lunes, 21 de octubre de 2013

Iglesia líquida. Parte I

Iglesia líquida. Parte I
Una semblanza de la eclesiología actual
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El sociólogo polaco Sygmunt Bauman  ha acuñado la frase “modernidad líquida” para hablar de lo que otros, teóricos como él, llaman posmodernidad. El hecho es que “modernidad líquida”, en Bauman, es una categoría sociológica para hablar del cambio y de la transitoriedad, de la desregulación y la liberación de los mercados. La metáfora líquida intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio, volátil y gaseoso de sus relaciones. El amor se hace flotante y sin responsabilidad hacia el otro, se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la Web.  La modernidad líquida es un tiempo sin certezas, cambiante, incierto e imprevisible. Los sólidos, afirma Bauman, conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen[1]. La metáfora líquida viene a nuestro auxilio para describir algunas realidades de la iglesia hoy. Lo líquido en el pueblo de Dios no es nuevo, en la Biblia y la historia de la iglesia podemos rastrear tiempos líquidos, momentos en los que la iglesia (o el pueblo de Israel) renunció a lo sólido y se volvió volátil, espumosa y gaseosa. Pero como “no hay nada nuevo bajo el sol” sino nuevas formas de expresarlo, la iglesia, como pueblo ubicado en medio de realidades sociales (como una realidad situada), está adoptando lo líquido como modus vivendi. Ahora, en qué aspectos lo está haciendo o cómo se evidencia, veamos.
            La primera afectación se evidencia en lo doctrinal. La doctrina ha sido de finida como el conjunto de enseñanzas que se basa en un sistema de creencias. Se trata de los principios existentes sobre una materia determinada, por lo general con pretensión de validez universal. Por ejemplo: “la propiedad privada es contraria a la doctrina socialista y debe ser abolida de nuestra sociedad”. Al hablar de doctrina cristiana se pensaba en aquellas enseñanzas que dieron forma al cristianismo y que lo diferenciaron de otras comunidades y grupos en su nacimiento. En Hechos de los Apóstoles se describe a la primitiva comunidad fundada en la enseñanza (doctrina) de los apóstoles (Hech 2:42). Es más, los distintos aspectos que se describen en la comunidad tales como: el partimiento del pan y la comunión; eran elementos comunes con otros grupos sociales y religiosos, lo único diferente era la “doctrina apostólica”. Esta consistía en la proclamación de la vida, la muerte y resurrección de Jesús, el Mesías, tal como lo expresaban las escrituras del AT y, el resultado de ello en la vida práctica: la conversión y la adoración (ética). Cuando los apóstoles mueren y, la iglesia se enfrenta a dos amenazas, el judaísmo y el gnosticismo, y tiene que responder a la pregunta ¿En qué creemos?, se fórmula entonces “el credo apostólico” y se reconoce el canon del NT. Estas dos formas de responder, en continuidad con la narrativa del AT,  consignan la doctrina apostólica. La doctrina entonces era eso que tenía que ser innegociable, inamovible y sólido.
            Así, los grandes concilios ecuménicos y aun la reforma protestante hayan su razón de ser porque se apelaba a eso doctrinal o sólido que debía estar en el hacer de la iglesia y que, por razones distintas, no estaba.  Hoy, se mira con desdén todo aquello que tenga el tinte de doctrinario, dogmático o sólido. Las grandes declaraciones doctrinales que identificaban a las distintas comunidades cristianas han sido desplazadas. El “creemos” comunitario ha sido cambiado por el “yo creo” personal, dejando como resultado una “fe a la carta” acomodada según el criterio del escucha y del predicador de turno. El aspecto doctrinal más afectado es el de la cristología. No hay una presentación, ni en la reflexión ni en la predicación, clara de Cristo y algunas veces es solo un pie de página o una referencia marginal. Se ignora que, sin una correcta cristología es imposible una clara eclesiología. En Mateo 16:16-18 la declaración cristológica, “tú eres el Cristo” antecede a la declaración eclesiológica, “edificaré mi iglesia”. Los grandes fenómenos religiosos contemplados en América Latina hoy tales como: la teología de la prosperidad, el apostolado, el profetismo, la predicación inspiracional, entre otros, hayan su único origen en la pérdida de la cristología. Y, esta forma de ver el asunto es también una manera de negar, como lo hizo Pedro, a Cristo. Predicar un Cristo diferente al de las Escrituras es decir: “yo no conozco a ese hombre”.
            Ahora, es apenas obvio que la cristología, tal como la elabora el NT, y en fin; cualquier sistema doctrinal, sea rechazado hoy por  parte de iglesia líquida, pues la formulación del NT pretende ser un sólido. Jesús resucitado dijo a sus discípulos “enséñenseles todo lo que yo les he mandado…” (Mt 28: 20a), es decir, no hay que inventarse un mensaje, este está dado. Bauman afirma: “en nuestra modernidad líquida, las posesiones duraderas, los productos que supuestamente uno compraba una vez y ya no reemplazaba nunca más, han perdido su antiguo encanto…hoy está en tela de juicio lo invariable”[2]. Tenemos que revisar, claro está, nuestros rígidos dogmatismos casi tan rancios como las doctrinas farisaicas que Jesús tanto criticó, pero debemos también tomar distancia del exceso de flexibilidad y despreocupación por lo sólido, lo permanente, actitud que Cristo también reprochó. Continuará.


