viernes, 20 de noviembre de 2020

La canción del despojado (3)

 

La canción del despojado (3)

Cristología para una comunidad en crisis

Fil 2:1:11

convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 196

Recapitulemos: frente a la crisis relacional de los Filipenses debido a los vicios de la competencia, el individualismo y el ego, Pablo les dice que mientras ellos buscan escalar, subir, viendo al otro como objeto para servirse, existe un camino diferente, les dice que “sientan como Jesús”, que vivan como Jesús vivió, que tomen las opciones que Jesús tomo, él, se bajó, sirvió y considero al otro escenario de su servicio. No usó el “nombre de Dios” para imponerse y someter sino que vivió para el servicio. Para decirles eso usa un himno, una canción que ellos entonaban en sus reuniones y convocaciones. ¡Qué curioso! Es fácil, siempre será una tentación, cantar sin adorar, proclamar sin vivir, predicar sin aplicar. En dos estrofas Pablo voltea todo su mundo al revés desde  el evangelio de la cruz. En la primera estrofa le sujeto es Jesús, no sacas ventaja de su condición divina, vive como siervo y muere por esa condición para traer liberación. En la segunda estrofa le sujeto es Dios- Padre, él aprueba la vida de Jesús poniéndola como modelo y patrón del vivir cristiano. Al final, “doblar rodillas” y “confesar con la lengua” serían metáforas de la necesidad de deponer los orgullos y de confesar a ese modelo como el gran modo de ser de Dios y de vivir del creyente[1]. El himno finalmente nos desafía a conectar “la mente” o la forma en la que sabemos que Jesús vivió con las “rodillas” y la “lengua”. Quisiera terminar reflexionando desde cinco realidades.

1. La historia de la salvación: hay un asunto que con frecuencia, por asuntos históricos y teológicos (hablaré de estos después) hemos olvidado, está en la Biblia pero decidimos hacerlos a un lado pues preferimos ver y pensar de manera distinta, el asunto es el siguiente: desde el AT Dios salva por medio de lo débil, pobre, insignificante y sin apariencia; es una locura para nuestra cultura de emporios. Para nosotros es muy importante  lo aparente, lo fuerte, lo poderoso, lo bello, lo presuntuoso, así pensamos nosotros y así pensamos de Dios. Sin embargo Dios no es así. El caso más concreto en el AT es el famoso cantico del siervo de Isaías 52:13-53:12, un siervo herido traerá salvación. ¡Es una locura! La historia de la salvación se concreta en una cruz, la locura de Dios es su más grande acierto. El texto de Filipenses lo reafirma, Dios salva a través de la debilidad.

2. La misión de la iglesia: desde Constantino, hemos pensado la misión en “clave de poder” o dominio. Con el paradigma constantiniano, desde el siglo cuarto, el cristianismo se ha acostumbrado a estar EN EL CENTRO, con algunas excepciones. La iglesia se ha acostumbrado al aplauso, a la aprobación de la sociedad en general, al poder político y económico. Se ha acostumbrado a dictar la ética y las normas de la moralidad aceptables. En vez de ser perseguida ha perseguido, en vez de recibir odios ha odiado, en vez de ser crucificada ha crucificado, en vez de recibir la inquisición ella ha sido la inquisidora, en vez de servir se ha servido, en vez de la toalla del servicio ha optado por la corona y los cetros del poder. ¿De qué manera (s) el texto de Filipenses nos invita a replantear esto?

3. El culto-la adoración. ¿Nuestras celebraciones están atravesadas por el paradigma del vaciamiento? El vaciamiento, es la vida en constante "descenso". En nuestras celebraciones se exalta al cristo sin poder no al poderoso; se exalta al cristo despojado no al despojador. "Doblar rodilla" significa vivir reconociendo que la única manera de agradar a Dios es tomar el camino del descenso como Jesús. Pablo le dice a los filipenses: "ustedes cantan esto... ahora vívanlo". La liturgia también debe "vaciarse" como Jesús. Declaraciones litúrgicas grandilocuentes que confiesan tomar el poder en nombre de Dios, no son parte del culto al despojado; predicadores y ministros que se presentan como los show man y con tono incuestionable  no honran al espíritu del despojado, este perfil es más el modelo del culto a la romana que a la cristiana.

4. En el ministerio. El éxito (si se quiere llamar así) del cristiano o líder cristiano no está subiendo las escaleras sino bajándolas. El deseo de dominar, de mandar, de figurar, de controlar, deja víctimas y crea nombres e instituciones poderosas “en nombre de Dios” pero no honra a Dios. Formas así son también “teologías de la prosperidad” y “de apostolado” solapadas, sutiles que se alejan tanto del evangelio como aquellas que lo son abiertamente. Recordemos que Pablo llama a movimientos así: “enemigos de la cruz” (Fil 3:18). Los enemigos de la cruz no son los ateos sino aquellos que en nombre de la fe quieren dominar. Así las cosas, no se “representa a Dios” desde el poder y la imposición sino desde el servicio y la donación. Urge revisar la "hermenéutica colonial" y "el liderazgo vertical".

