lunes, 8 de julio de 2013

¿Entiendes lo que lees?

¿Entiendes lo que lees?
 Una propuesta práctica para la lectura del libro de los Hechos
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 62
El encuentro de Felipe con el etíope es revelador y propositivo (Hech 8:26-39): revelador porque, ante la lectura del texto de Isaías referente al siervo sufriente que el etíope hace y la imposibilidad de este para saber con certeza la identidad del personaje del texto en cuestión; Felipe hace del texto una lectura “cristológica”; es decir, aplica este texto a la experiencia de Cristo. Pero el texto es también propositivo porque está diciendo, Lucas, que a Cristo se le debe entender a partir de la experiencia profunda con la historia de su pueblo Israel. Jesús es el “siervo sufriente” que asume la tragedia de Israel y las naciones para traer sanidad y restauración (Is 52:12-53:13). El resultado de esta escena es el bautismo del etíope afirmando con ello su conversión. Ahora, en narrativa las preguntas son para el lector, al lector Lucano se le desafía con la pregunta ¿Qué impide que seas bautizado? Ya se ha dado el mensaje y hay agua. Pero, el texto de los Hechos plantea desafíos para su lectura y la pregunta, ¿entiendes lo que lees?, se convierte en reto para los “Felipes” y los “etíopes” de hoy.
            Con temor a ser demasiado simple, el mensaje del libro de los Hechos lo podemos resumir así: continuación de la obra de Jesús a través de los apóstoles por el poder del Espíritu Santo. Este mensaje se va a desarrollar en el libro tomando la estructura geográfica del testimonio apostólico: Jerusalén, Judea, Samaria y, hasta lo ultimo de la tierra (1:8). La estructura geográfica no solo muestra el sentido concéntrico de la misión sino también su carácter universal; mientras los apóstoles piensan, de manera reducida, en Israel; Jesús piensa, de manera amplia, en toda la tierra.  Un asunto es bastante claro hasta aquí: la misión tiene impulso neumatológico (se hace en el poder del Espíritu), mensaje cristológico (se predica de Cristo) y propósito eclesiológico (formar iglesia). La primera parte del texto trata del testimonio en Jerusalén (1:1-8:1). La iglesia aquí tiene un tinte bastante judío, empieza a gestarse en las instituciones del pueblo en mención por la sencilla razón de que este pueblo había sido recipiente de la “bendición a las naciones”; a lo que Brueggemann[1] llamó “el escándalo de la particularidad”. No obstante, se notan algunos rasgos de discontinuidad. 1). El bautismo del Espíritu como experiencia igualadora, como cumplimiento de viejas promesas de restauración; 2). La critica que se hace a la institución del templo porque este no  sirve para solucionar un problema de nacimiento sino para promocionar el Status Quo, en contraste con esto, el nombre de Jesús trae liberación y abre horizontes para la vida y, 3). El mensaje de Esteban, un repaso de la historia del pueblo judío con sabor cristológico, termina con una aplicación (acusación) directa contra el sanedrín. Esteban termina apedreado porque tuvo el valor de “sacarle la piedra” a estas personas. Así termina esta sección, con un hombre que vivió para predicar un sermón, termina con un sepelio. Quién iba a creerlo, semejante promesa de la predicación termina muerto por su mensaje. De esta manera termina, aunque no se agota, la sección del texto de los Hechos que describe el testimonio en Jerusalén.
La muerte de Esteban hizo parte de una gran persecución de los cristianos en Jerusalén, esto produjo migraciones de los mismos a diferentes partes del imperio llevando consigo su fe en el Mesías y proclamándolo como Señor. Así inicia el testimonio en Samaria y Judea (8:2-12:23). En esta sección encontramos, por lo menos, cuatro eventos importantes; 1). La conversión del etíope ya explicada en la introducción, 2). La conversión de Saulo de Tarso: un perseguidor se hace perseguir por la fe que tanto atacó, 3). El cambio de paradigma que el Espíritu produjo en Pedro frente al hecho de Cornelio. La pureza, según este hecho, “no tiene que ver con lo étnico, lo geográfico o lo ritual, sino que es don de Dios para todos los que creen en Jesucristo”[2], 4). La muerte de Jacobo a manos de Herodes Agripa. De esta manera termina la segunda sección del libro, al igual que la primera, con un muerto; un sepelio.
La tercera parte del texto, el testimonio “hasta lo ultimo de la tierra”, inicia en el capitulo trece y va hasta el final del libro (13-28). En esta sección se resaltan los tres viajes misioneros del apóstol Pablo; dentro de esto,  hay varios eventos para resaltar; 1). La Iglesia en Antioquía como modelo de envío de misioneros, 2). El concilio de Jerusalén que sentó las bases para “una teología de la inclusión” dada la conversión de los gentiles, 3). La predicación en Filipos como entrada del evangelio a “Europa” 4). El encarcelamiento de Pablo y la predicación de este en Roma como muestra de la llegada del testimonio “hasta lo ultimo de la tierra”. Así termina la tercera sección del texto.   Quisiera concluir con una propuesta para “entender lo que leemos” en el texto de los Hechos. En primer lugar el Espíritu, como cumplimiento de viejas promesas, no viene para que se hable de él sino para empoderar a los discípulos para que se hable de Cristo; esto es impulso neumatológico, pero mensaje cristológico. En segundo lugar  notamos que la tercera sección no termina con el patrón de las anteriores: muerte; tal vez, el autor nos esté sugiriendo que, la misión en el poder del Espíritu es siempre inacabada y que, si asumimos el testimonio cristiano con todas sus implicaciones, uno de nosotros puede ser el próximo muerto. Fin... ¿Entiendes lo que lees?