[1] BAUMAN, Zygmunt, Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económica, México D.F, 2004.
[2] BAUMAN, Zygmunt, Los retos de la educación en la Modernidad líquida, Gedisa, Barcelona, 2008, p 26,27.

martes, 15 de octubre de 2013

La silla y el camino

La silla y el camino
Una introducción a la lectura de la carta de Efesios
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 71
Uno de los grandes aportes que hizo Juan Mackay, misionero, filósofo y teólogo escocés en América Latina, fue su propuesta sobre la “teología del camino y la teología del balcón”. El balcón significa una inmovilidad del alma que puede coexistir perfectamente con un cuerpo móvil y peripatético. Camino es el lugar donde la vida se vive intensamente donde el pensamiento nace del conflicto y el serio interés, donde se efectúan elecciones y se llevan a cabo decisiones[1]. El hecho es que estas dos metáforas “Makayanas” han iluminado un poco mi lectura, reflexión  y predicación de la carta de Efesios. Y es que, de manera similar podemos rastrear en la lectura de Efesios dos metáforas, la de la “silla” y la del “camino”; estas ilustran la experiencia cristiana y nos dan una pauta para la lectura y comprensión del mensaje de Pablo a los Efesios.
            Veamos en primer lugar la silla. Para los lectores de la carta de Efesios es evidente el hecho de que esta tiene dos grandes divisiones. De los capítulos 1-3 una gran sección marcada por la ortodoxia o bien podíamos llamarle “teología confesada”; y de los capítulos 4-6 otra gran sección marcada, esta vez, por la ortopraxis o “teología aplicada” (o teología actuada, diría Vanhoozer). Esta forma de estructurar la carta presenta, por lo menos, dos verdades; 1). La gracia antecede a la acción o adoración, es decir; el creyente está llamado a comportase de cierta manera en respuesta a lo que Dios ha hecho por él. 2). Una correcta confesión teológica, respecto a Dios y su obra, generará una correcta praxis cristiana evidenciada en todas las dimensiones del quehacer humano.  De esta manera, en la comprensión y práctica de la fe, la teología no es opcional sino fundamental, no es sugerencia sino imperativo. Entonces, la silla la encontramos en la primera parte del carta (1-3) y aparece dos veces, una relacionada con la posición de Cristo resucitado: “… le hizo sentar a su diestra en lugares celestiales” (1:20), y otra relacionada con la posición del creyente resucitado en Cristo: “… y nos hizo sentar en los lugares celestiales” (2:6).
            Ahora, la silla comunica por un lado la posición que el creyente tiene en Cristo, reposado y salvado por Dios. Pero la silla no solo es posición sino también disposición. La condición de estar sentados, la silla, no es solo entonces una “posición en Cristo” sino también una disposición a la instrucción.  La experiencia cristiana empieza con una disposición a la enseñanza, al discipulado. Al igual que el pueblo de Israel, que después de ser liberado, recibe la instrucción en el monte, la iglesia también como pueblo libre es ahora instruida en la silla (Cp.Ex 19-20). La primera pregunta del creyente no es entonces ¿Qué hay por hacer?, sino ¿Qué hay por aprender?  Pero, el discipulado, entendido como la formación del creyente a la imagen de Cristo, está en crisis. La silla se ha cambiado por el Spa. Hemos creado una religiosidad evangélica, superficial y hedonista, cuya preocupación principal es el “sentirse bien”, creyendo que los números de seguidores ofrecen testimonio elocuente de nuestro “impacto”. ¿No será tiempo de volver a hacer discípulos? Al final de su ministerio, el Cristo resucitado nos envía en misión: “Id y haced discípulos” (Mt 28.18-19). Mandato y tarea. Jesús nos ordena continuar la labor discipuladora en la vida de otros. No nos llama para reproducir creyentes ni líderes, sino discípulos, al estilo como él lo hizo, con los principios y valores con los que él trabajó.
            Pero, la silla no es el fin, Efesios también nos presenta el camino usando la palabra “andar” en la segunda parte de su carta (4-6). En la Biblia “andar” es, generalmente, una referencia a la manera en la que el creyente debe comportarse; es decir, es una referencia ética (Ef 4:1,17 Cp. Gen 17:1). La experiencia de fe entonces no se gasta en la silla, la fe es también un camino para caminar. Es decir, existe una comprensión teológica y es necesaria, pero también existe una disposición o dimensión práctica de la cual también se precisa. La teología, la silla, se da en un contexto preciso y concreto: el camino con todos sus atenuantes. Así, el andar estará determinado por lo que se escucha en la silla. Silla y camino son dos disposiciones indisociables en la vida del creyente. Pero la experiencia no se agota en el camino, el caminante no ha superado, ni superará su disposición a la silla, siempre tendrá que hacer altos en el camino, sentarse para escuchar y seguir caminando. De esta manera, hay una relación “dialéctica” (constante diálogo) entre silla y camino.  
            Ahora, si la silla está en crisis también lo está el camino. Si la silla ha sido remplazada por el Spa, el camino ha sido reemplazado por el sedentarismo. Nos toca vivir un tiempo especial de la iglesia en América Latina. Hemos sido muy creativos en métodos y estrategias, lo que nos ha permitido llenar nuestros templos y pensar en proyectos que antes ni se nos hubieran ocurrido. No obstante, vemos con desánimo, que casi nada ha cambiado. La corrupción va en aumento, al igual que la violencia, la pobreza o la exclusión social, sin siquiera mencionar la decadencia moral cada vez más arraigada dentro y fuera de la iglesia. Los modelos de liderazgo que inspiran son sacados del mundo “del dios mercado” y no se parecen a Jesús. Y, aunque parezca retrogrado, debemos volver a la silla y preguntarnos  ¿Qué fue lo que Dios dijo? Y volver al camino para reflexionar sobre la forma en la que Dios quiere que andemos. Fin.