5. En las relaciones. Sus relaciones estaban marcadas por la competencia (el más fuerte), el orgullo (el ego) y el espíritu individualista (el selfie). Los líderes debemos "vaciarnos" como Jesús, sin pretensión de dominar; los roles en casa deben ser "vaciados" como Jesús...un esposo no puede confesar al cristo despojado y seguir a la vez en el rol/papel de macho dominador. Fin.   



[1] Sentir como Jesús quiere decir no considerar el poder, la riqueza, el prestigio como los valores supremos de nuestra vida, pues en el fondo no responden a la sed más profunda de nuestro espíritu, sino abrir nuestro corazón al otro, llevar con el otro el peso de nuestra vida y abrirnos al Padre de los Cielos con sentido de obediencia y confianza, sabiendo que precisamente, si somos obedientes al Padre, seremos libres.

lunes, 25 de junio de 2018

La canción del despojado (2)


La canción del despojado (2)
Cristología para una comunidad en crisis
Fil 2:1:11
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 196
Segunda estrofa, vv. 9-11. Recordemos que Pablo está apelando a la forma de “pensar” (2:5), que también implica orientación de vida, para hacerlo, está presentado a Jesús y su modo de “pensar”, su orientación de vida. En la primera estrofa el sujeto es Jesús, ahora, en esta estrofa el sujeto es Dios. En esta segunda parte se presenta la confirmación de Dios, la reivindicación del padre ante el vaciamiento de Jesús, ante su decisión de no volverse atrás ni reservarse la vida: el honor, la autoridad máxima, la exaltación (expresada a trasvés de la escenificación de una coronación real). “El significado de este reconocimiento divino no pretende, en primer lugar, recompensar la acción de Cristo, sino reconocer públicamente que ese es el camino a seguir, la vida que agrada y se identifica  con la voluntad de Dios. Y esto es lo que Pablo trata de subrayar: que aunque la sociedad grecorromana considere la humildad y la obediencia como prácticas rechazables (en la persona libre) que reducen al individuo y a la comunidad a lo “servil”, Dios tiene el mayor de los aprecios por ellas. Es el mundo al revés: las estructuras sociales imperantes pierden su aparente valor absoluto y son puestas en entredicho; más aún, el respaldo final de Dios va a suponer la transformación del universo simbólico”[1].   
               Con este esta forma de ver las cosas, Pablo conecta lo que está pasando en Cristo con el anuncio de salvación anunciado en Isaías 45:23: “… Ante mí, todos doblarán la rodilla y me adorarán…”[2]. A partir de ahora queda claro: se es imagen de Dios no desde la codicia del poder ni desde el ejercicio de una autoridad déspota, sino desde el vaciamiento para llenar a otros, desde la humillación para que otros queden ensalzados. Claro, el “por lo cual” o el “por lo tanto” o el  “por esto” con el que comienza esta estrofa no es adversativo sino ilativo. La exaltación de Dios a Jesús no es “a pesar” de su condición de siervo sino por su condición de siervo. Es un resultado de sus opciones de vida y su actitud ante ella. La cruz no ha sido fruto de la casualidad, sino el final de la acción y la predicación de Jesús, el resultado de su pasión por la justicia y su dedicación a la buena noticia de Dios que perdona y salva a la humanidad. Así, la cruz no es el fin de la encarnación, sino la  consecuencia del comportamiento y las palabras de Jesús, hombre libre y obediente, verdadero Adán, plenamente  conforme al proyecto de Dios, el cual quiere al hombre humilde , verdadero, siervo de los hermanos, reconocido por su justicia (Mt 5:1-12)[3].
Esta segunda parte generalmente ha sido leída “en clave de poder y/o sometimiento”: Jesús es ahora un Señor déspota que pide adoración y reconocimiento de todos. Pero no. Cuando Pablo dice de Jesús que “Dios lo exaltó dándole un nombre sobre todo nombre” no está diciendo que Jesús sea ahora una especie de caudillo o dictador (sería no entender el argumento paulino), lo que está diciendo es que Dios aprobó la actitud de Jesús y que lo ha puesto a él como referente, como ejemplo o patrón absoluto (Fil 2:5-11). Así, “doblar rodillas” (en el contexto relacional filipenses) es una imagen que habla de la deposición de todo orgullo, de toda altivez, de toda pretensión de dominio del hombre sobre el hombre, de la renuncia a toda “ley” de ventaja; “doblar rodilla” significa vaciarse como Cristo, pensar como Cristo”. Así las cosas, Cristo es modelo, no porque sea Dios, sino porque es verdaderamente hombre (Léase, humano). Pablo sueña con toda la creación cumpliendo, a partir de la experiencia de Cristo, el propósito divino.
El texto presenta una nueva imagen de Dios. Jesús asume su muerte como la mejor manera de ser consecuente  con una vida entregada a revelar quién es el padre y como actúa en la historia. Acepta el rechazo, la humillación de la muerte en la cruz, sin pedir reparaciones, sin tomar en cuenta las ofensas, sin buscar el enfrentamiento. Se humilla para perdonar, para vencer la espiral de la violencia. Actúa en silencia aceptando la libertad de todos. Así es como actúa Dios. El texto presenta una nueva imagen del creyente en Cristo Jesús. La figura del cristiano queda afectada por este modo de ser de Dios. Mientras el mundo aspira al honor, al control, a la violencia, a la mentira, a la dominación para llegar al triunfo y la exaltación, el “evangelio de la cruz” contempla al otro como un hermano que me permite ser más persona. Abrazarlo en su impotencia y humildad, ponerse a su lado para caminar juntos, es el modo de alcanzar el poder. El mejor ejemplo lo tenemos en Jesús, imagen de Dios. Así las cosas, tenemos que superar la incoherencia y conectar “mente” con “rodillas y lengua”. De esto hablaremos en nuestra próxima entrega. Continuará.

