lunes, 3 de agosto de 2015

El ministro sin vergüenza (1)

El ministro sin vergüenza (1)
2 Tim 1-2
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero130
Si hay un concepto que resume el tema de estos capítulos de la segunda carta a Timoteo es el de “vergüenza” (así como el del “amor” domina los dos capítulos siguientes). El término aparece de manera explícita por lo menos cuatro veces y (1: 8, 12, 16; 2:15), de manera implícita una vez (1:15).  Ahora, socialmente el término “vergüenza” tiene por lo menos dos usos, es decir, el campo semántico no se sujeta a un solo significado. El primer uso se da en el campo de la moral. La vergüenza es un freno moral que nos permite retraernos de ciertas prácticas indecentes o socialmente no aceptadas, en virtud del buen nombre y las buenas maneras. En este caso la vergüenza es ese sentimiento que se sufre como consecuencia de haber cometido un acto deshonroso.  Así, por ejemplo, cuando el canon de la moralidad se viola por algún individuo decimos que es un sinvergüenza o un desvergonzado; ha perdido la conciencia de mal entregándose a la inmoralidad sin sentido de culpa. Diríamos que este primer uso es positivo[1]. El segundo uso se da en el campo vocacional. La vergüenza, aquí, es ese sentimiento que no permite a un individuo asumir su vocación, su proyecto de vida, en sociedad, con todas sus fuerzas y resultados por “el qué dirán”, el estigma social, el desprecio o por temor a estar fuera de moda o Out. La vergüenza aquí siempre va acompañada del miedo paralizante y de la intelectualización: un mecanismo que lleva a tomar distancia de las amenazas, generando actitudes frías, analíticas y desapegadas. Apela muchas veces a un instinto de protección personal, pero no permite que el individuo se realice con todas sus fuerzas y potencialidades. La vergüenza aquí sería negativa. En esta última parece clasificar la actitud de Timoteo que Pablo intenta ministrar y pastorear. Pablo le escribe a Timoteo, quien enfrentaba grandes responsabilidades como pastor de la iglesia de Éfeso, para que sea “un sin vergüenza”. Veamos como lo hace.
            En primer lugar: tú, un sin vergüenza (vv. 4-8). En esta primera parte para desarraigar de Timoteo la vergüenza negativa Pablo recurre a dos referentes en cuanto a la experiencia de fe del joven pastor. El primer referente es general, v.3. Aquí Pablo, en el marco de una oración de acción de gracias y apelando a su experiencia generacional de fe o culto a Dios (él y sus antepasados), le dice a Timoteo que no lo ha olvidado, que es objeto de recuerdos en sus oraciones: se acuerda de sus lágrimas, se acuerda de la fe genuina que hay en él, que la igual que la fe de Pablo, es una experiencia generacional (Su abuela y su mamá). Tu abuela, tu mamá y tú. En pocas palabras le dice: “¡le he hablado a Dios de ti!, tus crisis no me son ajenas, tu fe es una experiencia valiosa”. Así realiza Pablo su labor pastoral con Timoteo, partiendo desde donde él esta, entrando a su mundo, haciendo empatía. No regaña, consuela, no patrocina situaciones pecaminosas, anima e infunde valor. No empieza hablándole de Dios a él, le habla a Dios de él. Es importante notar que esta tarea pastoral no se gasta únicamente en la horizontalidad, sino que más bien empieza en esa verticalidad que nos pone a pensar primeramente en Dios. No son las estrategias y métodos de los gurúes de la pastoral y el iglecrecimiento contemporáneos, es la actitud orante ante Dios por aquellos que por su misericordia, están a nuestro cuidado. Así, quien quiera estar de pie ante los hombres, debe permanecer de rodillas ante Dios.
            Pablo recurre a un segundo referente, el particular, vv.6-7.  El referente anterior le recordaba a Timoteo su experiencia general de fe, este, le recuerda a Timoteo su experiencia particular dentro de la fe: su ministerio. Claro está, hay una relación indisociable entre lo primero y lo segundo, es decir, el don o ministerio particular siempre va a estar precedido de una experiencia general de fe en el Señor, y es en ese marco general, en el cual el creyente se empieza a preguntar, ¿Cuál es mi vocación?, ¿Para qué me ha llamado Dios? El creyente entonces recibe dos llamados: uno a la fe, a ser salvado por la gracia de Dios en Cristo; otro a vivir la fe “colaborando” en el plan de Dios para restaurar en Cristo todas las cosas. Pablo vincula la experiencia general con la particular, “por esta razón”, lo que va a decir a continuación haya su razón de ser, en lo que acabó de exponer. Allí esta expresada la relación de la cual ya hablamos. Usando la figura del fuego, Pablo le recuerda a Timoteo que “avive el don de Dios que hay en él”. Por el versículo siguiente (v.7), avivar tiene que ver con asumir el ministerio con todas sus implicaciones, desechando la cobardía y asumiendo las herramientas que Dios ha dispuesto para él: poder, amor y dominio propio; manteniendo el vigor, la frescura, el dinamismo y la fuerza. Tres virtudes necesarias para su labor. Poder o autoridad para dirigir (esto está en relación con la naturaleza de su liderazgo), amor para servir y paliar la tentación del autoritarismo (esta está en relación con las personas a quienes lidera), y dominio propio para mantenerse a raya frente al éxito o frente al fracaso (esta está en relación consigo mismo). Continuará.


[1] “La vergüenza hace referencia a la preocupación por mantener el honor, ser sensible a la propia reputación, la persona que no se preocupaba por esto era llamada sin vergüenza o arrogante. En la cultura antigua era la mujer quien transmitía el valor de la vergüenza (como acto positivo). Algunas personas eran consideradas como faltas de esta vergüenza por las acciones o trabajos que realizaban (prostitutas, mesoneros y actores), ya que éstas salían de la norma y los límites que el honor imponía, lo cual podía significar un caos en el ámbito social”. En, MALINA Bruce  y Rohrbaugh. Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Navarra: Verbo Divino, 1996. 404. 

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