[1] MACKAY, Juan A, Prefacio a la teología cristiana. El Faro-México D.F, 1984, p 38.

lunes, 7 de octubre de 2013

Negando a Dios. Parte II

Negando a Dios. II
Testimonio y anti-testimonio en tercera de Juan
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 70
Veamos la segunda parte de la propuesta: el mensaje del texto hoy. Mucha de la lectura y la predicación de esta carta se hace desde una “postura moralista”; es decir, se lee la carta y se nos dice que no seamos como Diótrefes sino como Demetrio, pero, esta forma de leer el texto es pobre porque no ventila los problemas de fondo que el texto presenta perdiendo de esta manera el mensaje[1]. De esta manera se hace necesario aquí recordar las palabras de Brueggemann al decir que “las Escrituras presentan más bien un modo de percibir la realidad que dista mucho de nuestras formas de pensar, y de hablar habituales…”[2]. Por ello, “percibir la realidad” de las Escrituras exige que tomemos distancias  de algunas lecturas tradicionales para dejarnos llevar por lo que el texto dice.
            Veamos en primer lugar lo que el texto comunica en relación con la teología. Diótrefes al evitar el contacto de la comunidad con el anciano y los misioneros está de esta manera evitando que la iglesia sea alimentada con el testimonio apostólico. Recordemos que, a estas alturas aun sin el canon del NT, el testimonio apostólico era clave para la formación cristiana de las comunidades. Es más el “credo apostólico” y el mismo NT van a recoger el testimonio de los apóstoles en relación con el cumplimiento de las Escrituras del AT en Jesús el Mesías (Ef 2:20; 1 Jn 1:1-4; Heb 1:1-2). Diótrefes entonces toma actitudes gnósticas (de gueto) y desvincula históricamente a su comunidad de las raíces apostólicas. Así la teología es afectada y la reflexión teológica, a expensas del testimonio apostólico, se torna caprichosa y a-histórica. Hoy la realidad Latinoamericana no está distante del modelo de Diótrefes. El gran desacierto de los ministerios “apostólicos y proféticos”, por ejemplo, ha sido la negación del testimonio apostólico consignado en el NT. La reflexión teológica de estos es distante y caprichosa, la actitud “Diotrefiana” es peligrosa y nociva para la teología. Frente a esto, la propuesta es reflexionar teológicamente  desde el testimonio apostólico. La reflexión teológica que no se hace mirando hacia atrás, hacia la cruz no es legitima por muy atractiva que sea y por mucha capacidad de convocatoria que tenga.
            En cuanto a la espiritualidad del texto la cuestión es sencilla; aquí se presentan dos modelos de espiritualidad: la de la “aceptación” y la espiritualidad de la “negación”. La de la aceptación esta personalizada en Gayo quien se deja incomodar ayudando a quienes, por la fe, realizan su misión. Gayo no solo da sino que se da, quien da ayuda pero quien se da se compromete. La espiritualidad de Gayo, su práctica cristiana no está divorciada ni de las Escrituras ni de su hermano. No niega esas dos dimensiones. Es curioso porque, por un lado, la reflexión sobre la espiritualidad es todavía una asignatura pendiente para la iglesia evangélica en América Latina. Por otro lado, la práctica de la espiritualidad ha estado marcada por la negación, es cierto sentido muy “Diotrefiana”. La negación de las Escrituras se hace evidente en una piedad cristiana fundada en lo que el líder dice o hace independientemente si la Escritura lo dice. Un ejemplo claro de ello es el hecho, ya generalizado, del “yo confieso”; las personas en la calle dicen: “yo confieso esto, yo confieso aquello”. Por otro lado está la negación del otro, o del prójimo. Recuerdo aquella canción de antaño que decía “yo no sé a lo que tú has venido, pero yo he venido a alabar a Dios”, el otro se convierte en estorbo y no en espacio para la práctica de la fe. El anciano es claro, la negación del otro y la negación de las Escrituras es negación de Dios, quien lo hace debe revisar su conversión (Cp. 1 Jn 1:5,6).  No imites eso, le advierte a Gayo, como diciéndole… ¡cuidado con tu referente!
            En cuanto a la pastoral es importante resaltar, a la luz del texto, la que propende por la promoción. En medio de las realidades sociales profundas y complejas que viven nuestros pueblos la promoción de la vida se hace urgente. Jesús declaró que la calidad de su pastoral se evidenciaba en su capacidad para dar vida (Jn 10:11).Los males más graves que afligen al mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que son dejados los viejos. Los viejos necesitan cuidados y compañía; los jóvenes, trabajo y esperanza, pero no tienen ninguna de las dos cosas, y el problema es que ya no las buscan. Han sido aplastados en el presente[3].  ¿Se puede vivir aplastado en el presente? ¿Sin memoria del pasado y sin el deseo de proyectarse al futuro construyendo un proyecto, un porvenir, una familia? ¿Es posible seguir así?  El anciano promociona a Demetrio, lo proyecta a la comunidad por encima de aquello que intenta negarlo, suprimirlo o excluirlo. Así, la labor pastoral, como extensión de la obra de Cristo, es protesta contra las fuerzas que anulan al ser humano: la injusticia, la exclusión, la muerte misma y las fuerzas demoníacas que no solo tienen representación abstracta sino que también están presentes en las estructuras sociales, políticas y religiosas. Fin.