[1] ROSELL NEBREDA, Sergio. La nueva identidad de los cristianos: el himno a cristo en la carta a los Filipenses. Sígueme – Salamanca, 2010, p 93.
[2] “Los poemas en Isaías 45 (donde desde el 42 hasta este capítulo se expone la insensatez de la idolatría y el poder de Dios) reiteran varios de los temas anteriormente expuestos por el profeta e incluyen un nuevo componente extraordinario: se indica que le ungido del Señor es Ciro, el rey persa. El pasaje revela una teología universalista extraordinaria; pone de manifiesto la capacidad literaria y espiritual del escrito y se fundamenta en una muy firme convicción monoteísta”. PAGÁN, Samuel. Tres meses en la escuela de Isaías. Abingdon Press-Nasville, 2000, p 121.
[3] “Considerar que el objetivo de la encarnación sea la cruz significa poner a Dios una máscara que desfigura el rostro en un remedo de dolor absolutamente extraño a la verdad del mensaje cristiano: ¡es la cruz la que debe leerse a través de Jesús, no Jesús a través de la cruz!”. BIANCHI, Enzo. Para mí el vivir es Cristo: ejercicios espirituales. San Pablo-Bogotá, 20909, p. 81.  

martes, 19 de junio de 2018

La canción del despojado (1)


La canción del despojado (1)
Cristología para una comunidad en crisis
Fil 2:1:11
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 195
Empiezo compartiendo esta serie bajo la siguiente tesis o afirmación: las declaraciones cristológicas más importantes del NT se expresan a través de himnos[1]. Antes de volverse una disciplina analítica, a veces seca, mirada con sospecha y recelo, la teología nació cantando. Muchos pasajes clásicos de la teología sistemática nacieron como himnos que cantaba la comunidad (Fil 2:5-11; Col 1:15-20). Los primeros credos suelen mostrar una estructura métrica e hímnica (Ro 10:9-10; Col 3:16; 1 Tm 3:16; Tit 3:4-7). El ser humano, que al ser creado recibió el soplo divino, fue hecho para adorar a Dios con todo su ser y proclamar su grandeza. La tarea del teólogo es la de articular para la comunidad las armonías y las melodías de la fe. El himno de Filipenses 2:6-11 es al parecer pre paulino (no original de Pablo pero si con algunos matices paulinos), circulaba y se cantaba en algunas comunidades del primer siglo como declaración cristológica temprana[2]. Aquí se resume el drama de la encarnación y se nos canta de manera profunda el clímax de la historia de la salvación. El texto está estructurado de la siguiente manera: una obertura o introducción, vv. 1-5, la primera estrofa, vv. 6-8 y la segunda estrofa, vv. 9-11. En la obertura, Pablo alaba algunas virtudes y critica algunos vicios en el seno de la comunidad[3]. Recordemos que Pablo escribe a una comunidad en crisis en el seno de sus relaciones, estas estaban marcadas por la competencia (el más fuerte), el orgullo (el ego) y el espíritu individualista (el selfie)[4]. Toda la práctica de la piedad y las relaciones interpersonales estaban transversadas por los vicios mencionados (4:2), aún la tarea evangelistica estaba manchada por el espíritu de competencia (1:15).   
            Pablo empieza a decirles que revisen su forma de “pensar” o de “sentir” (2:2, 5; 4:2) el apóstol quiere ir al fondo del asunto, al sustrato inicial y fundamental de la experiencia humana, quiere empezar por la mente, el pensamiento. Ya lo decía el proverbista, “el hombre es lo que piensa” (Pr 23:7). Y es que, “el diagnóstico de una existencia humana, de un hombre, de un pueblo, de una época, tiene que comenzar filiando el repertorio de sus convicciones. Son éstas el suelo de nuestra vida. Por eso se dice que en ellas el hombre está. Las creencias son lo que verdaderamente constituye el estado del hombre”. Para el diagnóstico de la situación, una comunidad en crisis de relaciones, Pablo no busca a un motivador profesional, les va a proponer un modelo mucho más sugestivo, revolucionario y contradictorio; les va a hablar de Cristo mismo, al que ellos dicen seguir, de quien ellos dicen ser sus discípulos. Les desafía pensar como Cristo pensó, les va proponer una cristología “baja” y relacional. Así, la relación con Cristo no solo arregla un problema vertical, con Dios; sino que también es modelo para los problemas horizontales, con el prójimo. Pablo introduce en su argumento un himno, este resume la confesión de las comunidades primitivas frente a lo que creían y pensaban de Jesús el Señor. Veámoslo.
            Primera estrofa, vv. 6-8. El himno comienza confesando la divinidad de Jesús: siendo imagen, o en forma, de Dios, nos escogió, para reflejar esta imagen, el camino del poder, del honor, o del dominio, sino el de la impotencia, la entrega y el vaciamiento. La estrofa habla de su condición divina: “forma de Dios”; de su condición antropológica: “se volvió hombre”; de su condición social: “posición de siervo” (Is 52:13-53:12); y de su condición misionera y política: “obediente hasta la muerte de cruz”. La cruz estaba reservada para los insurgentes, roma mostraba el control, el poder. Me imagino el golpe bajo de esta visión cristológica para aquellos que experimentaban a Dios desde el poder, la competencia y el orgullo. Así, el himno puede leerse en clave dramática, como si Jesús, el cristo, irrumpiera en la historia humana para mostrar la forma de vida adecuada entre los miembros de la comunidad que dice confesarlo[5]. No es casualidad que el texto declare: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús…” (Fil 2:3-5). Jesús opto por un camino diferente al de Adán, que, creado a “imagen y semejanza de Dios” (Gn 1:26-27), codició el convertirse en dios (Gn 3:5, 22). Mientras que Adán con ese comportamiento no se estaba pareciendo al Dios del que era imagen, Jesús en la cruz lo imitó perfectamente: renunció a la posibilidad de recibir el honor que le correspondía como hijo de Dios, rechazó la posibilidad de “hacerse adorar”, y acepto la impotencia y la muerte para que otros tengan vida. Si, Jesús siendo en forma de Dios, actúa de manera distinta a los gobernantes políticos conocidos por la comunidad de fe en Filipos. Continuará.