[1] BRUEGGEMANN, Walter, Teología del Antiguo Testamento: un juicio a Yahvé. Sígueme-Salamanca. 2007, p 98, 443, 524.
[2] SOSA, Carlos R, Pureza e impureza en la narración de Pedro, Cornelio y el Espíritu Santo en Hechos 10; en Kairós No 41/Julio-Diciembre 2007, p 55-78.

jueves, 27 de junio de 2013

El león, el burro y el profeta

El león, el burro y el profeta
La tragedia como forma para comunicar un mensaje en 1 Rey 12:25-13:34
            convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 61
Al morir Salomón Roboam, su hijo, asume como heredero legítimo el trono de Israel, sin embargo, este último sigue con obstinación y de manera exacerbada las políticas económicas opresivas de su padre ignorando la historia y el consejo de los ancianos como “asesores políticos”. Frente a esta realidad Jeroboam, líder militar durante el reinado de Salomón, reacciona legítimamente y opta por reinar sobre diez tribus al norte: Israel, con capital en Siquem, quedando Roboam con dos tribus al sur: Judá, con capital en Jerusalén. Luego y como maniobra política Jeroboam constituye una alternativa para el culto, en Betel y Dan (Gn 28:10), paralelo al culto en Jerusalén: nombra sacerdotes, construye becerros de oro, funge como sacerdote e instituye una fiesta anual en contraste a la de los tabernáculos. Todo esto para mantener la unidad de la naciente nación del norte, consolidar la estabilidad de su reinado y evitar que las personas fueran a Jerusalén a adorar (12:25-33). Esta actitud, que presenta la introducción a lo que sucederá en el capítulo 13, hace que Dios le envíe un mensajero, un profeta anónimo con un mensaje de juicio. Comentemos brevemente el texto que presenta la siguiente estructura: una introducción (ya expresada), cuatro escenas y una conclusión.
            La primera escena (vv.1-10) muestra de manera dramática como “el hombre de Dios” interrumpe el culto cuando Jeroboam ofrecía sacrificios, e increpa al altar en Betel. Emite un juicio: un descendiente de David, Josías, sacrificará sobre altar a los sacerdotes (2 Rey 23:15,16)[1]; da una señal: el altar será destruido; y provoca una reacción: Jeroboam emite orden de captura contra el profeta pero su mano, símbolo de poder, se seca, ante esto, pide al profeta oración por él, la mano se le restaura y entonces intenta sobornarlo con una comida y presentes; el profeta se niega por advertencia divina y el altar se hace trizas mostrando que este profeta era genuino. Imaginemos un poco la reacción de las personas que asisten “al culto”. Un “hombre de Dios” ha desafiado públicamente al rey sin diplomacia y sin pedir la palabra, el rey intenta sobornarlo pero este se resiste. ¿Cuál será el comentario a las afueras? ¿Los índices de popularidad bajaran esta semana para el rey? La segunda escena no nos dice nada sobre los índices de popularidad pero si nos cuenta acerca de la impresión de las personas frente a este hecho (vv. 11-19). Los hijos de un profeta veterano llegan del culto a la casa, el anciano les pregunta por los detalles del culto y ellos le cuenta con lujos lo acontecido. Con astucia el anciano consigue una entrevista con el “hombre de Dios” y, ante la negativa de este, de aceptar una invitación a tomar otro “camino” por orden divina, el anciano profeta le miente. Hasta aquí la obediencia del “hombre de Dios” es resaltada.
            La tercera escena nos presenta un cuadro sombrío (vv. 20-25a). Aceptar la invitación a comer y a beber implica “volver por otro camino” (palabas clave en este relato) y hacer alianza con el anciano de Bethel, Dios  reprende al profeta por su desobediencia a través del anciano y le dice que en un acto de agravio, su cuerpo no será sepultado con sus padres, y en el camino, cuando viajaba en el asno; un león lo mató. Aquí aparece en escena el león, el burro y el profeta. Los animales allí como haciéndole guardia de honor. La cuarta escena presenta al anciano enterándose de la muerte del profeta, va a donde este ha muerto y encuentra que el león no se lo ha comido (vv. 25b-32). El autor introduce, con este énfasis, una nota irónica: el león contra su naturaleza no ha hecho daño al cuerpo del profeta comunicando que este animal es más obediente a la palabra de Dios que los protagonistas humanos de este relato (Cp. Is 1:3). Aquí está, en cierto sentido, el mensaje de esta parte del texto: si el hombre de Dios desobedece y se cumple su propio mensaje respecto a la desobediencia entonces su mensaje es digno de confianza; Dios ha hablado. Esta es una manera en donde la tragedia se convierte en forma para comunicar un mensaje[2]. En el NT Jesús concluye, a través de la tragedia, su sermón del monte (Mt 7:24-27). El anciano reafirma la Palabra de Dios a través de su profeta, la que principio le había dicho a Jeroboam, y pide ser sepultado junto a su tumba como privilegio incluyendo, con este acto, al profeta en su familia.
            El texto concluye diciendo que a pesar de todo esto, Jeroboam no se apartó de su “mal camino” sino que siguió con su cometido (vv.32-34). No se convirtió[3]. A causa de esto su familia fue exterminada. Esta es la leyenda en su lápida. Y su ejemplo se convierte en caracterización de otros reyes de Israel que le sucederán (Cp. 1 Rey 15:26, 34; 16:26). La razón por la que este texto está ubicado aquí tal vez sea la intención de mostrar a un Dios interesado por el bien de la nación del norte. Por otro lado, “mediante el castigo del profeta de Judá aprendemos que la Palabra no es solo una censura dirigida al otro, sino, sobre todo, una exigencia de autocrítica y coherencia. Ante el lector, es chocante ver a un profeta que exige al rey unidad al culto de Jerusalén, y luego la propia profecía no se aclare entre sí”[4]. Fin.


