domingo, 15 de febrero de 2026

LAS ALTITUDES DEL CORAZÓN

 

LAS ALTITUDES DEL CORAZÓN.

Para leer al profeta Abdías

convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 215

Es el libro profético más pequeño, 21 versículos; pero literaria y teológicamente grande. Abdias profetizó alrededor del año 586 a. C, y su nombre traduce “Siervo de Yahvé”. Habla de Edom, los descendientes de Esaú; y de Israel, descendientes de Jacob. Es un asunto de familia, fraterno y de hermanos. Abdias centra su mensaje-visión (lectura de la realidad)-en Denunciar a Edom frente a su postura contraria hacia Israel cuando Babilonia invadió el reino del sur, Judá. Así, se muestra una fraternidad rota, un hermano en situación de bondad, yéndose contra el otro en situación de vulnerabilidad.

Hay varias formas, o propuestas estructurales, para acercarme al mensaje de Abdías. Tomaré una que me permite perfilar o caracterizar mejor a Edom y sus acciones contra su hermano, Jacob. Teológicamente, es un juicio a Edom, no porque no crea en Yahvé, sino porque no actúa con humanidad; literariamente, es “Justicia poética”: un recurso literario y narrativo donde la virtud es recompensada y el vicio castigado, a menudo irónicamente. Acuñado por Thomas Rymer (1678), implica que los antagonistas caen en sus propias trampas, ofreciendo satisfacción moral al espectador al ver triunfar la lógica y la ética.

                1. LO QUE LE PASARÁ, vv. 1-9.

El profeta anuncia la “caída de Edom” en manos de una confederación de naciones. Un evento político de su tiempo (la Caída de Edom), se lee Teológicamente (Dios está en el asunto). Edom se creía, por su posición geográfica en las montañas, “invencible e intocable”, esto lo lleno de orgullo y arrogancia hasta el punto de gritarlo: “¿Quién me derribará a tierra?”. Hay otros factores que tributan al orgullo de Edom: Su posición geográfica, su fuerza militar, sus relaciones o alianzas, sus sabios o entendidos y su tesoros o economía. En vez de usar estas ventajas o “privilegios” para ayudar, las usa para alimentar su orgullo y lanzarse a la violencia. ¿No pasa lo mismo con nosotros hoy? ¿Acaso nuestra ubicación geográfica, estratificación social, posición económica, conquistas académicas, apellidos de alcurnia, no nos “hacen creer a veces superiores a los demás” y hasta convertimos eso en escenarios de violencias? Son las ALTITUDES del corazón.

2. PORQUÉ PASARÁ, vv. 10-14.

La descripción aquí es desgarradora, el profeta elabora, casi con dolor solidario, los “no debiste” a Edom. La violencia contra su hermano se expresa así: trató a los prisioneros de guerra como “mercancía humana”, se hizo el de la vista gorda frente a la mala hora de su hermano, se alegró de la tragedia de su hermano, se llenó de orgullo por la desdicha de su hermano, entró a la puerta de su hermano para unirse al que ejercía violencia contra su hermano, se quedó mirando al quebrantado sin hacer nada por su hermano, robó a su hermano el día de su desgracia (¡que desgraciado!), se escondió en las encrucijadas para asesinar a sus hermanos que lograban escapar de su verdugo, entregó a sus hermanos, los que quedaron, a sus opresores. Edom recibirá lo que cosechó. La guerra que atizamos ayer, desde nuestra comodidad, nos alcanzará mañana, tocará la puerta de nuestra casa; escalará hasta alcanzarnos y destruirnos. Son las ALTITUDES del corazón.

3. CÓMO PASARÁ, vv. 15-21.

Leído en “clave de Ley del Talión”, Edom será víctima de su propio invento. Viene el DÍA DEL SEÑOR. “El "Día del Señor" en el profeta-dice Andiñach- es un lenguaje de resistencia. Es un llamado a instalar la justicia y el derecho no solo en el Israel de la época, sino en todo lugar donde la Vida es agredida". “En justicia poética”: El monte de Edom, símbolo de su orgullo, será derribado; el Monte Sion, será rehabilitado. Así, el Reino será de Yahvé. Ahí, donde la vida agredida es defendida, está obrando el reino de Dios. El proverbista declara: “Antes de la quiebra está el orgullo; y antes de la caída, la altivez de espíritu” (Pr 16:18). Es decir, detrás de muchas caídas y tragedias, está el orgullo no tratado, no gestionado.

La tentación es leer el texto y decir que, desde el rótulo de “Somos el pueblo de Dios”, él siempre estará de nuestro lado y en contra de los demás. No. El mensaje profético es uno que atraviesa la Biblia: Dios es el Dios de las víctimas. ¿Quién eres tú en el texto? El profeta que denuncia el mal, Edom que perpetra el mal, o, Israel que recibe el mal. ¿Del lado de quién estas? Del profeta que denuncia, del victimario o de la víctima.

Recuerda: Edom no será castigado porque no cree en Yahvé; el Juicio es por no actuar humanamente frente al sufriente, por romper la fraternidad. Su buena posición geográfica, militar y económica, lo llenaron de arrogancia y orgullo. Son las ALTITUDES del corazón. Con el correr de los siglos se produjo un giro notable en algunas religiones: El juicio ya no tenía relación con la forma de vida (la ortopraxis), sino con la creencia (la ortodoxia): “—Dios te ama, pero si no crees como nosotros, te va a mandar al infierno”. Familiar, ¿cierto? Cuidado, los supremacismos religiosos, llenan de orgullo y arrogancia, congelan el alma, rompen la fraternidad. Un viejo himno cantaba: "Si fui motivo, de dolor oh Cristo. Si al que sufría en su dolor dejé. No me condenes tu por mi pecado. Perdón te ruego, mi señor y Dios”.

Edom fue DEFERENTE para con los opresores, e INDIFERENTE para con los oprimidos.

Cantaba León Gieco, desde 1978, desde la “Canción social o Cancón protesta”.

 

Solo le pido a Dios,

Que el dolor no me sea indiferente.

Que la reseca muerte no me encuentre,

Vacía y sola sin haber hecho lo suficiente.

 

Solo le pido a Dios,

Que lo injusto no me sea indiferente,

Que no me abofeteen la otra mejilla,

Después que una garra me arañó esta suerte.

 

Solo le pido a Dios,

Que la guerra no me sea indiferente,

Es un monstruo grande y pisa fuerte,

Toda la pobre inocencia de la gente.

Es un monstruo grande y pisa fuerte,

Toda la pobre inocencia de la gente.

Ahí, donde la vida agredida es defendida, está obrando el Reino de Dios.  Y aquí llegamos a Jesús. Y María, esa jovencita campesina de aproximadamente 16 años, cantó: "Esparció a los ARROGANTES. Quitó los PODEROSOS de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos sació de bienes y a los RICOS despidió vacíos" (Luc 1:51-53).

 LAS ALTITUDES DEL CORAZÓN

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