[2] GOURGUES, Michel. Rezar los himnos del Nuevo Testamento. Verbo Divino-Estella (Navarra), 1998, p. 50. 
[3] La oración condicional que se usa en los veros 1 y 2 es de clase I o de condición real en donde la condición se da por sentada; es decir, está ocurriendo, no está en duda. En este caso, Pablo no está dudando que estas virtudes estén sino que las está dando por sentadas (Cp. Mt 4:3).
[4] En la cárcel Pablo recibe, a través de Epafrodito, la noticia de que la comunidad estaba dividida.
[5] ROSELL NEBREDA, Sergio. La nueva identidad de los cristianos: el himno a cristo en la carta a los Filipenses. Sígueme – Salamanca, 2010, p 82.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Recordar es vivir (3)


Recordar es vivir (3)
Dt 8:1-20
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero194
Tercera indicación temporal: el futuro, vv. 7-20. En esta parte del texto Moisés habla al pueblo de lo que será su futuro como sedentario en la tierra prometida. Habla de las bendiciones pero también de las tentaciones; habla de las bondades pero también de las maldades. La bendición de la tierra traerá consigo sus riesgos, estos  no proceden del dador de la tierra sino del corazón mismo del pueblo. Por ejemplo, sabemos, por los relatos del AT que el sueño de la tierra prometida se convierte en pesadilla. En la sección anterior del texto, “el pasado como peregrinos”, la palabra clave era “recordar”, ahora, frente al futuro, la clave será “no olvidar”. Pero, ¿no olvidar qué?  Veámoslo.
            En primer lugar, no olvidar que la tierra es un don de Dios, vv. 7-10. Aquí, el contraste entre el pasado (desierto) y el futuro (tierra prometida) es evidente. Atrás quedan los años de escases, de estrechez y de penurias. La tierra, muestra concreta del cumplimiento de Dios a sus promesas fundadas en el amor por su pueblo, ya está a la vista.  Como lo cantara Niche: “A lo lejos se ve mi pueblo natal, no veo la santa hora de llegar… ya vamos llegando me estoy acercando
No puedo evitar que los ojos se me agüen”. Es decir, se respira en el ambiente ese sentimiento que se produce cuando se está cerca de lo deseado o a lo soñado. La tierra se describe como un escenario de abundantes acuíferos, con variedad de productos agrícolas y con recursos minerales. La frase inicial “el Señor te introduce” o el “Señor te da” recuerdan que la tierra es más que una conquista… un don de Dios. El don de la tierra y su usufructo tendrá dos propósitos: el disfrute y la alabanza a Dios. Pero con el don vienen también las demandas, con el indicativo… llega el imperativo.
            En segundo lugar, no olvidar que la bendición trae consigo tentaciones o peligros, vv. 11-20. Hay dos peligros evidentes ante la entrada a la tierra: el orgullo y la idolatría. Veamos. El orgullo que, ante la prosperidad, lo hará olvidar de que en los tiempos del desierto Dios los guio (Nos olvidamos de las personas que en los momentos difíciles nos dieron la mano, nos conectaron con alguien o algo o, sencillamente, nos promovieron). El orgullo los hará pensar que ellos mismos son la fuente de sus prosperidades y bendiciones. Ellos dirán: “mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (v. 17). La prosperidad en la tierra, dice el autor, puede desarrollar un falso concepto de autosuficiencia (Prov. 18:12). Por esto, cuando sintamos que Dios nos ha bendecido, ese es el mejor tiempo para buscar al Señor como nunca antes y alabarlo por su fidelidad. El verso 18 llega a pinchar el globo del orgullo y la arrogancia al incluir a Dios en la operación y en el cuadro. Dios no dio a su pueblo la tierra para que este alimentara su orgullo, sino porque estaba decidido a honrar su palabra y el pacto. Dios cumplió, ellos no[1].
            El segundo peligro que trae consigo el don es el de la idolatría. Cuando no se reconoce que Dios es el supremo dador, generoso, solo hay que dar un paso más para buscar en otra parte el origen de los bienes y las bendiciones de la vida (Baal- agricultura). El orgullo y la idolatría terminaron destruyendo al pueblo. Lo que estaba condicionado, v. 20, no era la entrada a la tierra sino la permanencia en esta. El riesgo de perder la memoria llega en el momento en que el pueblo se sacia de los bienes que Dios le da con esta tierra fabulosa. Así, el peligro en tiempos de desierto es la negación de Dios por la amargura y la desesperanza; el peligro en tiempos de la tierra es la negación de Dios por el orgullo y la y la abundancia (idolatría). Era necesaria primero la experiencia del desierto antes del regalo de la tierra para enseñar al pueblo la humildad, la dependencia y el agradecimiento. Lo más grande e importante en la experiencia del pueblo no era “confiar en una tierra de abundante pan”, sino admitir y reconocer que “no solo de pan dependería la existencia”.
            Existe, en el texto, una relación entre abundancia (posesiones) e idolatría. O sea, la abundancia, el dinero y las posiciones son terrenos fértiles para el nacimiento de la idolatría. Qué fácil es cuando todo va sobre ruedas, cuando el éxito corona nuestros esfuerzos, cuando los resultados en cualquier ámbito son positivos, empezar a pensar que somos más eficaces, inteligentes, capaces o incluso espirituales que los demás. Tal vez no sea muy necesario explicar esto demasiado, ya que es una experiencia bastante común de los buenos tiempos. Una vez que olvidamos que Dios es el supremo dador, el más generoso, quien nos ha dado todo para que lo disfrutemos, sólo hay que dar un paso más para buscar en otra parte el origen de los bienes en los buenos tiempos. Y esto es la idolatría. Frecuentemente hablamos aquí del desastre que produce la idolatría, por lo que no vamos a insistir hoy. Pero es un tema fundamental. Seguramente, los dos peligros más importantes de la sociedad del siglo XXI son el orgullo y la idolatría. La confianza constante en Jesús será fundamental para mantenernos a raya. Pablo dice “se vivir en la abundancia”, “se vivir en la escasez”, porque todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza (Fil 4:13).  Confesemos esto constantemente, sí; pero tomemos decisiones a partir de las confesiones pues de nada sirven confesiones bien elaboradas si no van acompañadas de decisiones de vida. El culto y la celebración eucarística mantienen viva la memoria de Cristo en y por nosotros. Fin.  


