martes, 11 de julio de 2017

La convención y yo

La convención y yo
Una reflexión sobre encuentros y desencuentros
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero182
En días pasados tuve la oportunidad de asistir, como pastor, a la 58 convención (o asamblea) nacional de la AIEC (Asociación de Iglesias evangélicas del Caribe), misión a la que pertenezco y bajo su cobertura está también la iglesia que pastoreamos en Cartagena. Según cálculos oficiales hubo en el evento más de 1.200 pastores y líderes congregados que vinieron de todo el territorio colombiano en donde la AIEC tiene iglesias. En lo personal, aprovecho este tiempo, tres días, no solo para escuchar las conferencias y oír el camino recorrido por la misión y las rutas a recorrer de cara al futuro; también tomo este espacio para encontrarme con amigos, compartir experiencias ministeriales, escuchar la forma en la que han venido creciendo, o sencillamente, hablar y reír de y con tonterías. Ahora, quiera exponer aquí tres preocupaciones que surgieron de los encuentros y diálogos tenidos con amigos y compañeros de ministerio. Lo hago a continuación, tal vez sea importante para mí solamente, tal vez sean solo preocupaciones mías, o puede ser que tú también te sientas identificado, sino es así, haga caso omiso, no se preocupe, “sea feliz”.
            Primera preocupación. Un amigo me pregunta que si aún estoy en Cartagena y yo le respondo que sí, aun pastoreo en Cartagena, y viene la pregunta… ¿cuantos miembros tienes? Yo pienso, medito, no quiero ser grosero y pasar por arrogante, pero esta es precisamente la pregunta que no me gusta que me hagan. Tomo aire, cuento hasta 10 y le respondo… “no sé”. Ahora, hay dos razones por las que esta pregunta me incomoda: 1). Porque refleja el culto a los números y la megalomanía dentro del ministerio y de la iglesia. Desde esta visión lo más importante es la multiplicación y la estadística; aquí, el “éxito” del ministro se mide en números y por el tamaño de la iglesia. Todo esto lleva a una especie de darwinismo eclesial en donde solo cuentan los “más grandes”, los “más numerosos”, “los megas”. En contraste con esto, en el NT la iglesia es grande no por lo abultado de su estadística sino cuando se parece a su Señor (Ef 4:11-17). Hoy, muchos ministros rinden culto a esta “ideología del éxito” y a la “cantidad”. 2). Porque para mí, los creyentes no son un número, son personas de carne y hueso con realidades concretas. Aquellos que ven números y no a personas terminaran sirviendo a los dioses de este mundo creyendo servirle a Dios. Yo creo que la iglesia crece, en número, cuando hay relaciones afectivas fuertes… cuando el Espíritu sopla sobre nuestros huesos secos. Pero hablar de crecimiento es un asunto y otro rendirle culto a la megalomanía. Pablo no le habla a Timoteo de multiplicación sino de influencia precisamente en medio de un contexto de deserción y abandono de la fe por parte de algunos (1 Tim 2:1-2).
            Segunda preocupación. Frente a la ceremonia de “ascenso” de varios colegas a “pastor reverendo”, un amigo me toca el hombro, como para animarme, y me dice “dentro de poco tu serás uno de ellos, también serás reverendo”. Tomo aire, respiro profundo… no quiero ser grosero, sé que hay buenas intenciones, piensa que me está honrando y animando.  Lo miro y le respondo… “no me interesa, no me define una posición, una nominación, una credencial” (aunque necesaria por asuntos de formalidades denominacionales). Ahora, qué es lo que me preocupa de esto, respecto a mi aclaro, no estoy diciendo de los demás; mi preocupación es que llegue a creer que soy “un reverendo”, que merezco reverencia y pleitesía, que saque pecho y crea que llegue a la cumbre, al éxito; imitando así los valores mundanos de prestigio, posición y poder. Mientras muchas de nuestras estructuras denominacionales y eclesiales están diseñadas, sin quererlo, para hacernos creer que avanzamos, que subimos, que escalamos, que ascendemos, el evangelio está diseñado para hacernos creer lo contrario expresado de manera paradójica así: nos invita al descenso, a la humillación, el quebrantamiento, al arrepentimiento, a tomar la cruz, a servir, a dar. En medio de una sociedad que operaba por méritos, logros, éxito y demás; Pablo invita al “descenso” porque Jesús mismo lo hizo (Fil 2:5-11). En el mismo texto en donde Pablo dice que “Dios le da la victoria” también dice que “son llevados como ovejas al matadero”, porque, tal vez, este sea su triunfo: la renuncia, la muerte, el descenso renovador y trasformador.  ¿Está mal ser “reverendo?, no si por encima de todo mantienes tu condición de “siervo”, esta es la más bella, grande y revolucionaria nominación y vocación (Mrc 10:45).
            Tercera preocupación. Entrando a Bethel (sede la AIEC) un amigo me vio manejando un carro, se alegró y me dijo: “se nota que te está yendo bien, ya tienes tu carro”. Porque razón relacionamos lo uno con lo otro, porqué el carro es un indicador de mi desarrollo y estabilidad ministerial. Pablo, desde la cárcel canta a Dios por haberlo bendecido en Cristo con toda bendición (Ef 1:3). Creo que una de las razones es porque de manera sutil nos hemos dejado seducir por mamón, porque hemos caído en la tentación del “materialismo satánico” de “convertir las piedras en pan” y olvidar el referente mayor de significado, la Palabra de Dios que orienta y transforma. Hemos recategorizado los valores poniendo lo último de primero y de primero lo último. Yo no soy bendecido porque tenga carro sino porque la gracia del Señor me ha encontrado. En la misión, AIEC, es tan bendecido el pastor que llega en su carro o el pastor que salió a la carretera en su burro; el que duerme en el hotel como el que duerme en las hamacas. Oro a Dios para que no perdamos la sencillez y lo rustico de la cruz y lo cambiemos por las coronas brillantes de los poderosos de este mundo. Que podamos decir como Jesús ante el poder, el espectáculo y la fama: “apártate de mí satanás…”. Fin… y a ti ¿Qué te preocupa? 

3 comentarios:

  1. Creo lo mismo pastor lo importante es lo importante.

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  2. Creo lo mismo pastor lo importante es lo importante.

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  3. gracias por compartir sus preocupaciones pastor, el modelo pastoral es jesus!no lo abandonemos...
    luchamos por reconocimiento? para servir en el reino ese tipo de motivaciones deben morir en nosotros, Jesus trasmite los valores del reino de la siguiente manera:
    la piramide esta invertida no es concordante con este mundo y sus dioses, Dios no se impresiona por lo que el mundo aplaude,aca el grande se debe hacer mas pequeño, pero en la practica no es asi, los "reverendos" "apostoles" menosprecian lo sencillo, al analfabeta, al desconocido sin posicion y nombre.
    realmente me preocupa que no reconozcamos en el otro los dones y capacidades con que ha sido dotado, tememos replicar exitos de otros sobre todo a nivel pastoral, por que "yo soy original"

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