[1] Sucede 300 años después. El autor, quien escribe durante los primeros años del exilio, interpreta este hecho con la reforma de Josías.
[2] La “tragedia” es técnicamente una forma literaria de origen griego, pero aquí se usa en su sentido común: suceso fatal o desgracia.
[3] “Dios se empeña en no dejar las cosas como están”. BRUEGGEMANN, Walter. La Biblia fuente de sentido. Claret- Barcelona, 2007, p 76.
[4] ZAMORA GARCIA, Pedro, Reyes I: la fuerza de la narración. Verbo Divino- Estella (Navarra), 2011, p 276.

sábado, 15 de junio de 2013

Salvos ¿De qué y para qué?

Salvos ¿De qué y para qué?
 Efesios 2:1-10
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 60
La mayoría de los cristianos responden positivamente y de manera entusiasta  a la pregunta ¿Ustedes han sido salvos?, pero la dificultad llega cuando preguntamos ¿De qué y para qué lo han sido? La emoción es cambiada por la reflexión. Y es que, esta reflexión se hace necesaria si queremos entender y vivir a profundidad la experiencia cristiana. El texto de Efesios 2:1-10 (y 11-20) pretende ser una ampliación de lo que ya el apóstol dijo en el Efesios 1:7 respecto a la redención, liberación o salvación.  Ahora, para que se dé un proceso de salvación deben existir las siguientes condiciones:1). Una situación de peligro, 2). Un liberador o salvador, 3). Una forma de vida “pos liberación”.  Tomando como referencia estas condiciones analizaremos un poco el texto objeto de esta reflexión[1].
            En primer lugar el texto describe una situación de peligro: muerte a causa de los delitos y pecados (vv.1-3). El apóstol usa el “vosotros” para referirse a los gentiles y el “nosotros” para hacer referencia directa a los judíos, incluyéndose. La situación de peligro no hace acepción de personas, frente a ella no hay excluidos, todos han sido “impregnados” por el veneno de la muerte a causa del pecado; y como resultado de ello se rendía culto a otro (al príncipe de la potestad del aire) y se estaba expuesto a la ira divina[2]. Ahora, generalmente este texto ha sido leído diciendo que lo que se describe allí es la “muerte espiritual”, sin embargo, aunque esta frase ilustra la situación del hombre frente a Dios, no hace juicio exacto a lo que el texto quiere expresar ya que la categoría “muerte espiritual” es ajena al texto del NT. Sugiero que Pablo nutre lo que está expresando del AT. En Génesis la muerte entra cuando el hombre peca. La muerte impregnando el sello de la temporalidad, recuerda que el hombre es un ser dañado, malogrado y herido por el pecado. Este es el primer exilio: ser sacados del ámbito territorial del Edén. Por otro lado, en Ezequiel (37) y Oseas (13:14) la muerte es metáfora de la condición del pueblo en el exilio Babilónico por la desobediencia, y la resurrección es el anuncio que la situación de exilio no es clausura para Dios. Tal vez el apóstol recoja esta última imagen: el hombre es un exiliado, muerto, por sus pecados y Dios lo ha traído de nuevo a casa; “¡Él nos dio vida!, ¡El exilio acabó!”.
            En segundo lugar el texto nos presenta al liberador: Dios mismo (vv. 4-9). El proceso de liberación o salvación es descrito con el lenguaje del éxodo y del exilio de Israel: amor, misericordia, muerte. La base de la salvación, se describe, es el amor de Dios y otra vez se menciona la condición del salvado: la muerte. El contraste entre estos versos y los anteriores es bien marcado: ira de Dios, amor de Dios; estaban muertos, han sido resucitados. El “pero” marca el cambio de situación: de desgracia a la gracia, de la muerte a la vida. La salvación así, no es por meritocracia sino por gracia. La vida presente de los cristianos es ya, metafóricamente, una vida de resurrección[3]. La obra de Dios al salvar se convierte en su mayor argumento para todas las generaciones, él quiere ser conocido como un Dios salvador. Su gracia, no su ira, es su última y más esperanzadora palabra.
            Y en tercer lugar el texto presenta la forma de vida pos liberación: salvados para buenas obras (v. 10). El fin de la salvación (liberación) es el servicio (Cp. Ex 3:12). El texto es claro al afirmar varios detalles: 1). La salvación no es por obras sino para obras; 2). Este nuevo estado de liberación se lee como una creación aludiendo al relato del Génesis. De esta manera la salvación es creación, y 3). Esta nueva vida, fue la vida que Dios ideo para los salvados. Vivir así en esta nueva vida es vivir según Dios quiere que se viva (4-6). De este modo, la libertad no se convierte en libertinaje sino en condición necesaria para la adoración. Así, “contra el sombrío trasfondo de nuestro mundo hoy, Efesios 2:1-10, resalta con una pertinencia urgente. Pablo primero desciende a las profundidades del pesimismo acerca del hombre, y luego se eleva a las alturas del optimismo acerca de Dios. Esta combinación de pesimismo y optimismo, desesperación y fe, constituye el refrescante realismo de la Biblia. Porque lo que Pablo hace en este pasaje es pintar un vivido contraste entre lo que somos por naturaleza y lo que podemos llegar a ser por gracia”[4].
            Concluyamos entonces que se es salvo por Dios del pecado que nos exponía a su ira para que ahora podamos vivir un nuevo proyecto de vida en Cristo (Cp. Rom 1:18; 5:9; 1 Tes 1:10); una nueva humanidad. Salvación tiene que ver con ser llamado por la gracia de Dios a formar parte del plan que él como creador tiene al restaurar en Cristo todas las cosas; ser salvado es ser partícipe de un plan de reordenamiento divino. No es una reubicación espacial: “irse de esta tierra al cielo”, sino un encuentro existencial: “ser hallado por Dios para ser objeto de su gracia”. Fin.