[1] “Si Israel ha perdido el don del Señor es porque primero ha perdido la memoria y así se ha perdido el mismo… sin la memoria se verá incapaz  de mantener la conciencia de quién es, de la identidad que Dios le reconoce cuando lo hace interlocutor de su alianza”. WENIN, André. No solo de pan. El deseo en la Biblia: de la violencia a la alianza. Sígueme- Estella (Navarra), 2009, p. 215.  

martes, 19 de diciembre de 2017

Una navidad sinvergüenza

Una navidad sinvergüenza
Apuntes de un sinvergüenza para una espiritualidad sinvergüenza
Lc 1:5-25
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 194
El texto que nos convoca es un relato de “anunciación”[1]. Nos cuenta la experiencia de un anuncio que tiene un anunciante y un receptor. Tomo la palabra “vergüenza” porque hace parte de la declaración de Elisabet en el v. 25 y marca un patrón que atraviesa todo el relato. Esto es: el relato se construye a partir de la “vergüenza”[2]. Pero, ¿cuál es la vergüenza?, ¿cómo es que Elizabeth y Zacarías llegan a ser una pareja sinvergüenza? Veámoslo. La primera parte del texto, vv. 5-7, vamos a llamarla “la vergüenza declarada”. Aquí, en medio de un contexto político concreto, en los días de Herodes, como queriendo aterrizar la historia y la fe misma, Lucas nos cuenta el drama de una pareja: Zacarías y Elisabet, él, sacerdote y ella de tracción sacerdotal (descendiente de Aarón). Han vivido toda la vida al servicio de Dios, el templo y la fe; son justos. Representan toda una larga tradición religiosa.  Pero… no tienen hijos: ella es estéril y ambos de edad avanzada. Y es que, la esterilidad, con todos sus efectos psicológicos y sociales también visita la casa de los justos. ¿Representará esta pareja la espiritualidad estéril del templo y de la fe en su tiempo? La segunda parte, vv. 8-22, vamos a llamarla “la vergüenza solucionada”. En medio de la normalidad de un día de culto y ministración, Dios se hace presente y Zacarías, cual creyente que vive su ministerio en “piloto automático”, se asombra y se atemoriza. El ángel lo tranquiliza “no temas” y le da un mensaje de consuelo “tus oraciones han sido oídas”. Toda una vida orando y ahora… ¡sorpresa! Justo en el momento menos propicio, la vejez, y en la condición menos probable la esterilidad, Dios visita a estos viejos creyentes con un hijo.
            Zacarías responde con incredulidad, como también lo haríamos nosotros, la obra de Dios en él no está sujeta a su fe sino a la liberalidad divina (para no usar la categoría clásica "soberanía"). La mudez temporal no es castigo divino sino un acto de misericordia y una invitación a reflexionar, desde el silencio y el mutismo, en lo oído y lo prometido. La experiencia de Dios no debe infundir miedos sino que debe, en oración, superarlos. La tercera y última parte del texto, vv. 23-25, la llamaremos “la vergüenza superada”. El culto termina, Zacarías vuelve a casa… ya no habla. Es ahora Elisabet la que toma la palabra y dice que su vergüenza ha sido superada por el don de Dios. Debemos notar que, aunque el anuncio del nacimiento de Juan fue “extraordinario”, no lo fue su concepción. El estigma social se levantó, la que era llamada estéril ahora es llamada fructífera. Ahora es ya una mujer sinvergüenza. Quisiera sugerir cuatro aspectos que fundan nuestra espiritualidad a partir de este relato.