[1] En fin, no se debe escoger un pasaje de la Biblia con el propósito de encontrar una moraleja. No debemos reducir el mensaje de la Biblia a una serie de lecciones sobre cómo vivir. Si le damos ese tipo de interpretación, la Biblia llega a ser nada más que un libro de axiomas lindos, un texto lleno de consejos psicológicos, y un manual de magníficos principios morales. Por supuesto, no es que no haya lecciones para la vida en los relatos de la Biblia, ni lecciones de cómo vivir. No es que no podamos encontrar consejos psicológicos y grandes principios morales, sino que estas cosas son secundarias y deben ser tratadas así. Estas cosas no representan el mensaje principal de la Biblia.
[2] BRUEGGEMANN, Walter, La Biblia, fuente de sentido. Claret-Barcelona, 2007, p 27.

martes, 24 de septiembre de 2013

Negando a Dios. Parte I

Negando a Dios. Parte I
Testimonio y anti-testimonio en tercera de Juan
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 69
La tercera carta de Juan es una de las más cortas del Nuevo Testamento pero no por ello deja de plantearnos un mensaje profundo e incómodo en una época en la que está “prohibido prohibir”, donde la tolerancia doctrinal se disfraza con piedad, donde el liderazgo eclesial dejo de ser una condición para el servicio para convertirse en un puesto desde donde se manipula y se coarta la libertad cristiana, donde se castra la historia eclesiástica y la auténtica “tradición apostólica”; asuntos estos, que esta pequeña carta nos pone en la mesa para la reflexión. En este escrito, en medio de un ambiente cordial y amistoso, pero con tono decidido, “el anciano” elogia a Gayo por su testimonio (conducta), le advierte sobre la conducta de Diótrefes (anti-testimonio) y le recomienda a Demetrio por su conducta (testimonio).
El texto presenta una estructura quiastica que iremos desarrollando a fin de aclarar el mensaje de la carta ayer y sus implicaciones hoy[1]. La primera parte hace referencia a los saludos (a-a’). Al parecer Gayo estaba quebrantado de salud pero tenía una espiritualidad ferviente; el anciano[2] desea para Gayo que, en términos metafóricos, su salud física sea tan buena como su salud “espiritual” (vv. 1-2)[3]. La espiritualidad de Gayo contrasta exponencialmente con su materialidad aunque esta no se niega; sin embargo, para muchos de nosotros hoy es la materialidad es la que contrasta con nuestras espiritualidades y las niega como piezas del museo. Por eso hoy, como bien lo declara Beyer[4], deberíamos decir a algunas personas: ojalá que tu vida espiritual prospere tanto como tu bienestar material. Gente metida en la loca carrera por el dinero, el éxito y el honor, generalmente es pobre espiritualmente. El trabajo, los negocios, el consumismo de nuestros días, y muchas cosas de la vida cotidiana impiden muchas veces la alimentación del alma. Poco se hace por la vida espiritual. El saludo cierra con el deseo de ver a Gayo. Así, el argumento usa los sentidos del oído y la vista: inicia “oyendo” el testimonio de Gayo y termina con deseos de “ver” a Gayo (vv. 13-15).
            Lo que viene  a continuación es lo que el anciano va a decir respecto a la espiritualidad de Gayo; su testimonio en comunidad, y también habla en paralelo del testimonio de Demetrio (b-b’). El anciano recibe con gozo lo que los hermanos cuentan de Gayo: es un hombre de la verdad (vv. 4-8). La “verdad”, palabra clave en los escritos de Juan, no es un término filosófico, sino Cristo mismo y su evangelio (Jn 14:6; 17:17). Cristo entonces marcaba su andar, su práctica y su vida. La verdad se vive en el contexto de la comunidad y se expresa en el amor hacia los misioneros o predicadores itinerantes. Gayo es también misionero, no porque traspasa fronteras geográficas, sino porque traspasa las fronteras de la antipatía y se compromete, brindando apoyo, con aquellos que anuncian la fe[5]. El testimonio de Demetrio, por otro lado, viene de tres fuentes; 1) “Todos”; 2) La verdad misma; y, 3) El anciano (v. 12). El argumento hasta como sigue: usando la simpatía de Gayo el anciano le recomienda a Demetrio y su integridad frente a algunas dudas que en el ambiente podían estarse dando, y en contraste con el personaje que se va a presentar a continuación.
            Si Gayo y Demetrio son muestras integras de un testimonio cristiano, Diótrefes representa el contraste o el anti-testimonio. Esto se evidencia en, 1) El afán de dominio: la búsqueda del poder y señorío sobre los demás que socaba el “espíritu” de comunidad, 2) Puyas malignas: la intención de dañar a otros con violencia verbal, 3) Exclusión fraterna: no aceptaba a los misioneros itinerantes y a aquellos que se identificaban con estos. Esto último es curioso ya que su nombre significa "amamantado por Zeus”. Qué irónico es que el hombre criado por "Zeus" está en contra de los viajeros cuando "Zeus", fue el protector "de viajeros”. Es como si se dijera, haciendo eco de la mariología popular, “se llama María del Carmen y no gusta de los conductores”. El anciano aplica esta actitud a Gayo[6]: el rechazo de los predicadores, la falta de amor y solidaridad, el deseo de poder y la negación del testimonio apostólico son actitudes maldadosas y niegan la experiencia de Dios en la vida del individuo. La identidad del que es mal ejemplo es tan clara como la advertencia perentoria y, el autor no esconde nada en lo absoluto. El tono amistoso del autor no está en contraste con su severidad hacia la actitud de Diótrefes.  En nuestra próxima entrega, analizaremos un poco el mensaje de esta pequeña carta en relación al hoy, especialmente, el hacer teológico,  la espiritualidad y la pastoral.  Continuará.


