro de la iglesia, es más eclesial y teológico que político o económico. Los anticristos son “medio cristianos” y esta es su peor virtud. La fuerza de la mentira-decía orígenes- está en la verdad que contiene. Una mentira que a todas luces parezca como tal no engaña a nadie. Esta carta es un llamado a la iglesia para que asuma su rol maternal siendo maestra, pedagoga y guardiana de los suyos: confesando la encarnación y actuando la encarnación. Fin 

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