1. La esterilidad. Tomo esta palabra como metáfora de nuestra humanidad y mundanidad. La espiritualidad se vive en el terreno de lo humano no fuera de él. Mucho de nuestras prácticas de fe empiezan diciéndonos lo contrario, intentan sacarnos del terreno de lo humano, lo frágil y lo terrenal. Nos presentan como modelos de fe a hombres y mujeres “súper espirituales”, “hombres de hierro” y “mujeres maravillas”. Una espiritualidad sana empieza por reconocer lo contingente, lo humano y lo vulnerable. Reconocer, en versión paulina, que la gracia se perfecciona en la debilidad.
2. La oración. Si la “esterilidad” es el reconocimiento de lo humano, la oración es el reconocimiento de lo divino y la apertura hacia Dios y lo trascendente. La oración es el escenario en donde los temores se empiezan a superar y se posibilita una vida fructífera. Tendemos a pensar que nuestras oraciones “cambian a Dios” pero no, somos nosotros los que empezamos a cambiar en la oración a Dios. El padre nuestro dice: “que tu voluntad sea hecha en la tierra como se hace en el cielo”.
3. El silencio. Es un silencio propositivo, fecundo, que piensa y razona. Que permite elaborar y procesar lo oído más allá de la tiranía de la inmediatez y lo urgente. Pero también el silencio permite que las “voces oficiales” se callen para poder oír a los “sin voz”. Elisabet terminó hablando y Zacarías terminó callado. Los pastores nos la pasamos hablando todo el tiempo, cuándo fue la última vez que nos callamos para escuchar a los demás y ser realimentados por sus confesiones y testimonios.
4.  La celebración. Es la respuesta a la respuesta. Zacarías estuvo fecundando en su corazón por nueve meses lo que Dios había hecho. Cuando habla, lo hace para cantar, para celebrar. Solo aquel que ha guardado silencio puede después hablar y cantar. Recuperar la dimensión celebrativa de la fe es una urgencia para la misión. La peor publicidad para el evangelio es un creyente aburrido. La alegría es símbolo de la edad mesiánica, de la visitación de Dios. A Zacarías se le dice que la visitación de Dios traerá gozo. ¡Que el Señor te conceda ser un “sinvergüenza”! Fin


[1] Estos relatos tienen una estructura literaria característica: 1). Situación de los personajes, 2). Aparición del ángel del Señor, 3). Respuesta en clave de miedo o asombro, 4). Anuncio, 5). Pregunta u objeción, 6). Señal y ejecución, 7). Cierre (Cp. Mt 1:8-25).
[2] Las sociedades antiguas, del mundo mediterráneo, regían sus relaciones bajo el binomio “honor-vergüenza” (nosotros estamos más orientados hacia la culpa). Ellas asumían una fuerte orientación de grupo. La vergüenza era como un puntaje negativo, la comunidad pensaba de forma negativa hacia le “avergonzado” (Rm 1:16). Estar “avergonzado” significaba “estar fracasado”, esto se superaba dando honor.  

martes, 31 de octubre de 2017

Recordar es vivir (2)