[1] a. Saludo inicial, vv. 1,2;  b. Testimonio de gayo, vv. 4-8;  c. El antitestimonio de Diótrefes, vv. 9-11;   b’. Testimonio de Demetrio, v. 12; a’. Saludo final, vv. 13-15.
[2] El autor se llama a sí mismo “anciano” apelando a una posición de autoridad y de respeto que ocupa en la iglesia (Cp. 2 Jn 1:1). Esta carta entonces no solo tiene un toque personal sino también comunitario (Cp. Hech 11:3; 14:3; 1 Tim 5:17; 1 Ped 5:1). Así el autor escribe como lo hiciera hoy un líder de una iglesia local: “el pastor…”.
[3] El término “prosperidad” aquí debe entenderse en el contexto del saludo y deseo y no como prosperidad material a ultranza.
[4] BEYER, Martmut, Las cartas de Juan: notas exegéticas. Clie- Barcelona, 2000, p 382.
[5] En los días de Juan enseñó habían muchos maestros que viajan por el dinero y reputación. Los maestros de Dios (predicadores, evangelistas) debían ser ayudados no por sus palabras, sino por su Señor, en cuya misión que estaban involucrados con sacrificio.
[6] Se presenta en forma de quiasmo así: a.  No imites lo malo, v. 11a;  b.  Sino lo que es bueno, v. 11b;  b’. Lo bueno procede de Dios, v. 11c; a’. El malo no ha visto a Dios, v. 11d.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El valor de predicar: consejos para un amigo predicador. Parte IX