[1] Este texto, 2:1-10, forma un díptico con el siguiente, 2:11-23, así: A. Situación anterior, vv. 1-3; 11-12.  B. Obra divina de salvación, vv. 4-7; 13-18. C. Modalidades y efectos, vv. 8-10; 19-22.
[2] La ira de Dios se da como resultado de su justicia y santidad. Dios no es como una divinidad iracunda, idea muy generalizada en conceptos paganos. Romanos 1:18-32 nos dice que la ira de Dios básicamente tiene que ver con la idea de que Dios permite que los seres humanos sufran las consecuencias de sus propias maldades. Dios se declara en desacuerdo con lo que se está haciendo y abre la posibilidad para el arrepentimiento. La ira es un concepto legal, se entiende mejor cuando en la frase “le cayó el peso de la ley”, entendiendo “peso” como los resultados de vivir al margen de la ley.
[3] En lugares celestiales (Cp. 1:3,20; 2:6; 3:10; 6:12). WRIGHT, N.T, La resurrección del hijo de Dios. Estella (Navarra) - Verbo Divino, 2009, p 306.
[4] STOTT, John, El mensaje de Efesios. Certeza- Argentina, 2006, p 63.

sábado, 1 de junio de 2013

¡Habemus rey!

¡Habemus rey!
La transición de los jueces a la monarquía en Israel
1 Sam 8-12
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 59
Una palabra clave en el primer libro de Samuel es “transición”; esta, marca la lectura del texto de principio a fin: hay transición entre personajes: de Eli a Samuel, de Samuel a Saúl, de Saúl a David; y también existe una transición en la forma de gobierno: de los jueces a la monarquía. El texto entonces nos introduce a una atmosfera de cambios, de altibajos políticos y religiosos, pero sobre todo nos plantea el hecho de la providencia divina guiando los hilos de la historia a pesar de los atenuantes y fallos humanos. La transición de los jueces a la monarquía, que inicia en el capítulo ocho, se plantea como problema solución: Samuel al envejecer pone a sus hijos como jueces pero estos eran corruptos convirtiéndose en una anti-copia de su padre. Se critica de estos tres actos morales: ganancias deshonestas, soborno y perversión del derecho (Cp. Ex 18:21; 23:8; Dt 16:19; Prov 17:25)[1]. Ante esta realidad (problema) los ancianos plantean una solución: “danos un rey” (v. 5). La propuesta incomoda al viejo Samuel, este consulta a Dios y Dios le dice que le dé al pueblo lo que pide, aunque esta petición sea un abierto rechazo al gobierno divino (v. 7). Al pueblo se le advierte sobre los males de la monarquía, pero ya no hay vuelta atrás (vv. 10-18). La tensión se acaba, Samuel ha escuchado al pueblo y ahora cada uno regresa a su ciudad. La pregunta en el aire ¿Quién será el rey? Esta pregunta tendrá respuesta en los capítulos siguientes.
            En  los capítulos 9-11 se va a narrar con lujos y detalles la consecución de un rey para Israel; la instauración de la monarquía en esta nación. La frase con la que se inicia este proceso: “había un hombre…” (9:1), remite al lector al inicio del libro y lo hace pensar que está frente a un nuevo comienzo (1:1). Los detalles que siguen no son triviales, quieren darle al relato un tono profundamente humano y cotidiano. Saúl, el hijo de Quis, sale a buscar unas burras y se encuentra con la corona. Hay dos detalles importantes en esta parte de la narración: la unción y las señales que se cumplen (10:1-13). El cumplimiento de estas últimas  muestran que el acto de ungimiento no fue arbitrario. El capítulo 11 tiene la intencionalidad de contestar