Recordar es vivir (2)
Dt 8:1-20
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero193
También hoy nos vemos atraídos por las fuerzas del consumo, por esta cultura de la servilleta, del “úselo y tírelo”; por el criterio de la obsolescencia y la moda. Dijo Galeano: “pueblos y tierras se sacrifican en los altares del mercado internacional… la sociedad de consumo consume fugacidades. Cosas, personas: las cosas fabricadas para no durar, mueren al nacer; y hay cada vez más personas arrojadas a la basura desde que se asoman a la vida”[1]. El tiempo verbal imperativo está presente en toda la publicidades creando cada vez más insatisfacción y acrecentando la vergüenza del no tener: aproveche, lleve, disfrute, usted se lo merece, usted es nuestro cliente estrella. Urge, desde la experiencia de Dios, recordar la sentencia aquella “hoy”: no solo de pan, no solo de cosas, hay que cultivar el espíritu, la trascendencia, aquello que va más allá de lo que vemos y de los brillos de la publicidad y el mercado religioso y económico. Renunciar al simplismo que nos ha querido enseñar la “teología de la prosperidad”: “la escasez es maldición de Dios, la abundancia es bendición divina”, cayendo en la tentación de creer que “se vive solo de pan” e ignorando la fuerza de la prueba capitalizada en la formación y construcción de un carácter maduro. El asunto no es tan fácil. Volvamos al texto.
            3). Acordarse del desierto como escenario para la corrección al experimentar el amor del padre, vv. 4-6. Dios, así como cualquier padre, usa los faltantes, las carencias y la estrechez de la vida para imprimir lecciones al carácter de su pueblo. Recordemos que el desierto es, por definición, un lugar de carencias y limitaciones. Sin caminos, sin carreteras, sin tiendas, sin supermercados, sin centros comerciales, sin cajeros automáticos. De manera intencional Dios padre forma y educa. El desierto fue el salón de clases en donde Dios formó y educó a su pueblo. El mismo desarrollo biológico nos enseña lo que también debe darse a nivel de carácter y formación personal. A medida que crecemos físicamente debemos ir creciendo psicológicamente en la comprensión de la vida y nuestras realidades.  Freire expresó: “Qué equivocados están los padres y las madres o qué mal preparados están para el ejercicio de su paternidad o maternidad cuando, en nombre del respeto a la libertad de sus hijos o hijas, los dejan librados a sí mismos, a sus caprichos, a sus deseos... La educación tiene sentido porque, para ser, las mujeres y los hombres necesitan estar siendo. Si las mujeres y los hombres simplemente fueran, no habría por qué hablar de educación…”[2].
            El llamado en esta primera parte del texto, 8:1-6, es a recordar la forma en la que Dios, como peregrino también, aconteció y sucedió en medio de ellos en los duros momentos de ese pasado llamado desierto. Así, el desierto no solo es un lugar geográfico sino también un lugar teológico. El pueblo es llamado a hacer memoria y a actuar de acuerdo con ese recuerdo. Por ejemplo ¿Cuáles eran las implicaciones prácticas del recuerdo del sábado? ¿Cuáles eran las implicaciones prácticas al recordar que en el pasado el pueblo había sido inmigrante? Pero, ¿Cómo recordaba Israel? Había varios escenarios para refrescar la memoria, pero quisiera resaltar dos que tienen que ver directamente con el tema del desierto: primero estaban las fiestas, que se convertían en una pausa, un alto en el camino para recordar; pero entre estas, la fiesta de los tabernáculos o de las enramadas (Dt16:16). Aquí, la familia dejaba por unos días la comodidad de casa y salían a las afueras y habitaban pequeñas chozas o enramadas, todo esto para recordar el desierto. Lo segundo era la práctica de “la cultura de la solidaridad” (Ex 22:21; Lv 19:34; Dt 10:19). Ponerse y poner a los suyos en contacto con los sufrimientos, los vacíos y los faltantes de otros para recordar el desierto y la vocación constate al servicio. La cultura de la solidaridad no ve al otro como competencia sino como un hermano, como un escenario para el servicio.
            Todo lo expuesto hasta aquí nos permite levantar una pregunta teniendo en cuenta el ayer del texto y el hoy nuestro, ¿Por qué antes éramos tan felices con “tan poco” y ahora somos tan infelices “con tanto”? Creo aproximarme un poco a la respuesta: el nivel de percepción de satisfacción ha ido creciendo con los tiempos. La globalización ha estandarizado el proyecto de felicidad de occidente que predica, desde la profecía del mercado y la publicidad, que somos más felices entre más cosas y cachivaches tengamos. Dentro de todo este espectro globalizante encontramos: la cultura del bienestar (que engorda); el mito de la máquina que nació en la modernidad y se ha acentuado hoy con los últimos aparatos tecnológicos, este mito declara que la maquina nos ordena y sostiene la vida; la poca tolerancia que esta generación tiene al dolor y a la crítica, somos una generación de “hipersensibles”; el individualismo intimista en donde el único referente es el individuo desapareciendo así del horizonte cercano la solidaridad y el servicio.  ¿Qué hacemos? Jesús dijo: “de que le sirve al hombre ganar el mundo y perder su alma” (Mt: 16:26). Hoy, hemos ganado el mundo pero hemos perdido el alma. Hemos ganado el mundo: poder, fama, aceptación, posición. Hemos perdido el alma: trascendencia, espiritualidad, relación, afectividad, lúdica. Será importante recuperar el culto como escenario de identidad, la solidaridad y las privaciones intencionales de cosas (ligeros de equipaje, los “no”). Continuará.

[1] GALEANO, Eduardo. Úselo y tírelo: el mundo visto desde una ecología latinoamericana. Planeta-Argentina, 2004, p.13, 173.
[2] FREIRE, Paulo. Pedagogía de la indignación: cartas pedagógicas en un mundo revuelto.  Siglo XXI Editores-Buenos Aires, 2012, p. 40. 

martes, 24 de octubre de 2017

Recordar es vivir (1)