El valor de predicar: consejos para un amigo predicador. Parte IX
El humor (II).
            convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 68
En el NT se presentan también muchos textos en donde el humor está al servicio de la teología.  En la escena del encuentro de los reyes magos con el rey Herodes en el evangelio de Mateo se nos presenta una aparente contradicción: los magos llegan a donde Herodes, el rey, y le preguntan ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Para Herodes la respuesta era obvia o debía serlo, “el rey soy yo” diría él. Sin embargo es evidente que el rey que los magos buscan no es precisamente al que tienen en frente y por ello Herodes se desencaja. La escena convoca a tres reinados: dos temporales y uno eterno. El evangelio de Mateo termina también una nota irónica: los soldados romanos aceptan decir que mientras ellos dormía los discípulos de Jesús robaron su cadáver. ¿Si notaste el chiste Samuel? El lector cuidadoso va a decir: “un momento ¿Cómo se dieron cuenta de eso si estaban dormidos?”. El mensaje del evangelista aquí tal vez sea mostrarnos las inconsistencias de nuestros juicios cuando de por medio está el dinero.  
            En Hechos 12:20-24, al narrar la muerte de Herodes Agripa, se hace humor político. Para entender lo que pasa en esta historia es necesario echar un vistazo, por lo menos, a todo el capítulo 12. El texto empieza con una muerte: la de Jacobo (vv.1, 2), y termina con otra muerte: la de Herodes (vv. 20-24). Lo que está en el centro sirve para ilustrar, a través del encarcelamiento de Pedro, la cuestión de que realmente quién está en control es Dios, no Herodes (vv. 3-19). La ironía empieza con la descripción del anillo de seguridad que Pedro tenía en la cárcel, seguridad que no importó cuando el ángel del Señor vino y “en las narices de los guardias” sacó a Pedro (vv.4-11). El humor va de la esfera política a la eclesiástica: Pedro es liberado, va y toca la puerta de la iglesia, que ora fervientemente por su liberación y… ¡sorpresa! Pedro está ahí, Dios lo ha hecho… pero la iglesia no cree; tildan a Rode de loca y dejan a Pedro tocando la puerta (vv.12-17). Esos ejemplos estimado amigo son solo pequeñas muestras de lo que hasta ahora he venido expresándote; la Biblia hace humor para enseñarnos teología. Debes entonces desarrollar tu olfato para oler el humor en la Biblia y poder predicarlo como posibilidad de reflexión y trasformación para ti y la Iglesia.
            La otra fuente para el humor es la cultura, entendida esta como tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta, las expresiones y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura. El humor aparece como un componente universal de la cultura. Sin embargo, varía en cómo se demuestra en cada una, ya sea a través de diferentes objetos y formas. Las formas más comunes de humor son: el humor afiliativo. Se relaciona con contar chistes, hacer bromas lúdicas y bien intencionadas, con el afán de relacionarse con otros, entretener y facilitar relaciones. El humor de auto-afirmación. Se refiere a una visión humorística del mundo, en que prevalece el deseo por dejarse sorprender por la vida y mantener una perspectiva humorística frente a las cosas. El humor agresivo. Se relaciona con el sarcasmo, el ridículo, la ironía, así como también con el uso del humor como forma de manipulación utilizando amenazas tácitas de ridículo. Y, humor de auto descalificación. Se refiere a utilizarse uno mismo como objeto de humor, de manera tal que se llame la atención de los otros.
 Ahora, el predicador, estimado Samuel, vive, se “encarna” y es “hijo” en una cultura específica y como tal, para bien o mal, esto refleja en la predicación, espero para bien, ya sea de manera directa o indirecta. Un ejemplo de humor afiliativo en tu predicación se puede dar en el caso de que tu predicación sea, por ejemplo, en Efesios 4:17-5:5, el apóstol usa la metáfora del vestido para hablar de la experiencia cristiana en contraste con la experiencia de los que no son creyentes: el título de tu sermón puede ser, “Efesios Fashion”. Aquí la Escritura y la cultura se unen y la filiación es evidente. Un ejemplo de humor agresivo se presenta cuando German Puyana, escritor Colombiano, dice que en Colombia la mentira es el deporte nacional[1]. Así, de manera agresiva y sarcástica el autor habla de un antivalor de la cultura en donde interactuamos y predicamos. Aun la misma “cultura evangélica” se puede convertir en fuente de humor; mira,  se encuentran en el infierno un pastor calvinista, un wesleyano y un pentecostal. La pregunta a responder era ¿Por qué estamos aquí?... El calvinista respondió "predestinación, fui predestinado al infierno"; el Wesleyano dijo "estaba predicando, entro una joven mal vestida, la codicié, me dio un infarto y aquí estoy, perdí mi santidad y mi salvación". Quedaron mirando al pentecostal esperando su respuesta; el pentecostal respondió "¡en el infierno yo!, yo declaro por fe que no estoy aquí".
            Para concluir es importante tener en cuenta lo siguiente. 1). Evita convertir el pulpito y tu predicación en un stand up comedy, no eres un cuenta chistes profesional, eres un heraldo del evangelio. 2). El humor, cultural o escritural, será siempre medio, nunca fin. 3). El Dios de la Biblia ríe y nos hace reír, para después ponernos a pensar. 4). Para el humor cultural observa modelos, escucha humor político especialmente; lee a los autores autóctonos, serán siempre fuente de buenos ejemplos de humor, sarcasmos e ironías. Continuará.

[1] PUYANA, German, ¿Cómo somos? los colombianos: reflexiones sobre nuestra idiosincrasia y cultura. Bahandar- Bogotá, 2002, p 287.