una pregunta del capítulo 10 (10:27 Cp 11:13). Respondiendo de esta manera a la oposición y a las personas que miraban a Saúl con desdén. Notemos las veces que se repite la palabra “salvación” mostrando la “idoneidad” de Saúl frente a un pueblo ávido de liberación (9:16; 10:27; 11:13). Hasta ahora la situación parece bien. El Deuteronomio era claro en afirmar que el rey no debía tener inclinaciones de “derecha”  ni de “izquierda” sino que debía mantenerse en el centro: configurar su vida de acuerdo a la ley de Dios. De acuerdo a esto último se valorará la bondad o no del reinado de Saúl y sus predecesores (Dt 17:14-20).
                El capítulo 12 pertenece a un género literario que en la Biblia es común y se le conoce como “discursos de despedida” (Cp. Gen 49:1-28; Dt 31-34; Jos 24). “Tales discursos son pronunciados por una persona consciente de su próxima muerte”[2]. Puesto entre los capítulos 11 y 13 el texto tiene como finalidad, no aguar la fiesta, pero si ponerlos a reflexionar con los pies en la tierra. Saúl es proclamado rey en Gilgal ante todo el pueblo; Samuel toma la palabra y lo primero que les dice es: “les he constituido un rey” o parafraseando la tradición católico romana para anunciar a un nuevo papa: “habemus rey” (vv.1-2a). En segundo lugar Samuel presenta, ya anciano, sus credenciales ante el pueblo (vv.2b-5). El líder saliente afirma que no ha usado su posición de poder para tomar los bienes de otro; que no ha engañado a nadie con profecías pagadas ni milagros para ricos; y que no ha aceptado sobornos para juzgar a favor ni en contra de nadie. No hizo negocios sucios, no actuó con hipocresía, ni se aprovechó de nadie. Es curioso ver que la mayoría de las cosas que menciona Samuel tienen que ver con economía y con dinero. En tercer lugar Samuel les recuerda la historia en clave de rebeldía, oración y respuesta divina. “Dios siempre ha estado con nosotros a pesar de nosotros” (vv. 6-13).
            Y en cuarto lugar Samuel de manera vívida les dice que la “clave” no está en la forma de gobierno sino en el temor a Dios (vv.14-25). Si ellos no persisten en el temor a Dios perecerán con rey y todo. La historia posterior muestra que fue así (2 Rey 25). En esencia Samuel les dice tres cosas[3]: 1) que aunque hayan cometido este desatino (elegir un rey de la forma en la que lo hicieron), todavía pueden seguir sirviendo a Dios; 2) que Dios, por causa de su nombre, no desamparará a su pueblo; y 3) que él (Samuel) los seguirá acompañando en consejo y oración (Cp.1 Sam 25). Para terminar, Saúl y sus predecesores fueron reyes temporales, en Cristo, Dios se pronunció de manera definitiva anunciando… "¡Habemus rey!", por esto oramos "¡Que venga tu reino sobre nosotros Señor!" (Ef 1:20-23; Heb 1:1-3).


[1] Parece haber una crítica aquí hacia el nepotismo: la preferencia que tienen funcionarios públicos para dar empleos a familiares o amigos, sin importar el mérito para ocupar el cargo, sino su lealtad o alianza. La palabra nepotismo viene del latín “nepos”, que quiere decir "sobrino".
[2] “Habiendo reunido a sus hijos o sus allegados, les ofrece el núcleo de su enseñanza y les exhorta a vivir en conformidad con lo que les trasmite… a modo de testamento, expresan el ideal por el cual la persona ha dado su vida”.  ESCAFFRE, Bernadette, Cuadernos Bíblicos 146: el evangelio de Jesucristo según San Juan. Verbo Divino- Estella (Navarra), 2010, p 11.