Recordar es vivir (1)
Dt 8:1-20
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero192
Deuteronomio es el libro de la recapitulación (segunda ley). Moisés ya viejo, gastado y curtido con los años, recapitula la historia, recuerda la historia a la nueva generación de israelitas que están ad portas de “poseer” la tierra prometida. La antigua generación, la que salió de Egipto, murió en el desierto y en su tumba una lápida que decía: “aquí yace la generación que pudo ser y nunca fue” (Num 26: 65). Ahora, lo que fue promesa está a punto de concretarse, lo que estaba lejos se va acercando, lo que fue sueño es realidad. No obstante, es necesario reafirmar la fe, conectar a esta generación con la historia, con su identidad, especialmente con uno de los rasgos distintivos de la experiencia del pueblo y de la teología del Deuteronomio, la elección, esta no es fruto de la conquista humana, sino por pura gracia de Dios[1]. En el capítulo 8 Moisés hace una relectura de la experiencia del desierto. No se deja guiar por la “lectura fatalista de la historia” en donde esta se dirige inexorablemente al fracaso, a la tragedia, porque así lo quiso el destino o Dios. Tampoco hay rasgos de la lectura “satanista de la historia” en donde todo lo que acontece es atribuido al diablo o a satanás. Si las cosas fueran así, entonces los seres humanos serían solamente títeres del destino o de satanás negando libertad y responsabilidad. A través de tres indicaciones temporales (presente, pasado y futuro) el viejo predicador hace la “relectura de los 40 años de desierto” y desafía a su auditorio tomar decisiones. Veámoslo.
            Primera indicación temporal: el hoy, vv. 1,11. El “hoy” más que una referencia de 24 horas es una categoría amplia que comunica presente, actualidad, contemporaneidad. El “hoy” hace que la Palabra de Dios sea vigente al igual que la respuesta o decisión del pueblo ante esa palabra (Cp. Salm 95:7). El presente, “el hoy”, es el escenario temporal en donde se toman las decisiones importantes y vitales evitando la tentación de la postergación y el aplazamiento. En el texto, “el hoy” cargado con el mandamiento a guardar aparece como amarre, como ligazón o bisagra entre el pasado (“la tierra que juré”) y el futuro (“la tierra que poseerás”). Todos estos años la palabra dada a Abraham, “la tierra que te mostraré”, ha sido el garante y el motor que los ha empujado hasta aquí (Gen 12:1-3). No obstante no debemos olvidar que la promesa tenía carácter instrumental, es decir, iba más allá de Abraham o Israel mismo, tenía la intención de “bendecir a las naciones”, sería, una nación para las demás naciones. Esta era la propuesta divina para las reparar el mundo, para componer el desorden narrado en Génesis 4-11.   
            Segunda indicación temporal: el pasado, vv. 2-6. El énfasis en esta parte del texto es la necesidad de que el pueblo “se acuerde” de su pasado como peregrino en el desierto y la forma en la que Dios, peregrino también con su pueblo, le guio. 1). Acordarse del desierto como lugar de la prueba, v.2. Midiendo el grado de entrega (Gen 22), la prueba revelaría lo mejor o lo peor del pueblo, “descubriría el corazón”. La presión constante y sostenida revelaría de que estaban hechos, revelaría sus lealtades (“si iban a guardar los mandamientos o no”), o usando el lenguaje del capítulo 6, la prueba tenía la intención de saber si amaban o no a Dios (Dt 6:4). Y es que tal vez sea fácil confesar a Dios en la claridad y la holgura del día, lo difícil será avanzar en medio de las tinieblas, cuando el camino es largo, cuando el barro aprieta, cuando las situaciones cambian (Cp. Mrc 15:33,39). 2). Acordarse del desierto como lugar de la pedagogía divina, v. 3. La prueba reorienta y enseña, viene a recordarle al pueblo lo esencial, viene a enseñarle la diferencia entre lo fundamental y lo liviano, lo light, lo pasajero y no relevante. Les ayuda a recategorizar los valores: “no solo de pan vivirá el hombre…”. La sentencia no descarta el pan, la materialidad, pero si lo relativiza considerando que existe un horizonte mayor, la Palabra de Dios. En Egipto la provisión estaba en las ollas llenas de carne puestas allí por sus victimarios, por sus verdugos; ahora, el en desierto, la provisión será dada por la Palabra de Dios (Ex 16:13; Nm 11:5). La Palabra reorienta lo material y lo pone en el lugar correcto. Recordemos que en la Biblia la comida es un asunto muy espiritual, trata de la relación con Dios y los demás (Gen 3:1-7).
            Dos tentaciones debemos evitar frente a la realidad anteriormente descrita: por un lado “la tentación materialista”, la que declara que el hombre solo vive de pan, se gasta en el aquí y el ahora, y vive para las cosas. Por otro lado, “la tentación espiritualista”, la que dice que el hombre solo vive de Palabra, solo es un espíritu que sostener negando la corporeidad y lo físico. Recordemos que este texto es citado por Jesús en la primera tentación, también como Israel, en el desierto (Mt 4:1-11).  Jesús categoriza sus valores y agenda, pone en primer lugar lo importante y en el segundo lo urgente, confía en la Palabra de Dios que sostiene y orienta. Él dice que no es hijo para merecer, meramente como privilegio especial para abusar, sino que es hijo para obedecer, como responsabilidad esencial para su  identidad. Yo creo que en el texto hay una crítica implícita a los hábitos de consumo egipcios y una observación incisiva a la provisión generosa da Dios en el desierto; la ración diaria versus las grandes ollas de comida a costa de la esclavitud y la negación de la identidad y la misión.  Continuará.


[1] GARCIA LÓPEZ, Félix. Introducción a la Biblia: el pentateuco. Verbo Divino, Estella (Navarra), 2004, p. 286