martes, 17 de septiembre de 2013

Por qué soy cristiano: razones para creer. Parte II

Por qué soy cristiano: razones para creer. Parte II
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 67
Todos hemos escuchado hablar, mucho o poco, del apóstol Pablo. La Biblia habla de él como alguien que pasó de ser fanático, alguien que mataba por sus ideas, a ser un radical, alguien que murió por sus ideas (Hech 9:1-29). El filólogo italiano Umberto Eco dice de Pablo lo siguiente: “nació en Persia, de una familia judía, que hablaba griego, leía la Torá en hebreo y vivió en Jerusalén, donde hablaba el arameo y cuando se le pedía el pasaporte era romano”[1]. Es así como Pablo se convierte, tal vez, en el cristiano “más insigne” del NT. Su peregrinaje de fe, su interpretación del evangelio, especialmente a los no judíos, su visión de la historia a la luz de la narrativa de la salvación del AT con su clímax mesiánico; hacen que tome, precisamente, un texto del apóstol Pablo para desarrollar “mis razones”.  A partir de un himno, que escribe en su condición  de presidiario a la Iglesia de Éfeso, fundamentaré mis siete tesis por las cuales soy creyente (lea Efesios 1:3-14).
             Las canciones, y la música en términos generales, son medios efectivos para la comunicación y crear conciencia de algo o de alguien. Ya mercedes Sosa expresó: “si se calla el cantor calla la vida porque la vida, la vida misma es todo un canto. Si se calla el cantor, muere de espanto la esperanza, la luz y la alegría”. La “canción” sirve para mantener viva la esperanza, para incomodar el status quo, para protestar. Para hablar del plan de Dios, o la forma en la que llegó a ser cristiano,  Pablo canta un himno y lo hace desde la prisión. La forma literaria que toma la canción no es original de Pablo sino que está enmarcada en una larga tradición arraigada en el judaísmo del AT, a esta forma se le conoce como “beraca”. Esta forma la usaban los judíos para cantar y celebrar los actos concretos de Dios en la historia. Esta vez, el himno que Pablo canta está dividido en tres estrofas, siendo la división entre una y otra la frase: “para alabanza de su gloria” (vv. 6, 12, 14). La canción empieza así: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…” (Efe 1:3).
            Pablo recoge, en esta sección, toda una tradición de su pueblo que tenía que ver con “la esperanza mesiánica”. Para la mayoría de nosotros, “Cristo” es un nombre propio, pero no era así para los judíos del primer siglo y para la iglesia. “Cristo” no era un nombre propio sino un título que encontraba su equivalente en “Mesías” para el AT, y traducen “ungido”. Ahora, en términos generales, “la esperanza mesiánica” se empieza a tejer de manera fuerte cuando el pueblo de Israel entra en crisis, especialmente en el exilio: el templo es destruido, pierden su tierra y son llevados a tierra extraña y la monarquía colapsa. Todo aquello que daba cohesión, es decir, sus instituciones, son removidas. Es aquí cuando Israel, especialmente a través de sus profetas, empieza a revisar su historia y a re direccionar su fe. La producción literaria es muy basta y en ella podemos rastrear el sueño mesiánico. Este consistía en que Dios intervendría la historia para reivindicar a su pueblo y lo haría a través de un líder (rey o pastor) como David (Ez 34). David se coinvierte en arquetipo del líder que Dios usará para restaurar a su pueblo. Pero, esta restauración incluiría al resto de naciones. Así, el pasado (David histórico), el presente (exilio) y el futuro (David escatológico) se conjugan para traer esperanza al pueblo.  Este líder será entonces el ungido de Dios o a quien Dios capacitará para llevar a cabo su plan (Is 61:1-11).
            Cuando el pueblo llega del exilio a su tierra las promesas dadas por los grandes soñadores y utópicos como Isaías y Ezequiel no se cumplen a cabalidad. El pueblo ha llegado a la tierra pero sigue reinando sobre ellos, Asiria, y en tiempos de Jesús, Roma. Los profetas posexílicos, siguen proyectando, las viejas promesas de restauración, al futuro. Se nota en la forma en la que termina el bloque literario de los profetas, Malaquías por ejemplo, es un libro que termina abierto y orientado hacia el futuro (Mal 4:1-6). Y, se nota que los autores de los evangelios, especialmente Mateo, Marcos y Lucas, saben que el exilio aún no ha acabado, que el pueblo sigue esperando aún esa intervención de Dios de la cual habían hablado sus profetas (Mt 3:3; Mrc 1:2-3; Lc 3:4-6) . La intervención se llevará a cabo en el escenario de la historia y no fuera de ella. Es decir, el pueblo no cree que Dios vendrá y los llevará al cielo, sino que el cielo mismo vendrá y los restaurará. La cita con la cual los evangelistas introducen el ministerio de Juan el bautista testifica lo aquí dicho: el pueblo vive un exilio, no geográfico pero si teológico, y está expectante por lo que Dios hará.
            Es en este escenario en el que se debe entender lo que Pablo empieza a decirnos en su himno. Como judío, Pablo afirma la actuación de Dios en la historia; esto es, en un tiempo concreto, en un espacio concreto y en una cultura especifica. En contraste con otras formas de religión, el judeo -cristianismo afirma el sentido histórico de la revelación de Dios, cuyo escenario privilegiado es la tierra. Observemos, por ejemplo, que la narración Bíblica empieza en el Edén que está geográficamente ubicado en un espacio terrestre y termina con otro Edén, una imagen para hablar de la tierra restaurada. En concreto, Pablo alaba a Dios porque ha cumplido su Palabra y en Cristo Jesús ha mostrado su intención primaria y definitiva: hacer bien al ser humano, restaurarlo. Así, la imagen, mesiánica se une a la promesa dada a Abraham (Gen 12:1-3). Continuará.  


[1] ECO, H. 2000, entrevista por Aorent Latrtve y Annlck Rivoire reproducida en El Periódico de Cataluña, 7 de enero, 2000.