lunes, 20 de mayo de 2013

El valor de predicar: consejos para un amigo predicador. Parte IX


El valor de predicar: consejos para un amigo predicador. Parte IX
El humor (I).
            convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 58
Apreciado Samuel, me siento muy feliz al mirar hacia atrás y ver el camino que juntos hemos recorrido hasta aquí. Parece una broma el hecho de que ayer eras un joven entusiasmado con el tema de la predicación, pero sin mucha información y formación al respecto y hoy, ya todo un predicador. Obviamente siempre serás un producto en proceso. Y hablando de broma, el tema que nos atañe hoy es el uso del humor en la predicación. El humor en la Biblia y en la predicación es un asunto serio, mi estimado amigo. Y, contrario a lo que muchos puedan pensar, el humor no tiene que ver necesariamente solo con risa, vulgaridad o tomadura de pelo; por ello el humor ha sido definido como: "el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas[1]". En nuestra tarea como predicadores se nos hace necesario reconocer el uso intencional del humor como instrumento retórico para comunicar un mensaje y persuadir al lector o al auditorio a creer y a hacer algo[2].
            Acosta[3] afirma que el humor cumple una función social que va mucho más allá del entretenimiento, por lo tanto no se limita simplemente a los chistes o tonterías. En primer lugar, el humor tiene la función de producir placer: se escucha un chiste, por ejemplo, para reírse un rato. En segundo lugar, el humor tiene la función de mitigar el dolor: muestra que la gente puede reír a pesar de la tragedia, el desconcierto o el caos. En tercer lugar, el humor tiene también la función de subvertir el status quo: ayuda a crear en la sociedad o iglesia la conciencia de que algo anda mal y se debe cambiar. Ya estás dándote cuenta, Samuel, de que este asunto del humor es muy serio; por lo tanto, explotarlo de manera sensata en tu estudio de la Biblia y en tu ejercicio de la predicación enriquecerá tu vida y ministerio. Es más, te apercibirás del hecho de que a Dios, el autor del texto sagrado, le encanta el humor. Ahora, antes de ver algunos ejemplos,es necesario tener en cuenta que las fuentes del humor en tu tarea son básicamente dos: la Escritura misma y la cultura.
            En la Biblia hay mucho humor. Sus autores nos introducen en el mundo del humor haciendo ironía, burla, crítica, sátiras; para mostrar las torpezas de algunos personajes y también para atraparnos en un callejón sin salida con preguntas sobre nosotros, Dios o nuestros contextos e intenciones. De esta manera se comunica el mensaje de Dios. Esta es la primera fuente: la Escritura. Veamos algunos ejemplos: el libro de Jonás es un texto donde el humor está al servicio de la teología. En la primera escena encontramos la comisión (1:1,2). Se nos dice que el mensaje de Jonás no es propio sino de Dios. Se nos informa que su auditorio es Nínive, capital de Asiría, el imperio del momento, enemigo y opresor de Israel (Cp. Nah 1:1,2). Y se nos dice que la razón de la misión del profeta:  es la maldad de Nínive. De entrada, este texto plantea incomodidades: el profeta, si acepta el desafío, tendrá que enfrentarse a un auditorio que no es de su agrado; esto parece una broma pesada. Dios le está diciendo al profeta vaya y les predique a sus enemigos. La segunda escena nos plantea la reacción del profeta (1:3): se levanta para huir de su misión en dirección contraria: a Tarsis. La segunda nota irónica aparece en el hecho de que Jonás parece tener un concepto teológico equivoco en cuanto a la presencia de Dios; cree que un dios tribal del cual se puede huir. Jonás no ha leído los salmo 139 y 24; no sabe que el Dios de Israel no está sujeto a un sitio geográfico específico; su concepto de Dios es pagano.
            La tercera escena nos presenta una confrontación de Dios al profeta a través de una tormenta (1:4-17). Esta situación genera preguntas entre los tripulantes y la culpa cae sobre el durmiente Jonás. Pero, aquí aparece otra nota humorística, cuando Jonás se presenta y declara su fe, pasa lo que él no quería que pasara: la gente se convierte. Así, mientras el “justo” duerme, los “paganos” oran y se convierten. ¡Qué ironía! Una última escena nos presenta la razón por la cual Jonás no quería predicar en Nínive: por el carácter perdonador de Dios (4:2). A esto se le ha llamado "el síndrome de Jonás", pues cuesta resistir a un Dios misericordioso que perdona al que menos pensamos. Mi querido Samuel, el lector de Jonás termina riéndose con todas las tonterías del profeta, pero también  al final del libro queda atrapado con la pregunta y usted ¿De qué se ríe? Si nos reímos de Jonás y sus tonterías el texto también muestra finalmente que también nosotros, a veces, tomamos posturas ridículas frente a Dios y a los demás.
           Otro ejemplo de humor fino en el ámbito de lo político se presenta en la fábula de Jotam (Jue 9:7-21). Jotam, el hijo menor de Gedeón, cuenta agrandes voces la fábula como una crítica a aquellos que ambicionan el poder y lo hace frente a la propuesta de Abimelec. Los árboles se propusieron elegir rey-dice Jotam-le hicieron la propuesta a el olivo, a la higuera y a la vid y ellos se negaron. Pero la zarza aceptó la propuesta. Aquí está la ironía: “¡solo los inútiles ambicionan el poder, y quien pretende gobernarnos es el más inepto!” El texto no solo plantea una nota humorística sino que hace una crítica antimonárquica. ¿Puedes notar el humor, Samuel? ¡Y en la Biblia! ¡Quién iba a creerlo! Continuará.


[1] Diccionario de la lengua española (vigésima segunda edición), Real Academia Española, 2001.
[2] ACOSTA, Milton. El humor en el Antiguo Testamento, Puma-Lima, 2009, p 14.
[3] Ibid, p 33-37.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Música maestro


