martes, 5 de julio de 2016

Un vacío llamado hijo (5)

Un vacío llamado hijo (5)
Monólogo sobre el amor y el rechazo
Os 11:1-11
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 155
Tradicionalmente la reflexión teológica nos ha instado a hablar de Dios a partir del hombre: los recursos del antropomorfismo (hablar de Dios a través de las formas humanas) y el antropopatismo (hablar de Dios a partir de la emoción humana) son ejemplos de ello. Sin embargo; la Biblia nos invita a hacerlo al revés, a hablar del hombre a partir de Dios. Así, la Biblia declara que el ser humano es “imagen y semejanza de Dios” y se le desafía a  administrar como Dios, a amar como Dios ama, a sufrir como Dios sufre. El texto de Oseas nos invita a ser padres a la manera de Dios en el escenario de la misericordia que confronta y redime. Desde la lógica humana la ira hubiese vencido, pero desde la ilógica divina triunfa la misericordia. Entonces, antes de hablar de ANTROPOMORFISMO o ANTROPOPATISMO deberíamos hablar de THEOMORFISMO y THEOPATISMO.  Ser padre no es tarea fácil, ni siquiera para Dios. Esta afirmación no niega el poder de Dios sino que habla de ese poder traducido en amor, misericordia y compasión. Pero la declaración también revela la fractura humana, su vulnerabilidad, sus rebeliones y la forma en la que Dios las asume exponiendo su REPUTACIÓN... pregúntale al crucificado sobre esto.
            El Dios que presenta Oseas es bastante “patético”, muy emocional: se entristece, llora, se lamenta, se indigna, ama, sufre tensiones, se frustra. No es definitivamente el dios de los filósofos, del “motor inmóvil” aristotélico. Tampoco es el dios de muchos cristianos en la actualidad “el dios de los milagros” o “el de los omnis” (omnipresente, omnisciente y omnipotente). El Dios de Oseas es bastante incómodo y extraño: se involucra, sufre, acompaña, conduce, toma y corre riesgos. Santiago Benavides lo expresa magistral y líricamente en “Dios También”.
                                                           Dios también fue un inmigrante.
Dios también tuvo que huir.
Dios también fue desplazado,
y estuvo deprimido y sin ganas de seguir.
Dios también perdió a su niño.
Dios también probó la soledad.
Dios también se quedó sin amigos,
cuando más precisaba su solidaridad.
Dios también, Dios también.
Dios también pasó por el dolor.
Dios también, Dios también.
Dios también lloró.
Dios también estuvo preso,
Dios también sufrió por dar amor.
Dios también fue criticado,
por no lanzar la piedra y optar por el perdón.
Dios también fue un cónyuge engañado,
Dios también fue un niño marginado.
Dios también fue un joven rechazado,
Dios también tuvo hijos descarriados.
Dios también, Dios también.
Dios también pasó por el dolor.
Dios también, Dios también.
Dios también lloró.
Dios también, Dios también.
Dios también pasó por el dolor.
Dios también, Dios también.
Dios también lloró.
El rostro paterno de Dios ilumina nuestras tareas paternales hoy. Nos anima a seguir la tarea en medio de frustraciones, desaciertos y desencantos. Nos anima a no renunciar a la formación de un carácter firme en el escenario del amor y la misericordia. Recordemos como bien lo decíamos al principio, el texto de Oseas nos lanza una  pregunta desafiante ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por amor? Porque "el corazón tiene razones que la razón no entiende". Fin.    

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