jueves, 22 de agosto de 2013

Por qué soy cristiano: razones para creer. Parte I

Por qué soy cristiano: razones para creer. Parte I
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 66
Empezaré este trabajo adelantándome a dos posibles objeciones que, frente a mi argumentación, el lector, cristiano o no, pueda tener. El lector puede objetar, en primer lugar, por ejemplo que “mi confesión de fe” obedece, más que a convicciones personales, a imposiciones culturales y familiares; y que, de haber nacido en la China de seguro sería budista. Frente a lo primero, a las imposiciones culturales y familiares, respondo que aunque soy “parte de una cultura”  en donde por cinco siglo el cristianismo ha sido la religión tradicional e “hijo de una familia” que ha sostenido la fe cristiana por tres generaciones; hay personas que en las mismas condiciones han optado por otras formas y credos, e incluso por el ateísmo que dicho sea de paso, es también una forma de fe[1]. Por otro lado, la posibilidad de haber nacido en la China y ser budista se hace insostenible porque estamos de repente entrando en el terreno de lo falaz; sería una falacia ex hipótesis o contraria al hecho, en donde se trata de sostener un argumento en lo que nunca pasó. Por ejemplo, hay creyentes que preguntan  ¿Y… que hubiese pasado si Adán y su mujer no hubiesen pecado?, la respuesta es: no sabemos. No experimentamos esa realidad y está, la de la caída, es el único fundamento para la reflexión y la argumentación.
            La segunda objeción que puede esbozar el lector es que, como mi argumentación es a partir del texto Bíblico, estoy cometiendo la falacia de petición de principio o argumento circular. Sin embargo, no recurriré al texto sagrado de la forma tradicional del evangelicalismo latinoamericano[2], en donde la persona tiene que creer esto o aquello porque lo dice la Biblia y la Biblia es la Palabra  de Dios. Esta forma de ver el asunto muestra a veces una creencia ciega y fundamentalista. Mi forma de ver el asunto es la siguiente. Los orígenes del pueblo de Israel están vinculados a eventos históricos al igual que el cristianismo. Cuando, por ejemplo, Isaías hace mención de Ciro el Persa nos está diciendo que ese mensaje, en relación a Israel, se llevó a cabo en el seno de un espacio concreto y, de no ser así, de comprobarse que Ciro no existió, entonces estamos frente a una farsa (Is 45:1). Cuando Mateo dice que el nacimiento de Jesús se dio cuando Herodes gobernaba Palestina, nos está diciendo que Jesús es un personaje histórico al igual que Herodes, porque, de no ser así, estamos frente a una gran mentira (Mt 2:1). El mensaje entonces es comprobable, esta sujeto a prueba. El lector podrá, legítimamente, objetar sobre asuntos de teología y sobre aparentes contradicciones del texto Bíblico, pero no podrá negar el sentido histórico del material Bíblico. De esta manera, la Biblia se presenta como testigo fiel de la revelación de Dios en el mundo. La autoridad del texto sagrado no viene de si mismo sino de las acciones históricas de Dios que describe.
            Ahora, se que por lo general el lector contemporáneo tiene frente a la lectura del texto Bíblico dos dificultades. La primera es temporal. El lector se pregunta ¿Cómo un texto tan antiguo puede ser relevante hoy? Muchos se me acercan diciéndome esto pensando dejarme sin argumentos, pero les respondo que, eso para mi no es nada nuevo, es decir, se que estamos frente a un texto antiguo. Aquí estamos frente a lo que C.S Lewis llamo “esnobismo cronológico” en donde se descarta algo por estar “pasado de moda”  o “viejo”. También se le conoce como la falacia de orgullo modernista. Por ejemplo, cuando decimos, “todo tiempo pasado fue mejor”, la respuesta es “no necesariamente”. Así, la novedad no siempre es virtud y lo viejo no siempre es vicio. La verdad, la belleza y la vida no se determinan por el momento en que existen. Así, nada es menos por ser viejo, y nada es más por ser actual. Pero aun más, todos de manera práctica y cotidiana nos enfrentamos con la realidad de que nuestra identidad esta anclada en el pasado: un himno, una tierra, un apellido, un evento liberador, una reliquia que guardamos, el abuelo que apreciamos; el planeta mismo en el que habitamos es “viejo” y no por ello optamos por escapar de él. Es obvio entonces que el criterio para la valoración del texto Bíblico debe superar la dificultar temporal.
            La segunda dificultad es moral. El lector, de manera equivoca, se acerca al texto pensando encontrar ejemplos memorables. Pero la Biblia no es, principalmente, un libro de moralidad. En contra de lo que se esperaría, el pueblo judío incluyo en la Biblia sus quejas y evasiones, así como a sus reyes arrogantes y malvados y a sus muy críticos profetas. El pueblo judío leía esto en público. Son textos que, lejos de contar sus maravillas, les recordaban sus miserias. A la Biblia le es inherente  la capacidad para el pensamiento auto crítico. Esto es bastante raro en la historia de las religiones. La auto crítica resulta necesaria para prevenir la tendencia natural de la religión a la arrogancia y a la excesiva seguridad en si misma[3]. Pero es necesario también “hacer la diferencia entre lo que la Biblia hace notorio en sus registros y lo que aprueba: la Biblia no aprueba, moralmente, todo lo que está en ella registrado, al igual que un editor no aprueba todo lo que se imprime en su periódico”[4]. Entender esto es necesario para superar la lectura “moralista” y la dificultad moral en el acercamiento al texto Bíblico. Continuará.


[1] El libro “manual de ateología” recoge testimonios de 16 Colombianos, ateos confesos, que optaron por esa fe a pesar de su trasfondo cristiano.
[2] Forma para llamar a las “tradición evangélica” especialmente en Norteamérica.
[3] ROHR, Richard, La Biblia y su espiritualidad. Sal terrae-Santander, 2012, p 18.
[4] RAM, Bernard, Protestant Biblical Interpretation. Boston-Wilde, 1956,  p 171.