Música maestro.
 Salmo 150
convozalta.blogspot.com/Jovanni Caballero 57
El salmo 150 hace parte de los “salmos aleluya” (146-150). El término “aleluya” (halell-yah) es una exclamación típica del culto y se traduce como “¡alabad al señor!”[1]. Los salmos, que eran una especie de himnario para Israel, empiezan con un desafío: configurar la vida a partir de la ley, la Torá (Salm 1:1-6); y terminan con otro reto: responder con alabanza al creador (Salm 150). El lector entonces debe, a la luz de los esos desafíos, tomar una decisión. En primer lugar el salmo presenta el llamado: aleluya (v.1a), es una convocación en plural; ¡alaben al Señor!, así, aleluya, no es una muletilla de predicador popular sino un desafío a comprometerse en alabanza. En segundo lugar el texto propone el lugar o espacio donde se debe llevar a cabo la alabanza (v.1b): en el templo, lugar de la presencia y, fuera de él; en el firmamento, así la alabanza no está sujeta a un lugar, es totalizante, globalizante; además los espacios no son de quienes alaban sino del Señor a quien se alaba: “su templo, su firmamento”. Pero la divinidad, Dios, tampoco está sujeta a un lugar geográfico específico.
            En tercer lugar el texto da la razón de la alabanza (v.2): es divina no humana, es teológica no antropológica, se trata de a quien se alaba no de quienes alaban. Se trata de Dios y de su obra. La alabanza, entonces, no es un llamado caprichoso de una divinidad distante que se goza en que sus pobres criaturas le rindan pleitesía, la alabanza es la respuesta lógica, obvia de la criatura que reconoce que el creador se ha manifestado en su historia y en sus realidades. La alabanza no genera el actuar de Dios, el obrar de Dios genera actos de alabanza (Salm 136). La razón de la alabanza y su tema debe ser “sus proezas”; y quién es Dios: “su inmensa grandeza”. Obras concretas e identidad. En cuarto lugar el salmo dice con qué y cómo debe ser la alabanza (vv. 3-5): con instrumentos musicales y una actitud corporal; danza o baile. La alabanza exige que la música y sus instrumentos estén al servicio de Dios. De esta manera, instrumentos y cuerpo comunican una actitud festiva. Y, en quinto lugar el texto dice quienes deben alabar (v. 6): “todo lo que respire”, la creación entera es convocada para que alabe al creador (Cp. Gen 2:1-3). El texto cierra como empezó, cierre que se convierte en obertura: ¡aleluya!
            Implicaciones. En primer lugar quisiera abordar varios mitos que, respecto al tema, hay en muchas de nuestras iglesias y ministerios de alabanza. El primero es ese que dice que a Dios solo se le alaba con un ritmo musical característico; así nosotros alabamos con sabor mexicano o norteamericano y desdeñamos lo demás, especialmente lo autóctono. El desafío para la pastoral y los ministerios de alabanza es valorar lo extranjero sin rayar en el esnobismo e introducir en nuestras celebraciones ritmos autóctonos. Así el porro, la guabina, el bulle rengue y el vallenato junto a sus instrumentos; el acordeón, el trombón, el clarinete y el requinto; estarán a merced de la alabanza al creador.  El segundo mito es ese que ha dicho que la música es neutral. Sin embargo, la música es lenguaje con categorías propias y como tal tiene la capacidad de comunicar. Cuando “Aterciopelados”, grupo de rock en Colombia, sale en sus conciertos con una serpiente en tarima, está diciendo que tiene una agenda que se refleja en sus letras; quiere comunicar y persuadir. Trata de crear una forma de pensar y que la gente tome partido respecto a algo o a alguien (no se está juzgando aquí la moralidad). Al igual que el literato, el músico tiene una agenda, tiene algo para comunicar, de esta manera; la música no es neutral. Esta valoración intenta ir mucho más allá de la disyuntiva entre “música cristiana y secular”.
            El tercer mito es aquel que dice que el diablo intenta seducir a la iglesia especialmente en el ámbito de lo musical porque en el cielo, antes de su caída, él era una especie de músico cósmico e intergaláctico, era el director  de un ministerio de alabanza celestial. Pero la verdad es que no hay ninguna referencia Bíblica  para afirmar eso. Lo que si es cierto es que el diablo quiere la adoración total del ser humano hacia él y para ello ha usado la música, las relaciones humanas, la sexualidad, la economía y la política (Cp. Mt 4:1-11). Ahora, en segundo lugar; hemos sugerido que el salmo 1 es una introducción formal e intencional al salterio. Afirma, de una manera decisiva, que la vida bajo la Torá es la condición previa de todos estos salmos[2]. En relación a eso, el salmo 150 expresa el resultado de semejante vida bajo la Torá. El cumplimiento de la Torá conduce a la obediencia, no obstante, la obediencia no es la meta del cumplimiento de la Torá. Finalmente, tal vida llega a la alabanza sin límites. Obedeciendo Israel (y el mundo) a la Torá, se hace libre para alabar, que es su vocación, destino y propósito propios. A esta luz la expectativa del AT no es finalmente la obediencia sino la adoración. El salterio pretende conducir y nutrir al pueblo para una libertad que encuentre su vida propia en la comunión feliz que no conoce límites de convención o propiedad. Esa es la esperanza para Israel y para toda la creación. Entonces… ¡música maestro! Fin. 


[1] PRÉVOST, Jean-Pierre, Diccionario de los salmos. Verbo Divino-Estella (navarra), 1991, p 8.
[2] BRUEGGEMANN, Walter, El mensaje de los Salmos. Universidad Iberoamericana,  México, 1998, p 249. 

sábado, 6 de abril de 2013

¿Por qué Señor? Enfrentando la vida en tiempos de crisis. Parte I


¿Por qué Señor?
Enfrentando la vida en tiempos de crisis. Parte I
Salm 73
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Todo cristiano y en términos generales todo ser humano tiene que enfrentarse a diario con la injustica, la maldad, la corrupción, la muerte temprana o en circunstancias extrañas de gente buena, experimentar el dolor propio o extraño. En pocas palabras se enfrenta al problema del mal y la maldad humanos. Frente a esto al cristiano le asaltan preguntas tales como ¿Dónde está la justicia? ¿Por qué a los buenos les va mal y a los malos les va bien? ¿Por qué Dios no hace nada para cambiar las circunstancias? ¿Se puede seguir confiando en Dios a pesar de su aparente descuido o falta de interés? Este problema se ha planteado desde la filosofía con el clásico dilema de Epicuro así: “o Dios quiere quitar el mal del mundo, pero no puede. O puede, pero no quiere quitarlo. O no puede ni quiere. O puede y quiere. Si quiere y no puede, es impotente. Si puede y no quiere, no nos ama. Si  no quiere ni puede, no es el Dios bueno y, además, es impotente. Si quiere y puede, y esto es lo único que lo cuadra como Dios, ¿de dónde viene entonces el mal real y por qué no lo elimina?”[1]. El salmista Asaf vive en carne propia el dolor, la injusticia humana y la aparente “apatía” divina. De cómo enfrenta estas dificultades desde su experiencia de fe, es de lo que hablaré a continuación.
                Walter Brueggemann ha dicho que algunos salmos deben leerse bajo el siguiente modelo: orientación, desorientación y reorientación[2]. Esa forma se ve reflejada en la experiencia del poeta en el salmo 73. El salmista empieza “orientado” y muestra de ello es la afirmación: “verdaderamente Dios es bueno para con Israel…” (vv.1, 2). Esta tesis es producto de una reflexión profunda en cuanto a Dios y el mal. Es una afirmación que se fragua (se forma) en el fragor de la batalla, no en un escritorio con mesa de cristal.  La bondad de Dios no tiene sombra de duda. El no abandona a sus hijos, aun cuando caen; él les levanta. Sin embargo esta afirmación no fue el punto de partida sino su llegada. La “desorientación” del salmista se da a continuación a través de dos miradas[3]. Veamos entonces el camino que nos invita a transitar y a recorrer el salmista en su crisis. La primera mirada, enfatizada en la tercera persona del plural (ellos), es una mirada de angustia y de preocupación (vv. 3-12). A ellos, dice el poeta, nada les pasa, su estilo de vida no agrada a Dios para nada y les va bien: no hay dolores en su muerte, no tienen problemas como los demás hombres, su orgullo y violencia son recompensadas con riquezas, viven vidas en abundancia, su habla refleja orgullo y arrogancia.
            La segunda mirada, enfatizada en la primera persona del singular (Yo), es de depresión y de derrota. Ante el desafío anterior, el salmista es una víctima. La envidia que sintió llega a su clímax cuando concluye: “en vano he guardado mi corazón” (vv.13, 14).  No vale la pena ser honesto, ser santo, ser integro. De qué vale servir a Dios y ser justo, ser honrado si eso no funciona. Entonces es cuando dice que esto no es justo y piensa en unirse a aquellos que, a pesar de no estar al lado de Dios, les va bien. Sin embargo, antes de tomar tan arriesgada decisión, piensa en las consecuencias de eso a su generación. Sería una traición, afirma. Opta por seguir meditando toda esta situación. Aquí empieza la “reorientación”, a través de dos miradas más. La tercera mirada, basado en la segunda persona del singular (tú), es reveladora (17-20). Esta “reorientación” empieza en el templo, yendo al culto y en el marco de la comunidad que celebra la fe en Dios. Es cuestión de perspectiva, de forma de ver, se pone los lentes divinos y ahora, la cuestión es bastante clara. El poeta contempla ahora el juicio divino, como si nos dijera “Dios no callará para siempre”. El final de los impíos es catastrófico como resultado de sus estilos de vida. En ultimas, “Vivir de espaldas Dios y trasgrediendo sus leyes es ponerse en deslizaderos…”[4].
El salmista mira hacia atrás y confiesa tres estados del alma: amargura, torpeza y bestialidad (v. 23). Se puede notar que la respuesta del salmista se ha llevado a cabo por la vía de la deducción. Las circunstancias no han cambiado, los malos siguen allí, la maldad es evidente aún; pero él ha cambiado su perspectiva. Y es que la calidad de las respuestas que se reciben, depende de dónde se busquen esas respuestas. La cuarta mirada, fundada en la primera y segunda persona del singular (yo y tú). Es una mirada alegre y segura (vv. 21-28). Dios es toda su seguridad. El salmista va de la angustia y la preocupación a la seguridad en Dios. Va de la orientación, pasa por la desorientación y llega a una reorientación. Ha llegado a una nueva orientación, a la decisión de mantener una lectura alterna de la realidad. Continuará.


[1] ROPERO BERZOSA, Alfonso, Filosofía y cristianismo: pensamiento integral e integrador. Clie-Barcelona, 1997, p 192.
[2] BRUEGGEMANN, Walter, El mensaje de los Salmos. Universidad Iberoamericana,  México, 1998, p 31.
[3] Estructura tomada y adaptada de, ALONSO SCHOKEL, Luis, CARNITI, Cecilia. SALMOS II. Verbo Divino-Estella (navarra), 1993, p 972.
[4] MARTINEZ, José M, Salmos escogidos: introducción al salterio y antología. Clie- Terrasa (Barcelona), 1992, p 194.